Fue más bueno que malo lo que ocurrió el domingo antepasado en elecciones. Que por primera vez en la historia hayamos sacado de la contienda todo nexo con los partidos centenarios de derecha, con sus fragmentaciones de este nuevo siglo, incluida la ultraderecha, es no solo sorprendente sino inclusive promisorio.
En matemáticas muy simples, sumados los números de Petro, Hernández y hasta los de Fajardo, estamos hablando de casi 16 millones de voluntades contra el establecimiento. Esta relación de tres a uno con los cinco millones de Gutiérrez, quien aglutinaba al oficialismo liberal, al conservatismo en pleno, a la U, Cambio Radical...
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