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Petro anti-Petro

Santiago Villa

02 de diciembre de 2021 - 12:00 a. m.

Uno habla de las propuestas de Petro porque es el único candidato avezado en hacer propuestas. Estoy de acuerdo en lo fundamental: la explotación de petróleo no es un modelo sostenible a largo plazo; es deseable la descarbonización de la economía; y hay que fomentar fuentes alternas de ingresos, como el turismo, la producción agrícola y la industrialización. La extracción de petróleo es una actividad ambientalmente peligrosa, no solo por las consecuentes emisiones o porque sus productos derivados -como el plástico- son altamente contaminantes y tardan demasiado en degradarse; también porque va en contra de la cosmovisión de los pueblos originarios de nuestro territorio, y ella merece respeto y consideración.

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Difiero en el método.

La Silla Vacía publicó un claro artículo sobre cómo las afirmaciones de Petro sobre la industria petrolera y la transición energética, en su mayoría, son ciertas. Las que no son ciertas no son importantes, salvo una: la de los contratos de exploración, pero más adelante comentaré sobre esto. Su diagnóstico es certero, su plan de intervención no.

Por ahora aclaremos que la propuesta de Petro no es realmente muy clara. En principio, propone no hacer más exploración. A veces dice que decretarlo desde el día uno, luego dice que respetando los contratos existentes. Ya veremos. Por lo pronto, parece que la posición es no firmar más contratos de exploración y no hacer fracking. Punto. Es decir, si los contratos existentes no encuentran petróleo, en 6 años el Estado colombiano perdería unos ingresos por impuestos y regalías que equivalen a aproximadamente el 2,5% del presupuesto anual de la nación, y el 30% de los presupuestos de inversión de los entes territoriales.

La propuesta de Gustavo Petro es una bomba de tiempo que, de cumplir el actual mandato constitucional de solo gobernar durante un cuatrienio (algo que líderes con características similares han modificado en nuestro país y en la región), no estallará en sus manos, pero sí en las de su sucesora o sucesor.

En especial porque el petróleo es uno de los principales componentes en el equilibrio de la balanza cambiaria. Esto debería preocuparle a Petro más de lo que él demuestra. La devaluación impactaría directamente sus proyectos, por ejemplo, de infraestructura. Fue, finalmente, uno de los motivos por los que se trastocaron las proyecciones presupuestales de su metro subterráneo y lo desfinanciaron en un abrir y cerrar de ojos. Es posible que las decisiones a corto plazo de Petro con respecto al oro negro den al traste con sus programas estatales a mediano plazo.

Ninguna alternativa a la explotación petrolera propuesta por él, además, es sólida o está en proceso de completarse durante la próxima década.

Las energías eólicas y solares no tienen nada que ver con el problema planteado, porque la explotación petrolera (y carbonífera) en Colombia no se hace para alimentar la matriz energética, sino principalmente para exportar. Es como proponer construir aeropuertos para solucionar un problema de movilidad urbana.

Lo de los 12 millones de turistas al año es una afirmación llanamente tonta. Argentina, el país más turístico de Sudamérica, recibía antes de la pandemia a 6,9 millones de turistas al año (cifra de 2018).

La agroindustria potencialmente puede generar una afectación al agua similar o peor que el mismo fracking.

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“Es muy fácil criticar”, dirán. “¿Entonces qué hacemos? ¿Qué propone usted, tibio señorito opinador?”. No soy muy amigo de que quien critica tenga la responsabilidad de dar soluciones, pero aquí van.

No hay afán. Vamos más despacio y nos preparamos para la transición con un mayor sentido de empalme, y usando como modelo de observación lo que actualmente sucede con el carbón.

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El carbón, ese sí, ya está en proceso de desaparición. Las exportaciones están cayendo en porcentajes de dos dígitos anuales y ni siquiera la Agencia Nacional de Minería considera que tiene futuro. La forma como el carbón está desapareciendo y sus efectos sobre la economía nos dan una buena bola de cristal para prever cómo podría darse el proceso con el petróleo.

Mientras tanto, hay que aprovechar que todavía hay mercado para el petróleo. En el corto plazo nuestra prioridad ambiental no debe ser dejar de explotar petróleo, sino detener la deforestación y proteger los bosques tropicales. Eso tiene un impacto mucho mayor y más directo sobre la mitigación del cambio climático.

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También se pueden buscar alternativas de apoyo financiero internacional, similares a las que Sudáfrica ha negociado para dejar su dependencia en el carbón. Pero eso, por ahora, es otro pajarito en el aire.

El fracking es una pregunta abierta y un tema sobre el que no me decido. Sabemos que en teoría es posible hacer fracking “limpio” (mejor tripliquemos las comillas: fracking ““”limpio”“”). Esencialmente, el problema es: ¿tiene el Estado colombiano la capacidad o la voluntad política para hacer a las empresas cumplir los más altos estándares de seguridad? La experiencia histórica nos dice que no, pero habrá quienes consideran esta posición como derrotista, habrá quienes creen que el estado colombiano podría hacer esa exigencia y las empresas podrían cumplir. Por lo pronto, en eso soy escéptico.

Twitter: @santiagovillach

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