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Ciudad en alta tensión

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Saúl Pineda Hoyos
20 de marzo de 2012 - 01:00 a. m.
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En días pasados tuve oportunidad de destacarle al alcalde Gustavo Petro en una reunión institucional —y por lo tanto pública— uno de los primeros logros de su administración: haber llevado hasta la cotidianidad de nuestras casas el sano debate en torno a su gestión.

Su sonrisa de asentimiento me dio la razón. Aunque también le hice notar mi desacuerdo con la forma como algunos líderes de opinión han salido a reclamar, en forma prematura, el fracaso de su mandato.

Es muy probable que esta polarización continúe hasta el final del presente período. La complejidad de una urbe del tamaño de Bogotá y el estilo propio de su gobernante me llaman a esta confesión de realismo.

Los trabajos analíticos del Cepec, en asocio con sus aliados internacionales, nos han permitido establecer que las ciudades grandes —aquellas que superan los seis millones de habitantes— coinciden con frecuencia en la fortaleza de sus economías, la atracción de capital humano calificado, su madurez financiera y la aglomeración de multinacionales. No es gratuito, en este contexto, que Bogotá se mantenga entre las diez primeras ciudades de América Latina en nuestro Índice de Atracción de Inversiones Urbanas (Inai), de próxima aparición. No obstante, otros indicadores nuestros revelan que estas ciudades tan atractivas para la inversión suelen estar congestionadas, padecen de contaminación, manifiestan gran segregación social y segmentación espacial, al tiempo que presentan enormes dificultades en su ordenamiento territorial.

Una tendencia diferente puede observarse en ciudades como Curitiba en Brasil, Monterrey en México y, más recientemente, Medellín en Colombia, situadas en el rango de 3 a 4 millones de habitantes en su área metropolitana. Todas ellas tienen potencial para crecer de manera más sostenible y aún no sufren en forma significativa los problemas de escala y externalidades negativas de las más grandes. Aunque unas y otras son inseguras. En cualquier caso, la experiencia de los últimos 20 años en Bogotá sí demuestra que la continuidad en medidas eficaces de gobierno, que “construyen sobre lo construido” e innovan en políticas públicas, en un ambiente de cooperación entre agentes económicos, políticos y sociales, se ha traducido en mejores condiciones de vida para los ciudadanos. El gobierno del territorio es el manejo de la complejidad. Por eso hay que evitar, a toda costa, la derivación en una suerte de “romanticismo autoritario” en una ciudad que hoy se encuentra en medio de alta tensión.

Saúl Pineda Hoyos

*Director Cepec Universidad del Rosario.

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