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El genocidio nasa

Santiago Villa

19 de mayo de 2021 - 10:00 p. m.

El Acuerdo de Paz generó esperanza. Había un potencial de tranquilidad por la salida de las Farc de los resguardos, porque los nasa no seguirían atrapados entre el fuego cruzado de la guerrilla y el ejército. Sin embargo, se terminaron cumpliendo los peores temores. El vacío de poder que dejaron las Farc fue rápidamente copado por grupos emergentes y paramilitares, y los indígenas no quedaron ya en el fuego cruzado de dos grupos identificables que, si bien eran hostiles hacia la comunidad, mal que bien dialogaban con ellos y llegaban a acuerdos. En cambio, quedaron bajo la violencia de fuerzas aún más oscuras, que competían por los corredores de la cocaína.

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La etapa de negociaciones con la guerrilla fue uno de los momentos más tranquilos en la historia reciente. La principal herramienta para que esta paz se mantuviera era implementar el Acuerdo de Paz y hacer presencia estatal en los territorios, trabajando en conjunto con el CRIC. Esa estrategia se vino abajo con el gobierno de Iván Duque.

Las cosas hay que llamarlas por su nombre: el pueblo nasa es víctima de un genocidio. Desde la firma del Acuerdo de Paz han asesinado a casi 80 indígenas y los atentados contra su dirigencia son constantes. La intención de quebrar la columna dorsal del liderazgo nasa (un acto que cataloga como genocidio) no podría ser más clara.

Urge que la comunidad internacional reconozca estas intenciones y declare a los nasa como víctimas de este delito de lesa humanidad, porque la ultraderecha que nos gobierna es hostil a las comunidades indígenas en general y en especial al pueblo nasa.

Una vez se reconozca la dimensión del problema, es claro por qué un puñado de teléfonos celulares, chalecos antibalas y guardaespaldas son una respuesta que se queda abismalmente corta con respecto a la amenaza contra los indígenas del Cauca. Se necesita una acción concertada de todas las instituciones nacionales que pueden protegerlos (Fiscalía, Defensoría del Pueblo, Ministerio del Interior, Ministerio de Defensa, Unidad Nacional de Protección, etc.). El plan integral debe tener la expresa intención de ponerle fin al genocidio nasa.

La minga tiene, entonces, toda la razón cuando se planta en las principales ciudades de Colombia para exigir protección. Todos los colombianos tenemos, además, la responsabilidad moral de apoyarlos. Quienes voltean la mirada ante un genocidio o, peor aún, quienes critican a las víctimas de un genocidio porque exigen que se detenga la matanza se hacen cómplices de la barbarie. La respuesta no es pedirles que se devuelvan a sus resguardos. La respuesta es poner al servicio de los ciudadanos nasa todo el peso del Estado y los recursos que sean necesarios para detener (hay que repetir esta palabra hasta que cale) el genocidio en su contra.

Twitter: @santiagovillach

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