La Comisión del Saludo a la Bandera

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Santiago Villa
25 de abril de 2017 - 03:51 a. m.
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Ojalá me equivoque, pero la Comisión de la Verdad en Colombia será un saludo a la bandera. El principal motivo para ello es que la verdad sobre los crímenes cometidos por la guerrilla, en su mayoría, ya se conocen. Han sido objeto de exhaustivas investigaciones penales y periodísticas.

Las comisiones de la verdad son útiles para iluminar los crímenes, no de organizaciones criminales (o guerrilleras), pues para eso están la Fiscalía y los aparatos de inteligencia del Ejército y la Policía, sino los crímenes del mismo Estado, de los empresarios y de los políticos, en otras palabras, de la institucionalidad y el poder, pues son estos los que hasta entonces podían impedir o desviar las investigaciones.

Quizás comenzará a conocerse mejor quiénes, en las zonas de influencia guerrillera, cometieron ciertas desapariciones forzadas. Se comprenderá mejor, por ejemplo, la vil maquinaria de secuestro que activaron las Farc durante más de una década como parte de la perversa Ley 002 del 2000.  Pero incluso sobre esto no hay grandes vacíos de información.

Lo más importante que podrían revelar las Farc, hoy en día, serían sus lazos con los gobiernos de América Latina. En particular los de Venezuela y Ecuador. Que expliquen cómo financiaron la primera campaña de Rafael Correa. Que detallen quiénes eran sus contactos con el gobierno de Chávez y ahora el de Maduro. Que revelen cuáles eran los lazos de Raúl Reyes con las ramas ejecutiva y parlamentaria ecuatorianas. Quiénes en la Policía, el Ejército y el Ejecutivo eran sus socios, en Venezuela y Ecuador, para exportar cocaína. Dónde estaban sus campamentos venezolanos y quiénes en la Guardia Nacional les auxiliaban.

Esta sería información explosiva, pero no la van a revelar. Apuesto desde ahora que la verdad para ellos será tan selectiva como lo es para todos los demás actores del conflicto.

Dado que en Colombia no hay una justicia transicional propiamente dicha, pues no ha habido un cambio de régimen, la Comisión de la Verdad procederá de la misma forma a como lo ha hecho en el pasado: hasta donde la institucionalidad lo permita. Y si hay independencia por parte de los investigadores, hasta donde lo permita su seguridad personal.

Los cañones a sueldo del silencio y la opresión están vivos y saludables en nuestra patria. Así lo demuestra la masacre distendida e ininterrumpida de líderes sociales. La información más valiosa seguirá en las sombras.

¿Estamos, entonces, condenados a repetir nuestra historia? No lo creo. No creo que sea por falta de verdad que en Colombia se reactivaría un ciclo de violencia, pero sí considero que la impunidad y el disfuncional aparato de justicia impiden detener la violencia. La falta de verdad es una consecuencia, no la causa, de esta disfunción.

El propósito de las comisiones de la verdad, más que lograr que haya justicia, es crear un efecto de catarsis. Que la sociedad se mire de una vez y para siempre en el oscuro espejo de su pasado, y que, sanando estas heridas, el futuro se construya sobre una base más sólida. Esto asume que la verdad que redime. Es una terapia colectiva.

A pesar de sus muchas y profundas fallas, el proceso de Justicia y Paz con los paramilitares logró niveles de verdad que sacudieron al parlamento. La parapolítica fue el resultado inesperado (y por parte de los negociadores del gobierno Uribe, indeseado) de paramilitares que se tomaron en serio revelar sus lazos con el estamento político.

Muchos no lo hicieron. Conozco de forma demasiado fragmentada como para citar nombres propios, casos de paramilitares que extorsionaron a políticos con la amenaza de exponerlos en Justicia y Paz si no recibían ciertos pagos.

Siguiendo esta línea y para cerrar esta columna, sería interesante saber si elementos menos honestos de las Farc están "lavando" tierras a través de testaferros. Dudo que si esto llegase a suceder, dicha maniobra se conocería gracias a la futura Comisión de la Verdad.

Twitter: @santiagovillach

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