El paro mutó. Incluso ya se queda corto llamarlo un paro. Es un levantamiento popular democrático y pacífico, liderado por una juventud a la que se le han frustrado las esperanzas de futuro. Una generación que está tratando de salir a flote en el contexto de una crisis económica con pocos precedentes, y tres años de un gobierno que ha dado un timonazo a una derecha más recalcitrante que la de los dos gobiernos de Uribe.
Este gobierno tiene en su bolsillo al Congreso, a la Fiscalía, a la Procuraduría, a la Contraloría y a la Defensoría del Pueblo. La Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional le hacen un menor equilibrio de poderes a Duque que las cortes que le impusieron límites a Uribe durante sus dos mandatos.
Los partidos de oposición en el Congreso hacen esfuerzos loables y necesarios para proteger el equilibrio de poderes, pero a menudo ineficaces, porque no tienen mayorías parlamentarias. Frenar la reforma tributaria no es un logro particularmente estelar, siendo que el mismo Uribe la había desinflado.
El principal faro de oposición y contrapeso al gobierno en este momento se encuentra en las calles. En el arte, la música y la valentía de los manifestantes que durante un mes se le han plantado al aparato completo de la represión uribista, con una policía politizada ejerciendo contra ellos todo el espectro del abuso, desde el físico al sexual, con paramilitares disparándoles desde las trincheras que para ellos organiza la fuerza pública, y ahora también contra un ejército politizado, enviado para callarlos y si lo considera necesario, matarlos.
Presenciamos hoy la gesta en la que se forma la política de una nueva generación. La distracción de las violencias y vandalizaciones, que no representan lo esencial del amplio movimiento que echó abajo la poca credibilidad que le quedaba a Duque, desvía la atención sobre lo que es central: los jóvenes de las calles se están desvinculando de las rancias organizaciones políticas que nos han conducido a esta situación, y está organizando sus propios discursos y posiciones. Está naciendo una nueva generación política, y Duque ha decidido que lo mejor es no escuchar. Mandarle más policía y más ejército, con sus paramilitares a la vanguardia.
Por ahora Duque quizás no deba temer, porque tiene todo el aparato del Estado a su favor. Quizás si aprieta las tuercas de la represión logre despejar las calles aquí y allá, por un rato, por unos días, pero este movimiento le va a pedir rendición de cuentas durante el resto de su mandato. Estos jóvenes volverán a las calles. Estos jóvenes nos están dando la esperanza de una renovación política, y tienen toda mi admiración y apoyo.
Twitter: @santiagovillach