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La Cátedra de la Paz, o el Síndrome del Papel

Santiago Villa

07 de julio de 2015 - 01:03 a. m.

La ley que creó la Cátedra de la Paz es contraproducente para el sistema educativo.

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Uno de los vicios más dañinos para Colombia es su exceso de leyes. Los congresistas suelen acudir al falaz método de tomar la cantidad de proyectos de ley presentados y leyes aprobadas para medir el éxito de sus gestiones. Si bien es cierto que no hay muchos elementos cuantitativos para saber si un congresista hace o no un buen trabajo, este criterio es el equivalente a medir la calidad de un futbolista por la cantidad de patadas que le da al balón, y contar sus autogoles como goles. A menudo una ley perjudicial parece políticamente correcta y pasa a pupitrazos sin que haya un análisis riguroso.

La ley 1732 del 1 de septiembre de 2014, que obliga a todas las instituciones educativas del país a crear una Cátedra de la Paz, es un autogol al sistema educativo colombiano. Si hubiera sido estudiada con cuidado y comparada con la Cartilla de Estándares Básicos del Ministerio de Educación, los congresistas se habrían dado cuenta de que era repetitiva. La idea central de la Cátedra de la Paz ya existía, pero mejor y más sofisticada, porque no fue creada por congresistas sino por pedagogos. En términos educativos, esta ley es como poner un semáforo en una autopista.

Pero la mayor parte de los congresistas no leen las leyes que aprueban y son ignorantes con respecto a los temas que éstas afectan. El que se haya establecido una Cátedra de la Paz no sólo es la prueba de que los gobernantes de Colombia siguen en el siglo pasado con respecto a los métodos educativos, sino que además desconocen el sistema educativo actual.

En el año 2004 el Ministerio de Educación publicó en una serie de cartillas una ambiciosa y acertada reforma a la educación escolar. La cartilla número 6 trata las Competencias Ciudadanas, que incluyen la formación en derechos humanos, buena ciudadanía, resolución de conflictos y otros valores, a través de conocimientos, competencias cognitivas, competencias emocionales, competencias comunicativas y competencias integradoras. Como eran una gran importancia ética y permeaban todos los ámbitos del conocimiento, se estableció que la mejor manera de enseñarlas era de forma transversal. Es decir, que estuvieran presentes en todas las asignaturas, pero que no se aplicara el anticuado método de crear una cátedra en la que se dictaran unos contenidos.

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Como para celebrar, pero en reversa, los 10 años de esta reforma, Juan Manuel Santos y Gina Parodi, ministra de Educación, reglamentaron hace un mes la ley que hace de las competencias ciudadanas una serie de contenidos que un docente dicta en una cátedra.

Santos habría podido vetarla y no lo hizo, supongo que para no asumir el costo político de enfrentar al ejecutivo contra el legislativo o porque pensó que era una buena ley. Parodi no tenía otro remedio que crear un decreto ministerial para reglamentar la ley, y parece redactado a las carreras por su falta de detalle. Desconozco si estuvo o no de acuerdo con las cátedras y si el motivo para esta falta de detalle fue descuido o darles una mayor libertad interpretativa a las instituciones educativas. Lo cierto es que el decreto 1038 del 25 de mayo de 2015 del Ministerio de Educación no hace nada por mitigar el daño que ocasiona la ley.

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Ese daño es hacer que las instituciones educativas tomen una decisión difícil: ¿qué van a sacar del currículum para incluir esta cátedra, cuyos contenidos y competencias ya están incluidos en otras asignaturas, pero de forma transversal?

El único aspecto positivo de la reglamentación de la ley es el artículo 7, que establece la formación de profesores a través de la identificación de sus necesidades, la financiación o el diseño de planes de formación, y la evaluación del impacto de los programas. Sin embargo me cuesta trabajo creer que en el sistema de competencias ciudadanas anterior no existía algo semejante.

En suma, la solución para llenar vacíos educativos o complementar programas actuales no es añadir cátedras, sino apoyar y fortalecer a los profesores con capacitaciones y guías, para que apliquen mejor el sistema actual.

@santiagovillach 

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