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La salud según Macron

Saúl Franco

04 de julio de 2017 - 09:00 p. m.

El optimismo por el triunfo del joven banquero Emmanuel Macron como presidente de Francia, frente a la ultraderechista Marine Le Pen, no parece que pueda extenderse al campo de la salud. Si bien hubo diferencias importantes en las propuestas en salud de ambos candidatos, las de Macron no alcanzan a configurar un aporte consistente y progresista para rejuvenecer el Sistema de Seguridad Social Francés (SSSF).

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Creado a principios del siglo XX, y muy influenciado después por el Informe Beveridge de 1942 en Inglaterra, el SSSF se inscribe en el llamado Estado de bienestar. La seguridad social incluye los servicios públicos y el seguro de salud. El financiamiento es público, mediante aseguramiento universal, con aportes laborales obligatorios. Es un modelo mixto, público-privado, de predominio público. De hecho, es el Estado quien fija los precios de los aportes y de los servicios de salud, y vigila a las aseguradoras, sin ánimo de lucro, para que manejen bien los recursos y paguen oportunamente a los hospitales públicos.

Los resultados del SSSF son relativamente buenos. La esperanza promedio de vida en Francia es hoy de 81 años, 85 para las mujeres y 78 para los hombres. La mortalidad infantil cayó en el país de 28 por 1.000 nacidos vivos en 1960 a 3,3 en 2013. El 95 % de los 69 millones de franceses está cubierto por alguna de las modalidades del sistema y todos tienen garantizados los servicios de saneamiento básico. El 62 % de las camas hospitalarias corresponde a los hospitales públicos. Los indicadores de satisfacción de las personas con los servicios de salud son muy favorables. El modelo sigue siendo muy solidario: mientras más enferma está una persona, menos paga y se le reembolsa hasta el 100 % del gasto en salud.

Pero, obvio, tiene sus problemas. Muy ligado al mundo del trabajo, el SSSF padece los efectos de un desempleo que ronda el 9 %, pero que en los jóvenes afecta a uno de cada cuatro. Además, sus costos son relativamente altos: para 2015, equivalían al 11,5% del PIB, el tercero más caro de Europa. Los intentos privatizadores son cada vez mayores. Y se han generado también una excesiva medicalización y una costosa medicamentalización. Uno de cada dos medicamentos comprados no se utiliza.

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La candidata Le Pen centró sus propuestas sanitarias en prometer:  mantener la seguridad social a todos los franceses; eliminar la “ayuda médica del Estado a los indocumentados”, como expresión de su xenofobia; reducir el precio de los medicamentos de alto costo, favoreciendo el uso de genéricos, y vender los medicamentos recetados por unidad; apoyar a las empresas francesas emergentes que contribuyeran a modernizar el sector salud, y negar la reproducción asistida a mujeres solteras o lesbianas.

Por su parte Macron, hijo de un médico profesor de Neurología, enfocó el programa sanitario de su partido En Marcha en tres objetivos. Primero: llevar a cabo “la revolución de  la prevención” —para atacar el tabaquismo, el alcoholismo, la obesidad y el sedentarismo, mediante la financiación de acciones preventivas en los centros de salud y la creación de un servicio sanitario de tres meses para que los estudiantes del área de salud se dediquen a tareas preventivas—. Segundo: luchar contra las desigualdades en salud, mejorando la calidad de vida de las personas mayores, aumentando los subsidios a la población dependiente y facilitando la reproducción asistida a todas las mujeres. Y, tercero: aumentar la eficiencia del sistema. Compartía con Le Pen la garantía de la universalidad del sistema, pero sin excluir a los migrantes e indocumentados, y la venta unitaria de los medicamentos formulados. 

La designación de la médica hematóloga Agnés Buzyn como ministra de Sanidad y Solidaridad, con prestigio académico y trayectoria administrativa, permite prever que habrá una gestión eficiente en salud. Pero están por verse los alcances y límites de la “revolución de la prevención”; los desarrollos de otras políticas sociales, en especial de empleo; los efectos de los recortes al Estado, propuestos también por Macron, y los compromisos previos del presidente y la ministra con el sector privado y la poderosa industria farmacéutica francesa. Ojalá no se retroceda.  

*Médico social.

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