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Los dos cuatrienios anteriores representaron la profundización de un modelo de crecimiento excluyente y regresivo que además poco incidió en la relevancia y en la competitividad internacional del país.
En la región más “inequitativa” del mundo, mientras que un grupo de naciones presentaron mejoras considerables en la distribución del ingreso durante la década de los años 2000 —entre ellos Brasil, Argentina y Perú—, nuestro país permaneció inamovible al lado de Honduras en los más altos índices de iniquidad.
El director de Planeación Nacional, Hernando José Gómez, no tuvo ningún problema en aceptar esta realidad en el reciente debate de coyuntura económica y social convocado por Fedesarrollo. A ello ha contribuido, sin duda, la incapacidad de las políticas públicas para reducir de manera significativa la pobreza, que hoy se sitúa en el 45,5%, y para reducir el desempleo de dos dígitos, lo que nos coloca entre las tasas de desocupación más altas de América Latina. En estas condiciones, a la difícil coyuntura del invierno, cuya reactivación está en pleno auge, se suma la de una emergencia social que alcanza dimensiones estructurales y ante la cual pueden resultar insuficientes algunas de las metas del Plan de Desarrollo 2010-2014.
Aún así, tengo la convicción de que el DNP avanza por el camino correcto, a pesar de que su angustia por la inclusión de múltiples temas y actores sacrifica la selección de prioridades. Debe destacarse, en particular, la apuesta —esta sí ambiciosa— de romperle el espinazo al crecimiento del PIB potencial, hoy alrededor del 4% según el Banco de la República, para ubicarlo por encima del 6% anual. Si el esfuerzo orientado a las mejoras en productividad en las medianas y grandes empresas se asocia con políticas que favorezcan la distribución y la convergencia regional, la mitad del camino se habrá recorrido. Pero la otra mitad deberá completarse con una gran eficiencia en el gasto público para que rinda en beneficio de los más pobres y, simultáneamente, en apoyo de la infraestructura nacional.
Por estas razones, sería muy conveniente que no se pierda el rumbo de la seguridad, de tal manera que la invocación de algunos al pasado no nos desvíe de la senda del gobierno actual para recuperar el camino de la inclusión y la institucionalidad.
*Director del Centro de Pensamiento en Estrategias Competitivas de la Universidad del Rosario.
