No soy dado al optimismo. Tan pronto se confirmó la victoria de Rodolfo Hernández, instintivamente identifiqué los grandes problemas que traerá su probable presidencia. Parecía estar repitiéndose el escenario de 2010: un candidato que representa cierto cambio y esperanza, así tenga demostradas deficiencias administrativas, va a terminar derrotado por la máquina del status quo, porque Rodolfo Hernández, en esencia, es un candidato conservador.
Al día siguiente, es decir el lunes festivo, percibí ciertos matices optimistas en el panorama. Recordé que el resultado de la victoria de Juan Manuel Santos en el 2010 no fue la debacle totalitaria que nos temíamos. Llevó a los Acuerdos de Paz de 2016 y el fin de las Farc como ejército ilegal que dominaba un amplio territorio en Colombia.
Veo tres ventajas en esta segunda vuelta.
La primera, las tensiones durante la segunda vuelta se han reducido significativamente. Al tener la ultraderecha la convicción de que Petro va a perder, se reduce el atractivo que podría tener un magnicidio. Igualmente, al haber visto la aritmética electoral, es evidente que si gana la derecha (y no nos engañemos, Hernández es de derecha) no es porque hubo fraude electoral.
La segunda, los dos candidatos han dicho que implementarán el Acuerdo de Paz de 2016. Si dicen la verdad (aunque en este punto confío más en la promesa de Petro que en la de Hernández, porque Hernández va a necesitar del Centro Democrático para hacer coalición en el Congreso), cualquiera que lo implemente podrá empujar los cambios positivos que trae este buen plan de gobierno prefabricado que nos dejaron Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño.
La tercera, si Hernández gana, no tiene la edad para eternizarse en el poder ni imponerse en la política nacional durante décadas, como lo ha hecho Uribe. Al margen de si tiene tendencias autoritarias, su presidencia será de cuatro años, y si bien le deseo una larga vida, no creo que su presencia en la arena política será larga.
Ninguno de los dos candidatos va a destruir a Colombia, y ninguno puede solucionar los problemas estructurales de este país. De hecho, la solución a algunos de esos problemas, como los efectos de la prohibición mundial de la cocaína recreativa, y en general la guerra contra las drogas, ni siquiera dependen de Colombia. Si bien alguien preparado, que tenga décadas de experiencia en el sector público y le quepa el país en la cabeza, alguien que tenga proyecto de país, en general es preferible en la presidencia, gane quien gane no veo escenarios apocalípticos en nuestro horizonte.
Twitter: @santiagovillach