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Observaciones y pronósticos sobre ADLE

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Santiago Villa
26 de junio de 2026 - 05:00 a. m.
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Abelardo de la Espriella será el nuevo presidente de Colombia. Presento algunas observaciones y pronósticos:

  1. La política partidista colombiana y la estadounidense se solapan como nunca. De la Espriella se alinea con el Partido Republicano. Eso puede traducirse en cooperación estrecha en seguridad y migración, los principales intereses de EE. UU., pero es una apuesta frágil. Si los demócratas ganan la Cámara o el Senado en 2026, o la presidencia en 2028, propósitos de su campaña como un Plan Colombia 2.0 o algo similar se vuelven improbables. La alineación con un solo partido dura lo que dura ese partido en el poder. Hay una ironía de fondo. Los republicanos respaldaron a De la Espriella pese a que fue abogado de Alex Saab, el operador de Nicolás Maduro. Son los mismos que criticaron el canje de 2023 con el que el presidente Joe Biden liberó a Saab de una prisión en Miami.
  2. A corto plazo, Colombia puede convertirse en plataforma de operaciones estadounidenses contra el crimen organizado en Venezuela. Es el escenario más probable de cooperación inmediata. Sin embargo, las acciones que generalmente se emprenden no afectan las causas y la estructura de los criminales. Como hemos visto durante décadas, se mantienen el espectáculo y los gastos estatales de la lucha contra el crimen, pero no se solucionan las causas estructurales.
  3. De la Espriella quiere construir megacárceles. Podrían incluir centros de detención al estilo del CECOT salvadoreño, financiados con pagos de Estados Unidos. Si esos gastos se catalogan como reservados, escaparán al escrutinio público, generando un alto riesgo de corrupción.
  4. Con China no hay que esperar giros bruscos. Salvo que Estados Unidos lo presione a un gesto mayor, como sacar a Colombia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, ADLE mantendrá relaciones centradas en la inversión. China no tiene en Colombia proyectos que Washington perciba como amenaza.
  5. Parte del drama política interno girará en torno a un pulso. De un lado, Álvaro Uribe, la referencia de la derecha durante más de dos décadas. Del otro, De la Espriella, el recién llegado. La relación entre ambos definirá a la derecha colombiana por al menos los próximos 10 años. De la Espriella necesita al partido de Uribe para sus mayorías en el Congreso. Al mismo tiempo, querrá arrebatarle el liderazgo. Ningún dirigente de derecha lo ha conseguido desde que Uribe llegó al poder en 2002. Uribe, además, afronta procesos judiciales que limitan su margen de maniobra y que ADLE buscará cómo usar a su favor.
  6. La agenda progresista pasará a segundo plano. Algunos derechos dependen del Congreso y de las cortes, no del presupuesto, así que los derechos reproductivos y los de la población LGBTQ podrían no cambiar demasiado. Otros cambios serán visibles. Habrá intentos tempranos de eliminar ministerios como el de Igualdad. De la Espriella prometió una motosierra al estilo de Milei, pero también conviene moderar esa expectativa. No está claro cuántos cargos se eliminarán de verdad. Los empleos públicos son una fuente de clientelismo y aseguran mayorías. La situación fiscal de Colombia no se parece a la de Argentina y no hace falta tantos recortes. Prometer disciplina fiscal en campaña no equivale a reducir el déficit en el cargo.
  7. Lo más seguro es un ataque temprano a la prensa independiente. De la Espriella es conocido por usar demandas mordaza contra periodistas que lo investigan. El daño dependerá de la solidez institucional colombiana, que ha resistido bien pese a la historia de violencia y corrupción del país. La independencia de las cortes y de la Fiscalía será decisiva. Será una prueba temprana para la democracia colombiana, y esa tarea será más difícil si De la Espriella debilita los lazos con la OEA y la ONU.

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