RCN Televisión canceló, un día antes de su emisión, un documental producido por Gonzalo Guillén y yo, por el que ya habíamos acordado un precio de venta bajísimo. Al no haber pago, pudimos ofrecer el documental a otros canales.
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La cadena de Miami América TeVé, interesada en el material y los rumores de censura, se animó a emitirlo. Al igual que con RCN Televisión, recibimos a último minuto una llamada, esta vez no cancelando la emisión, sino condicionándola. ¿Por qué tanto drama?
Era el 2012 y el documental recogía los testimonios de los periodistas, estudiantes y líderes sociales perseguidos por el entonces presidente de Ecuador, Rafael Correa. Además, presentaba el testimonio del integrante de las FARC (un desmovilizado que era testigo protegido de la Fiscalía General de la Nación) que había entregado dinero de la guerrilla para la campaña presidencial de Correa.
¿Qué pedía América TeVé? Dividir la emisión del documental en cinco partes y tras cada una darle la oportunidad a funcionarios del Gobierno ecuatoriano para que rebatieran lo que decían los entrevistados en el documental. La idea era que yo estuviera allí para entrar en una controversia con los funcionarios en vivo y en directo.
Me negué y el documental no se emitió. ¿Por qué? Simple. El documental no tenía voz en off. Ni yo ni Gonzalo decíamos nada. Eran las personas perseguidas por el presidente Correa quienes hablaban. Para contrastar las dos versiones había entrevistado al asambleísta Paco Velasco, a quien el integrante de las FARC acusaba de haber recibido el dinero para la campaña. Velasco dio su versión y el espectador podía sacar sus propias conclusiones. La idea era hacer eso con todos los temas que trataba el documental, pero la oficina de la presidencia nunca respondió a nuestras solicitudes de entrevista.
Por eso le dije a América TeVé que yo no tenía nada que debatir con funcionarios del Gobierno ecuatoriano. Quienes sí tenían algo que debatir eran los opositores que nosotros entrevistamos, pero era muy difícil que ellos pudieran sentarse en Ecuador a hacer eso, pues por expresar sus opiniones tenían procesos judiciales y órdenes de captura vigentes.
Supe que las agencias de inteligencia de Ecuador me tenían perfilado y cada vez que negociaba el documental presionaban para que no se emitiera. ¿Por qué lograban tanta influencia en Colombia y Estados Unidos? Porque amenazaban con litigios contra las cadenas.
Finalmente, el documental lo sacamos en YouTube y liberamos los derechos. Incluso así, el gobierno de Correa se dedicó a amenazar a la plataforma con procesos judiciales hasta que descolgaron el documental. Fue solo gracias a la asesoría jurídica ad honorem que recibimos del brillante periodista y abogado Carlos Cortés que YouTube restableció el documental y aún se puede ver.
Recordé la historia a propósito del lamentable periplo que ha debido dar Laura Ardila, una de las mejores periodistas de Colombia, para publicar un libro de enorme interés público, producto de casi una década de trabajo.
En algunas democracias modernas no hay necesidad de censurar, pues las editoriales y los canales les tienen pánico a los abogados. ¿Para qué censurar cuando puedes litigar? Al país debería alegrarle que Ardila haya encontrado una editorial que valore más su prestigio que su bolsillo.
Quedo admirado de la respuesta de Juan David Correa al renunciar a Planeta. Al correr el riesgo de soltar un codiciado empleo en un campo donde las oportunidades no son muy amplias, demuestra que él es un faro de la integridad editorial colombiana.
Qué fortuna tenemos porque, a pesar de que los ejecutivos editoriales españoles descartan la publicación de información crítica para nuestra democracia, periodistas y editores colombianos como Laura Ardila y Juan David Correa tienen claro que es con valentía y no miedo a litigios que se trabaja por un mejor país.