Más que el matrimonio, que resulta ser un paso casi cosmético, es la adopción por parte de parejas homosexuales lo que derribaría de forma estructural los estigmas y prejuicios con respecto a las preferencias sexuales.
Dos amigos homosexuales que no se conocen me han hecho la misma broma: "si los gays son tan brutos de querer casarse, pues deberían permitir que lo hagan".
Yo repito dos variaciones bienintencionadas del mismo chiste. La primera es que la Iglesia debería permitir que las parejas homosexuales se casen por motivos de oferta y demanda; hoy en día son las únicas que se quieren casar. La segunda: los homosexuales hoy marchan para legalizar sus matrimonios, mañana lo harán para legalizar sus divorcios.
Al igual que mis amigos que bromean con el tema, yo no tengo interés en permitir que la Iglesia y el Estado participen de mi vida amorosa, y menos aún que la validen, pero entiendo de dónde vienen las personas que sí lo quieren y defiendo su derecho a querer estar casados; no por motivos de sucesiones, seguros médicos, ni detalles legales, sino por el mismo simbolismo que yo considero superfluo e incluso indeseable en mi vida personal.
Sin embargo, otra cosa es la adopción de niños. Esta ha sido, con razón, la línea roja, el punto más álgido de contención, porque es muchísimo más importante que el matrimonio. Supondría el inicio de un auténtico cambio cultural, pues implicaría que miembros de una generación se formarían desde pequeños, y abiertamente, en hogares homosexuales.
Lo curioso es que no tiene nada de nuevo que un niño crezca en un hogar donde hay homosexuales. Es uno de esos aspectos de la vida social en que la ley se le queda corta a la realidad. En que los legisladores se resisten a aceptar el mundo tal y como es, y prefieren protegerse en las murallas de como quisieran que siguiera siendo, si es que alguna vez fue como lo imaginaban sus prejuicios. Los homosexuales han tenido hijos desde que existen la reproducción y el homosexualismo.
Antes, sin embargo, se tapaba, y se vivía una fachada a menudo insostenible de heterosexualismo. Suponía un estigma saber que un padre era homosexual. Una auténtica tragedia psicológica para todos los miembros de una familia que generalmente se hacía añicos, porque nunca debió existir según ese modelo. Para evitar traumatismos así es que se requiere de otro espacio familiar. Precisamente porque supone el cambio de paradigma, el auténtico giro, es que considero tan importante que las parejas homosexuales puedan adoptar.
"Está bien que los homosexuales se casen", se escucha decir a algunos heterosexuales que quieren pensarse liberales, "pero que adopten a un niño ya es mucho". ¿Por qué? No he podido escuchar la primera razón convincente, que en el fondo no esté motivada por un prejuicio o por simple ignorancia.
He escuchado argumentos tan tontos en contra de la adopción homosexual como el que "molestarían a los niños en el colegio". Bueno, a mí me molestaron cuando estaba en la primaria porque usaba gafas, y no veo a nadie queriendo por eso prohibirlas. Los estigmas existen porque se practican. El primer paso para abolirlos es comenzar con las leyes que los legitiman, valga la redundancia.
El proceso de adopción de un hijo nunca ha sido fácil. A los niños no los rifan en los orfanatos. Para una pareja heterosexual es difícil el proceso de adopción. Será igual para una pareja homosexual. Quizás más complicado aún, mientras las instituciones se ajustan al cambio.
Entre los gays y las lesbianas, como entre cualquier grupo poblacional, hay personas aptas e ineptas para ser padres. La ventaja que tiene la adopción es un proceso de selección que no existe en el caso de la procreación biológica. Las parejas heterosexuales ineptas para la paternidad se reproducen, nadie puede opinar al respecto ni frenarlos, y sus hijos deben padecen infancias de abuso, maltrato o abandono. El mismo abandono que la adopción por parte de parejas homosexuales puede aliviar. No veo motivos humanitarios para impedir que un niño huérfano participe de un hogar donde será amado.
Twitter: @santiagovillach