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Quien escuche decenas de horas de entrevistas con Rodolfo Hernández va a identificar un mantra: “facilito”. ¿Cómo se desmantelan las organizaciones armadas? Facilito... ¿Cómo se acaba con la corrupción? Facilito... ¿Cómo se impide la deforestación? Facilito...
Hernández es el candidato para quien todo es “facilito” y la gente le come cuento porque es rico pensar que los grandes problemas de este país sí se solucionan facilito. Sin embargo, después de cada “facilito” sigue una propuesta vaga, difícil, si no imposible de implementar, aunque siempre relativamente fácil de entender.
¿Cómo se desmantelan las organizaciones armadas? Facilito, dice Hernández, usted acaba con la causa del problema: que el Estado no llega a las regiones y no hace presencia. Pero aquí la solución no es una solución, sino una extensión del diagnóstico. Hernández nos vende una trampa retórica. Y ahí queda la conversación.
Sin embargo, con él a veces sí llegamos a causas. Mejor dicho, a la causa, la causa primera para todos los males desde la visión de mundo rodolfista: la corruptela de los políticos y su politiquería. Esa subespecie parasitaria que tiene secuestrado al Estado y lo drena como una plaga de sanguijuelas es el origen de todos los males. ¿Y cómo se soluciona ese problema? Eligiéndolo a él, claro está.
Si es presidente, él puede ser el ministro de Hacienda, porque manejar la economía nacional “es facilito, eso es solo sumar y restar”. ¿Y cómo se acaba con la corrupción? “¡Facilito!”, al igual que en esa alcaldía de Bucaramanga a la que él renunció porque los entes de control le suspendían muy seguido, fija los precios de los materiales desde la silla presidencial.
“¿Cuánto cuesta el kilo de cemento, señor presidente?”
“¡Cien pesos!”
“Pero eso es muy poco, presidente.”
“¡Que cien pesos, dije, h.p.!”
Todo esto como si en los procesos de contratación no hubiera corrupción. Algo debe saber del tema, si su imputación es precisamente por eso.
Y la más delirante de todas las soluciones: ¿cómo se acaba la guerra contra las drogas?
“¡Facilito! Es un problema de oferta y demanda, entonces lo que hay que acabar es la demanda. ¿Y usted cómo acaba con la demanda? Pues el Estado le regala la droga a los adictos.
Tan sólo responder a esta propuesta señalando sus inconsistencias, y vacíos lógicos y legales, es perder el tiempo. No hay que tomarla en serio porque al igual que todas sus otras propuestas es un espejismo. Es una farsa.
Nunca va a implementar esa propuesta. La idea es que la guerra contra las drogas siga exactamente igual, pero no puede decir eso. Algo tiene que salir de su boca que lo distinga de los politiqueros que tanto dice odiar, entonces sale esa tontería.
A Rodolfo se le describe como un populista, y es cierto, sus propuestas son fácilmente digeribles y básicas, mientras su gran atractivo es su carisma personal. Pero más que nada, Rodolfo Hernández es un farsante con suerte. Si su contrincante hubiera sido otro que el político más odiado de Colombia después de Piedad Córdoba y Ernesto Samper, habría quedado relegado a la insignificancia.
Lo cual hace pensar que esta debe ser la última oportunidad de Petro para llegar a la presidencia. Si Gustavo Petro pierde contra Rodolfo Hernández, pierde contra cualquiera.
Twitter: @santiagovillach
