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15 Jul 2021 - 5:00 a. m.

La prueba ácida cubana

En Cuba hay una dictadura y la gente ha salido a protestar pidiendo libertad. Este hecho elemental, con el que cualquier demócrata puede simpatizar, no es aceptado por parte de la izquierda latinoamericana, revelando así vacíos en su compromiso con la democracia. Estos vacíos deben atenderse y corregirse. No debe haber ninguna ambigüedad en el compromiso de todo movimiento político con las libertades civiles.

Además porque en América Latina los movimientos políticos de izquierda, cuando llegan al poder, reiteradas veces han atentado contra las instituciones democráticas. Hay un prontuario: Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Bolivia han sobrellevado, con mayor o menor gravedad, gobiernos de izquierda que han hecho golpes de Estado pequeños o estructurales para eliminar a la oposición, concentrar el poder y perpetuarse en él.

Uno de los motivos por los que la izquierda colombiana la tuvo tan difícil en la segunda vuelta, y un motivo por el que Gustavo Petro genera tantas resistencias, es porque hay electores que no le creen cuando él dice que es un demócrata. Lo ven como otro caudillo que eliminaría las salvaguardas de la democracia.

Hay formas de evadir la cuestión de Cuba, porque es incómoda para la izquierda. Pronunciamientos ambiguos, llamar al diálogo en un trino y en el siguiente aludir a que las protestas son promovidas desde el extranjero, usar el embargo como elemento de distracción, y sugerir que hay que callar sobre Cuba para solo hablar sobre Colombia/España/Argentina/Chile.

El embargo es una política criminal, pero la dictadura cubana le ha sacado más provecho que los Estados Unidos. Gracias al embargo, la dictadura cubana ha tenido la excusa perfecta para justificar su monumental fracaso. Además, con el embargo asegura la simpatía de la izquierda latinoamericana, que es antiestadounidense por principio. Ahora se ve a gente decir que primero se debe acabar el embargo, y luego sí se puede hablar de apertura, democracia, derechos humanos y civiles, como si la dignidad de un pueblo se pudiera usar como moneda de canje.

Uno entiende la nostalgia, el sueño de una utopía socialista, décadas de romanticismo, pero el sentimentalismo político no puede debilitar el compromiso con la democracia, ni nublar la barbarie de cien presos y desaparecidos en un solo día de protestas.

Existe también el mito de que Cuba tiene un sistema de salud ejemplar y hay comida para todos, pero no es sino escuchar lo que pide la gente en la calle. El mito es producto de una maquinaria de propaganda. La gente tiene hambre y falta acceso a la salud. Y, sobre todo, la gente quiere libertad.

Rompamos la burbujita. Cuba es una isla donde a los músicos, artistas, escritores, periodistas, opositores los meten presos o los someten a continua vigilancia. Su gobierno supuestamente socialista es ineficaz y criminal.

Hay algo que me parece muy peligroso de quienes defienden el régimen cubano: ¿cuánta represión están dispuestos a proteger en su propio país cuando la ejecute alguien que comparta su ideología, o lo que creen que es su ideología? No quiero pensar que los simpatizantes de la dictadura cubana potencialmente apoyarían a una dictadura en su país, si estuviera dirigida por los suyos.

Twitter: @santiagovillach

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