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¡Sindéresis!

Saúl Pineda Hoyos

21 de mayo de 2012 - 08:00 p. m.

Después de la resaca por la celebración del ingreso en vigencia del TLC con Estados Unidos, convendría retornar al principio de realidad para evitar extremos viciosos en las expectativas.

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Ni es cierto que el TLC vaya a convertirse en un descalabro para la economía nacional, ni tampoco lo es que será la solución para sacarnos del subdesarrollo.
La coyuntura de algunos vecinos contribuye aún más a distorsionar el impacto de los acuerdos comerciales. Ni la leve desaceleración del crecimiento económico del Perú el año pasado se debió exclusivamente a los efectos posteriores de la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos, ni el notable desempeño reciente de la economía chilena tiene que ver únicamente con la evolución de ese mercado, que hoy sigue a China en importancia, gracias a la alta diversificación de destinos del país austral.

Creo que se impone el equilibrio. El TLC es una oportunidad para diversificar productos de exportación con potencial en los Estados Unidos y mejorar la calidad de nuestros empleos. Cabe recordar que hoy el 80% de nuestras ventas al país del norte se concentran en productos del sector minero - energético que prácticamente no necesitarán del acuerdo y generan poco empleo. Al mismo tiempo, los industriales colombianos tendrán una reducción inmediata de aranceles en equipos e insumos que no se producen en el país y que les permitirá bajar costos, para enfrentar, en algunos casos, a fuertes competidores.

No obstante, también creo que resultan sensatas las preocupaciones del Ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, cuando llama la atención sobre posibles concesiones excesivas de los negociadores en rubros del sector agrícola y aquellas de destacados analistas, quienes señalan riesgos sobre el ingreso de los campesinos. En el caso de la agricultura, es evidente la vulnerabilidad - tal como lo señala el propio ministro - de algunos renglones como lácteos, arroz, maíz, frijol y soya, además del sector avícola, que será uno de los más amenazados. Algunos demandarán instrumentos fiscales compensatorios, otros requerirán reconversión productiva.

Una mirada igualmente equilibrada merece el impacto del TLC sobre las PYMES. El país debe abrir un debate amplio sobre las oportunidades y amenazas de estas unidades productivas en el marco del acuerdo. Más en un momento en que languidece su representación gremial y en el que la interpretación de sus necesidades corre a cargo de quienes sólo representan los intereses de las grandes empresas.

Saúl Pineda Hoyos. Director CEPEC Universidad del Rosario

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