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La modesta resistencia

Santiago Villa

21 de febrero de 2025 - 12:05 a. m.
“Los empleados federales, aproximadamente el 40 % de la fuerza laboral de D. C., temen quedar sin trabajo”: Santiago Villa
Foto: EFE - WILL OLIVER
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“Muy bien de su presidente Petro responderle así a Trump”, me dijo un hombre blanco, de barba corta y bien cuidada, enjuto y modesto, que afirmaba haber trabajado en varios países de América Latina y que esa noche del 29 de enero estaba, al igual que yo, en el sótano de la Iglesia Baptista Matthews Memorial de Anacostia, un barrio tradicionalmente afroamericano de Washington D. C.

El recinto, con suelo de láminas marrones, donde nos resguardábamos del invierno unas trescientas personas, parecía más un salón de banquetes comunitario que un sótano. Sillas de madera en torno a grandes mesas redondas sin manteles. Un escenario vacío a un costado. La idea era crear una red de grupos de activistas y ciudadanos alarmados por la velocidad con la que el gobierno de Donald Trump arrasaba con los contrapesos y estructuras del sistema democrático.

No le pregunté al admirador estadounidense de Petro su nombre. Durante la breve conversación, solo alcancé a decirle que yo era colombiano, y él me dijo que su esposa era hondureña. Tenía amigos centroamericanos, pero él no hablaba bien el español. Eso sí, estaba admirado con la reacción de Petro y de Lula a las deportaciones de Trump.

Tampoco le pregunté en qué trabajaba. No lo estaba entrevistando, pero ahora que escribo estas líneas me avergüenza lo poco que sé de él. Me excusa que, dos días atrás, se había venido abajo, a causa de las congelaciones de gastos humanitarios del gobierno Trump, la subvención que recibía de una ONG y de la que esperaba vivir durante al menos seis meses. Mis instintos periodísticos esa noche estaban atontados por la angustia. Solo quería saber cuál era la resistencia al desmoronamiento.

Nuestra conversación quedó interrumpida porque nos pidieron silencio. Comenzaba la mesa redonda sobre cómo proteger los derechos de inmigrantes. El admirador de Petro estaba muy preocupado. Preguntó a los moderadores de la mesa si su esposa, que tenía residencia, podría ser deportada. No, tranquilo, no corría riesgo de ser deportada. Luego preguntó si no denunciar a alguien que él sabía que era indocumentado tendría repercusiones legales.

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Esa sí es una zona gris. Depende. No está en la obligación de denunciarlo, pero es un delito si un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas le pregunta durante una redada sobre el estatus de alguien y él miente. Pero si no responde nada, no es un delito… o bueno, depende. Hay una zona gris.

Una zona gris. A las dictaduras les encantan las zonas grises porque, en un clima de zozobra, fomentan una obediencia que va un poco más allá de lo que el régimen puede hacer cumplir en detalle. Los ciudadanos se vuelven represores y autorrepresores. Aún no sabemos si el gobierno Trump se convertirá en una dictadura, pero no lo descarto. Está tomando los primeros pasos para llegar allá.

Ignoro en qué medida las demás personas en ese encuentro nocturno creían lo mismo, que Estados Unidos va hacia una dictadura, pero nos convocaba una aprehensión compartida. Los habitantes de D. C. están expuestos a unos riesgos excepcionales con respecto a otras ciudades de Estados Unidos. Por eso la reunión en el sótano de esa iglesia se llamaba “Defend DC”. En esta ciudad se respira un clima de asedio.

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Defend DC es un nodo recién creado de grupos activistas para emprender acciones de resistencia al embate sin cuartel del gobierno Trump contra la democracia. La arremetida del fascismo republicano comienza y termina en esta ciudad.

Los empleados federales, aproximadamente el 40 % de la fuerza laboral de D. C., temen quedar sin trabajo. Tras dar dos saludos nazis en la inauguración de Trump, Elon Musk ha liderado los despidos de aproximadamente 12.000 empleados federales, mientras 75.000 han tomado ofertas de renuncia de la presidencia. El objetivo es tomar control total del aparato administrativo, pero bajo la excusa de mejorar así la eficiencia y los gastos del gobierno. Entretanto, los republicanos preparan recortes tributarios, dirigidos a los ricos, que reducirán los ingresos públicos en 4,3 billones de dólares anuales.

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La maniobra tiene, además, un componente racista. Ser empleado federal en D. C. es una de las principales vías de ascenso social para afroamericanos que han luchado por lograr una buena educación y provienen de barrios como Anacostia.

Para rematar, hay una amenaza física. Trump indultó a unos 1.500 acusados de asaltar el Capitolio el 6 de enero de 2021. Los grupos paramilitares al servicio del presidente de los Estados Unidos tienen carta blanca para asaltar D. C. con violencia cuando él lo pida.

Así que la ciudad está alarmada. También despierta. Esto apenas comienza.

Threads: @santiagovillach

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