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Justicia y Paz 2

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Santiago Villa
25 de noviembre de 2021 - 05:00 a. m.
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De la firma del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, lo único que nos ha quedado es la palabra Acuerdo. Uno que, por demás, está sujeto a la veleidad de un gobierno sin muchas ganas de implementarlo, aunque lo cierto es que se ha implementado más de lo que se reconoce desde la oposición.

Ya es claro que la paz estable y duradera no está en construcción. La matanza generalizada de líderes locales, que son el componente más importante para una vida rural estable y en progreso, podría superar las 2.800 víctimas fatales, según cálculos de algunas organizaciones. La cifra varía según quién la mida y los factores que incluya. Sea como fuere, este fenómeno ha superado al genocidio de la Unión Patriótica en esa escala de horrores que Colombia nos impone.

El conflicto, entonces, no terminó. Simplemente mutó. Los motivos para ello, además de la incompleta y lenta implementación de los acuerdos, son que quizás estos mismos no eran suficientes para terminarlo. Aunque atienden de la mejor forma posible las causas del conflicto, las economías ilegales, que son su principal motor, se mantienen.

Una característica de la desmovilización de las Farc es que en Colombia dejó de existir una dimensión ideológica del conflicto. Ya no hay ejércitos revolucionarios, ni una oposición entre un campesinado marxista-leninista y el Estado colombiano. Hay grupos armados rurales cuyo objetivo es el control de territorios y economías ilegales como un fin en sí mismo. Su objetivo no es hacer la revolución y cambiar las estructuras del Estado, sino mantener esas estructuras, pero cooptarlas parasitariamente.

Es la continuidad del paramilitarismo, pero eliminando su pátina contrarrevolucionaria.

Ya se ha demostrado varias veces que el Estado colombiano no tiene la capacidad de eliminar militarmente a este tipo de grupos. Puede contenerlos y reducirlos, sobre todo cuando se alía con uno de ellos para eliminar a otro, pero siempre llega hasta cierto punto antes de iniciar un proceso de diálogo.

Las estructuras para las que se diseñó el proceso de Justicia y Paz son las más parecidas a las que hoy ocupan los territorios en conflicto, con la posible excepción del Eln. Este grupo, sin embargo, sigue los pasos del Epl. Es decir, carga un discurso revolucionario por inercia, pero en la práctica no se distingue de los paramilitares.

Eventualmente tendrá que haber diálogo con alguna de las grandes estructuras criminales. En especial si pasan de una posición de parasitismo con respecto al Estado a una confrontación más directa, el modelo de Justicia y Paz tiene elementos que podrían ser retomados.

Por ejemplo, la entrega de bienes y denuncia del grupo armado, así como descartar la opción de que quienes se acogen al acuerdo participen en política. Para bien o para mal, es probable que también se retome que el juzgamiento se reduzca a los integrantes de los grupos armados, y deje por fuera a las fuerzas militares y civiles aliados de las estructuras delincuenciales. La aplicación de penas privativas de la libertad y el papel de la Fiscalía General de la Nación también habría de parecerse más al modelo de Justicia y Paz que al de la Jurisdicción Especial para la Paz.

Así que, a futuro, es probable que los procesos de entrega de armas y desmovilización de grandes bandas delincuenciales rurales tengan más similitudes con el proceso de Justicia y Paz, que con el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera.

El componente que no puede descartarse es el de la verdad, en especial con respecto a la masacre de líderes rurales. ¿Por qué tantos ambientalistas? ¿Hubo presión de intereses mineros y ganaderos para cometer estos asesinatos? ¿Cuál era la estrategia para apoderarse del poder político? ¿Hay una segunda parapolítica?

Quizás como sucedió con Justicia y Paz, y como ha sucedido con todos los procesos, la verdad salga solo a medias y a través de instituciones judiciales y periodísticas que rodean al proceso, pero no en el proceso mismo. Estas son algunas de las preguntas que tendremos que hacer durante los siguientes 10 o 20 años.

Twitter: @santiagovillach

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Y tendrás q’ seguir en esas ascuas, oh arrepentido opinador de dejar aquí de opinar. Lo q’ mal comienza, mal termina. Y ese fue el chiste del indigno acuerdo, el de unos señoritos de B/tá de visión rola q’, con un conejo en la mano y ganas de pasar a la historia, montaron un andamio de mentiras aupados x un séquito de serviles q’ hoy se resisten a admitir q’ ese fue un cuento de un final no feliz.
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