Algunos problemas de la actual administración tienen menos que ver con la inconveniencia de las propuestas en sí, como con el contexto en el que se pretenden implementar. Es decir, en principio no serían propuestas malas, pero introducirlas en este momento es peligroso.
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Un ejemplo es la de financiar los programas de reparación a víctimas firmados en el Acuerdo de Paz de 2016 con las emisiones de bonos del Banco de la República.
Uno de los más graves problemas conceptuales de la izquierda menos rigurosa (y esto no es por marxismo, sino por pura pereza mental, que yo diría es el opuesto del marxismo) es asumir que hay gente que tiene más porque hay otra que tiene menos. Es decir, que la producción de riqueza es un juego de suma cero. Por ello, creen que hay ciertas “bolsas de dinero” de las que se pueden sacar recursos sin perjudicar a las clases trabajadoras, sino al contrario, beneficiarlas. Verbigracia los ricos, las empresas y los bancos (y entre ellos el más jugoso de los bancos, el central, porque fabrica plata).
Sí es posible transferir recursos desde estos sujetos y organizaciones hacia los desfavorecidos, siempre y cuando sea de forma equilibrada. Es trabajo de caminar sobre una cuerda floja, no de comportarse como Robin Hood. El poder justiciero de la idea explica su popularidad, pero las buenas intenciones devienen en crisis sociales cuando tenemos en cuenta que muchos de estos recursos soportan cadenas de las que depende la clase trabajadora. La riqueza no es un juego de suma cero, sino una compleja red donde los nodos están íntimamente conectados.
Volvamos entonces a la propuesta de reparar a las víctimas con bonos del emisor. Si reconocemos que la plata del banco central no sale de la nada, tenemos que analizar de dónde está saliendo. Es decir, quién va a pagar esos dineros adicionales de la reparación. En todos los casos es un impuesto clandestino a una porción bastante amplia de los colombianos.
Si se hace como propone inicialmente Petro, a las víctimas se les repararía con un aumento en las tasas de interés. Es decir, casi toda persona que tenga una deuda y sobre todo quienes tienen deuda con los bancos, deben asumir ese impuesto. ¿Por qué? Porque las emisiones de bonos se hacen para asegurar la liquidez de los bancos y si parte de esas emisiones ya no van a los bancos sino a las víctimas, pues aumentan las tasas de interés al disminuir la liquidez de los bancos. Eso en el mejor de los casos. En el peor se desata una crisis financiera.
Estamos en un contexto de tasas de interés altas. El presidente propone entonces aumentarlas. Eso sería un duro golpe para el empresariado. Reduciría el crecimiento de la economía y la creación de nuevas empresas (esa boyante actividad económica que aún no vemos y con la que se pretende reemplazar la exportación de petróleo), pero al menos tendría la ventaja de reducir la inflación.
En otras palabras, se podría decir también que la idea de Petro es indemnizar a las víctimas reduciendo a la larga el crecimiento económico, de nuevo, porque menor liquidez para los bancos aumenta las tasas de interés. Esta fórmula afecta a la clase trabajadora mediante un aumento en el desempleo. La clase trabajadora entonces repara con un aumento del desempleo a las víctimas del conflicto.
Pero supongamos que Petro prefiere no afectar los prospectos de crecimiento económicos y de creación de empresa y empleo, y considera que ya es suficiente golpe para las empresas las reformas tributaria y laboral. Por lo tanto, digamos que Petro logra convencer al Banco de la República de que mantenga la liquidez que necesitan los bancos y financiemos las reparaciones con nuevas emisiones: imprimiendo plata.
Esta es la forma más directa de hacer que toda la sociedad pague la reparación a las víctimas e incluso disminuiría el monto de la reparación misma. Es decir, que incluso las mismas víctimas tendrían que repararse un poquito a sí mismas. ¿Por qué? Porque la reparación se paga con inflación, aumentando la deuda pública y reduciendo el valor del peso colombiano.
Nunca hemos tenido unas tasas de inflación tan bajas que nos dé un buen margen de maniobra la financiación de gasto público con inflación, pero si acaso, y corriendo grandes riesgos, se habría podido durante el gobierno Duque, cuando hubo tasas de inflación menores a 4%. No obstante, si lo hubiéramos hecho, la crisis de inflación y tasas de interés de hoy nos estaría golpeando aún más duro.
Hoy los colombianos, y sobre todo la clase trabajadora, está padeciendo los efectos de una inflación de 13%, la más alta desde la última crisis económica. Pedirles a los trabajadores que se aguanten que su dinero valga aún menos me parece la menos progresista e izquierdista de las propuestas.
Así que la propuesta de Petro, en principio, no es mala ni imposible. En el contexto adecuado, cualquiera de las dos, pagar la indemnización con aumento de inflación o de tasas de interés, puede funcionar, pero no estamos en ese contexto. Hoy la idea no sólo es mala y perezosa, sino suicida.
Para evitar la crisis económica que probablemente se avecina, el presidente debería asumir que el país en efecto está encaminado hacia una crisis. Por motivos que no son culpa suya, a Petro le ha tocado un contexto en el que tiene muy poco margen de maniobra para implementar programas costosos para el Estado o el empresariado. Lamentablemente, estamos en el peor contexto económico para aplicar políticas económicas de izquierda o “poco ortodoxas”, que florecen cuando la economía está boyante y el Estado se puede dar el lujo de aumentar el gasto público e imponer más costos a las empresas.
Esa no parece ser la lectura del gobierno actual. No estamos en modo de austeridad y prudencia. Yo veo cada vez más cerca una crisis económica, y me parece representativo de la visión económica del gobierno actual que, por un lado, se proponga una gran Paz Total con todos los grupos armados, mientras por el otro se lamente de que no hay plata para pagar el proceso de paz anterior. Tenemos que aterrizar.
Twitter: @santiagovillach
* Estratega y desarrollador de contenidos del Equipo de Democracia, Gobernanza y Derechos Humanos de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (PADF/FUPAD). Todo lo expresado en esta columna responde a las opiniones personales del autor. Nada de lo expresado representa la posición de PADF.