Publicidad

El ojo del huracán

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Santiago Villa
13 de mayo de 2021 - 03:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Tengo mucha aprensión, dije en mi columna anterior. A pesar de sus éxitos, no puedo decir que el mejor momento para hacer estas protestas fuera ahora.

Semejante despliegue en el peor pico de la pandemia es jugar con un fuego que se puede propagar muy rápido, y solo espero equivocarme en lo que preveo serán las consecuencias para los indicadores de contagios y muertes.

Sin embargo, ya la suerte está echada y la gente en las calles. Es mezquino no respaldar lo que ha costado la sangre de inocentes. El de los manifestantes es un sacrificio valiente y heroico frente a la violencia de las fuerzas de seguridad del Estado y sus violaciones a los derechos humanos. Eso dije la semana pasada y me sostengo en mi respaldo a los principios que mueven las protestas, pero tampoco veo una salida clara en medio de este escalonamiento.

No la veo porque esta situación ya se dio en Colombia y fue el preámbulo a tres décadas de guerra.

La Marcha Campesina de 1985 es el evento más parecido a lo que vivimos durante este mes. Durante la marcha, los campesinos bloquearon vías hacia las ciudades exigiendo paz, créditos agrarios, salud, educación y vías de comunicación. Las protestas luego desataron una persecución estatal y paramilitar que infló las filas de las Farc y otros grupos guerrilleros. Ricardo Palmera, o Simón Trinidad, fue uno de los que terminaron en el monte porque marchar ya era demasiado peligroso.

Creo que estamos doblando definitivamente la esquina del posconflicto y nos encaminamos hacia unas nuevas décadas de guerra abierta. En la medida que la respuesta del Estado colombiano sea la misma que en las demás negociaciones con grupos insurgentes, en las que se conceden las exigencias más rápidas de cumplir desde la institucionalidad (curules, reformas constitucionales, incluso la Constitución de 1991), pero se mantenga casi intacta la estructura de poder agrario que lleva a la pauperización del campo, no habrá paz en el territorio.

Ahora, esta protesta va más allá de lo que he mencionado. Es una protesta de los jóvenes urbanos. Una juventud que se da cuenta de para dónde va este proceso y no quiere caer en la espiral de la guerra. Juventud desempleada que quiere oportunidades en una economía que está en crisis por la pandemia y ha colapsado por el fin de la bonanza de las materias primas y los efectos de perder a Venezuela como mercado.

Las ciudades no están plenamente a salvo durante este proceso, como lo vivió de primera mano Cali. Allá, los paramilitares y la policía ya operan de nuevo en abierto concierto, como hace 20 años.

Necesitamos un Gobierno que dé un timonazo y centre los esfuerzos del Estado en revertir las tendencias que nos llevaron a la guerra total de las décadas de 1990 y 2000. Tenemos un partido de gobierno cuya popularidad depende de mantenernos estancados en esa época, y una herramienta —el Acuerdo de Paz— en pie para guiar parte del camino hacia una Colombia menos violenta. Si bien el lugar donde estamos se debe a motivos más estructurales que el presidente de turno, la elección que se hizo hace tres años de dar al traste con el Acuerdo de Paz es uno de los principales motivos para el actual estallido.

En el corto plazo, un control político del paro que lleve a una mesa de negociación es la única salida que percibo en la que el mismo comité salga fortalecido. La actual posición de fuerza es muy frágil. Lo que en un instante parece una victoria para los promotores, de un momento a otro se volverá un fracaso por el desgaste de mantener la sociedad parada. El aire de apoyo que logran por la indignación que despiertan los abusos policiales y por las coincidencias entre los promotores del paro y el grueso de la sociedad se esfumará en el hastío de una mayoría que no quiere permanecer paralizada y enfrentar las consecuencias de un pico de COVID-19 indefinido. Es un difícil juego de equilibrio en el que apostar por la fuerza que dan las multitudes en las calles más pronto que tarde se vuelve un autosabotaje.

Twitter: @santiagovillach

Conoce más

 

PEDRO(85266)13 de mayo de 2021 - 04:00 p. m.
cali con su famoso y macabro conjunto residencial ciudad bacrim, muestra el descontento de toda una nacion, y como es reprimida a manos de traquetos, mafiosos, caballistas, policia y ejercito que salen amparados en el auto denominado centro democratico a dar bala a cuanto indigena vean.
  • usucapion1000(15667)13 de mayo de 2021 - 07:41 p. m.
    Ya le dieron pa´l almuerzo Herley, por venir a ensuciar este foro?.
  • usucapion1000(15667)13 de mayo de 2021 - 07:15 p. m.
    Hay muchos mafiosos en ciudad Jardín, esos fueron los q´ salieron a matar indígenas, porque asesinar es lo que hacen mejor. Lo que no quiere decir que todos los vecinos de ciudad Jardín sean traquetos- aunque yo no viviría en ese barrio- con vecinos tan desagradables. Hay que saber leer, J.Herley, y deje de ser tan casuista, salvo en las leyes inmutables de la física,todo tiene alguna excepción.
  • Jose(46118)13 de mayo de 2021 - 05:45 p. m.
    Pedrito el Escamoso .Usted como no tiene ni adonde pasar una maluquera y esta es en la mera inmunda. Al Ciclista Jarlinson Pantano le saquearon y vandalizaron su almacén, en Ciudad Jardín Que fueron sus ahorros de media vida de sacrificio en las carreteras Colombianas y Europeas. y este Miserable dice que es un Traqueto,Mafioso y Paraco.
Atenas(06773)13 de mayo de 2021 - 12:06 p. m.
Y este q' no se resistió aquí volvió como si mucha falta nos hubiera hecho con sus utópicas ideotas. Ahora, en su breve opinión, nos deja sentado muy escueta/, es su perenne sabiduría, qué es lo q' necesita el Estado pa hacer d esto una arcadia. Mas, tan perdido anda, q' aún evoca la Constituyente del 91 y términos del indigno acuerdo, ambas cosas q' son muestras del idealismo q' tanto añora. Puff
  • usucapion1000(15667)13 de mayo de 2021 - 07:16 p. m.
    Con el cerebrito malfornado de Apenas, lo dudo mecho Alejo.
  • Hernan(7821)13 de mayo de 2021 - 03:30 p. m.
    Si Alejo, la esperanza de la educación, pero no de un uribestia cabeza hueca como "apenitas" que no le cabe en esa cabezota sino crimen y corrupción, como buen hijo de su amado matarife.
  • Alejo(7327)13 de mayo de 2021 - 01:57 p. m.
    Después de leer tanto EE, ¿será que Atenas alguna vez opinará algo que valga la pena? Creo que despúes de la lectura de tantas columnas del mejor diario del país, algo bueno debe quedarle en la cabeza... Esa es la esperanza de la educación...
ERWIN(18151)13 de mayo de 2021 - 11:08 a. m.
estas equivocado .. esto no va a escalar en otro conflicto .. es lo que quiere el matarife .. escogiendo bien en el 22 .. alguien que no tenga ,compromisos ,con sarmiento angulo ... que pueda tomar las medidas ,que hay que tomar ... para hacer el estado mas viable ..menos reformas ..
Berta(2263)13 de mayo de 2021 - 10:22 a. m.
Este es un régimen de terror, genocida, ecocida, enemigo del pueblo colombiano, solo protege a los ricos, como los Sarmiento Angulo. Privilegian la guerra a la paz. ¿El bordón del reo de las 1500 ha, 200 baldíos de la nación, ni siquiera lamenta el asesinato de decenas de civiles que luchan por los derechos de todos los colombianos? ¿Acaso no sería un asesino? ¿si podrá vivir con ese lastre?
DAVID(rv2v4)13 de mayo de 2021 - 09:30 a. m.
Si el futuro de una sociedad está en su juventud de hoy que son mayoría, pues tienen todo el derecho de elegir el derrotero porque, son ellos los llamados al sacrificio, siempre, siempre, lo que pasa era que no se habían dado cuenta. Es una cuestión de generación reinante en la cual, el que lleva el timón, no tiene pase de conducción y tampoco conoce las calles ni respeta las cebras. Urge respetar
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.