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La atención se desvía de Venezuela

Santiago Villa

23 de enero de 2026 - 12:05 a. m.
“No sabemos qué ocupará la atención de Trump entre finales de enero y comienzos de febrero, pero no apostaría a Venezuela”: Santiago Villa.
Foto: EFE - JIM LO SCALZO / POOL

Venezuela sigue en parálisis. Aunque el anuncio de Donald Trump en Davos de que, por ahora, descarta usar la fuerza militar o la extorsión con aranceles para hacerse con Groenlandia, el futuro de Venezuela sigue estando por fuera de la conversación en Washington.

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Como un faro, la atención del presidente de los Estados Unidos gira de un tema a otro, y grandes trastornos internacionales se resuelven en temporadas de dos o tres semanas. Si bien los temas pueden permanecer en un horno tibio durante meses, como el de Groenlandia, que llevaba cociendo desde el segundo trimestre de su presidente, cuando estallan casi nunca ocupan la agenda del presidente durante más de un mes. Creo que el motivo es que el presidente se aburre de tratar con el mismo tema durante más tiempo que ese.

Trump depuso a Maduro el 3 de enero y la semana pasada ya estaba por fuera de su radar. Eso a pesar de que María Corina Machado, a quien Trump desprecia, le regalara su medalla de Nobel de Paz, apelando a su naturaleza transaccional. Aunque muchos han criticado ese gesto, no es que tuviera muchas otras opciones. El futuro de su país depende de las órdenes que dicte Trump.

Otros líderes de la oposición también estaban en Washington la semana pasada con Machado. Leopoldo López, por ejemplo, expuso en la Embajada de Canadá durante una charla organizada por la Fundación Nacional para la Democracia (NED, por sus siglas en inglés) un plan de ocho puntos que compartieron con miembros de la administración y del Congreso de los Estados Unidos. Los puntos eran una hoja de ruta clara para lograr un camino hacia la democracia en Venezuela. Incluía liberar a todos los presos políticos, y no sólo unos a cuentagotas; permitir el regreso de los políticos exilados; permitir la libertad de prensa y el funcionamiento de organizaciones de la sociedad civil; y obviamente celebrar elecciones libres.

El gobierno de los Estados Unidos no ha hecho mayor eco de estos puntos. Las palabras caen en oídos sordos, indispuestos o impotentes. Probablemente hay promesas de que ese será el camino para seguir, que no sean impacientes, que entiendan que por ahora hay que mantener la estabilidad social. A nadie le interesa que Venezuela se vuelva otra Irak. Estados Unidos está tratando con el régimen por ahora, pero a medida que apriete su acceso al petróleo, tendrá que soltar, dicen. Etcétera. Promesas de funcionarios a puerta cerrada, pero no un compromiso público del presidente Trump, que era precisamente lo que la oposición esperaba tener a cambio del premio de Machado.

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No sabemos qué ocupará la atención de Trump, y por ende de la prensa mundial, entre finales de enero y comienzos de febrero, pero no apostaría a que será Venezuela.

Si hay algo más mezquino que hablar del presidente de los Estados Unidos como un tipo que necesita el premio de paz que alguien más ganó para sentirse motivado a defender la democracia, es que se haya embolsillado la medalla y mandado a quien se la dio a freír espárragos.

Threads: @santiagovillach

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