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Pocos días antes de que Hamás asesinara a sangre fría a más de un millar de israelíes y tomara casi 200 rehenes, uno de los grandes escándalos en Israel fue que el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, defendió que los judíos escupieran a los cristianos, siguiendo una antigua tradición ortodoxa.
Ben-Gvir, que según una fuente de la revista The New Yorker tiene un expediente de condenas criminales tan largo que, al imprimirlo, las autoridades tuvieron que cambiar la tinta de la impresora, era hasta ahora una figura marginal. Un loco que daba escalofríos pero que afortunadamente estaba lejos de ocupar cualquier cargo público.
Este es el talante del Gobierno que está cometiendo crímenes de guerra como si fuesen una fuente de orgullo.
Israel es una sociedad extremadamente variada que se ha desarrollado entre extremos como las utopías socialistas y el colonialismo blanco, el liberalismo parlamentario y el Estado militarista. Hoy, sin embargo, los grupos racistas que en ocasiones han confundido el legítimo derecho a la existencia y a la seguridad de Israel con la limpieza étnica son los que llevan las riendas de la nación. Se estima que un tercio de los soldados israelíes votaron por Ben-Gvir.
En el pasado, miembros del actual Gobierno han expresado ideas genocidas contra los palestinos. Ben-Gvir solía decir que había que matar a todos los árabes, aunque ahora dice que se ha moderado y ya no lo piensa. Hace un año en un evento público dijo que ya no consideraba que todos los árabes debieran salir de Israel. Sus seguidores que estaban en el evento abuchearon.
Yo no diría que hoy hay un genocidio, pero sí que Hamás le ha servido en bandeja de plomo a la coalición de derecha israelí la posibilidad de realizar una limpieza étnica en los territorios ocupados y anexarlos. Miembros del Gobierno han dicho en el pasado que eso quieren.
Por eso, una preocupación adicional entre los israelíes de centro e izquierda es que los colonos que representa Ben-Gvir decidan abrir otro frente en la guerra usando armas como los 10.000 rifles de asalto (con casco y chalecos antibalas) que el ministro de Seguridad Nacional está distribuyéndoles.
En aras de conservar el rigor, hay que aclarar que Netanyahu no incluyó a Ben-Gvir en su gabinete de guerra, quizás por exigencia del partido de oposición Unión Nacional con el que Netanyahu ha formado un gobierno de coalición, tras el ataque de Hamás.
Los miembros de Hamás no son tontos. Sabían que este sería exactamente el escalamiento que provocarían al cometer el ataque durante este gobierno de Netanyahu. Ellos llevan responsabilidad compartida por el horror en el que sumieron a Gaza. La intención de Hamás era producir un escenario apocalíptico y esta respuesta criminal. También esperan que la guerra se amplíe a Cisjordania y la frontera norte. Quieren que las tensiones acumuladas durante por lo menos dos décadas estallen en un caótico polvorín de muchos frentes. Pueden lograrlo.
Las vidas de los civiles de Gaza están atrapadas entre dos bandos que las desprecian. Son carne de cañón y fuente de propaganda para Hamás, y un estorbo insignificante (o un objeto de venganza) en el camino de las bombas del enardecido Gobierno de Israel.
Es un momento apoteósico y probablemente será esta sangrienta guerra entre los dos extremos más radicales la que resolverá, o al menos cambiará definitivamente, el conflicto árabe-israelí.
Twitter: @santiagovillach
