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Entre Petroski y Rodolfranco

Sergio Ocampo Madrid

06 de junio de 2022 - 12:00 a. m.

Fue más bueno que malo lo que ocurrió el domingo antepasado en elecciones. Que por primera vez en la historia hayamos sacado de la contienda todo nexo con los partidos centenarios de derecha, con sus fragmentaciones de este nuevo siglo, incluida la ultraderecha, es no solo sorprendente sino inclusive promisorio.

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En matemáticas muy simples, sumados los números de Petro, Hernández y hasta los de Fajardo, estamos hablando de casi 16 millones de voluntades contra el establecimiento. Esta relación de tres a uno con los cinco millones de Gutiérrez, quien aglutinaba al oficialismo liberal, al conservatismo en pleno, a la U, Cambio Radical y obviamente al Centro Democrático, es el mensaje más contundente del profundo hastío y la rabia contra los políticos de siempre, que ya se había manifestado por la fuerza con las violentas protestas a lo largo del gobierno que termina, y había comenzado a esbozarse con los resultados sorprendentes del referendo anticorrupción, y hasta con el foto finish entre Petro y Fajardo en el 18.

El país viene cambiando y sobran evidencias, pero baste dar el dato que mejor lo ilustra: en Barranquilla, Petro ganó con casi un 52 %, y eso sumado a un 14 de Hernández y a un 3 de Fajardo alcanza un 69 %. En Atlántico, con tendencias similares, esa sumatoria fue del 71 %. Hablamos de la tierra del clan más arquetípico de la vieja y corrupta política de siempre, los Char, donde Alejandro reinó en la Alcaldía ocho años, además. Irónico que un lío que enredó celos políticos con celos eróticos, como el de Aida Merlano, y chismes y platas mal contadas se haya constituido, quizás, en el inicio del ocaso de esta vieja mafia electoral y contratista.

Quizá por la sorpresa, por la inexistencia de antecedentes en la historia, se están oyendo lecturas muy simplistas de lo que ocurrió y de lo que viene. La primera es tildarnos de ingenuos a los que consideramos que el uribismo quedó herido de muerte, y que, aunque en política no hay muertos para siempre, el Centro Democrático nunca volverá a ser lo que fue. Es cierto que las Cabales, los Zuluagas, las Palomas, los Obdulios, y los Ficos, terminaron anunciando su voto por el ingeniero en la noche del domingo, y que todos van a terminar aterrizando allá. Pero yo veo una diferencia abismal entre el Uribe de hasta hace cuatro años que decidía él solo quién era el elegido, con el Uribe de hoy a quien le tocó apelar al plan B de Fico cuando constató que Zuluaga (el que dijo él) nunca despegó, y que ahora tuvo que aterrizar en un plan C, donde Hernández. Y todo en el silencio profundo del que sabe que puede ir a la cárcel y cuyo guiño se volvió una mirada de Medusa. Que Rodolfo es uribista; no creo. En realidad, al igual que Franco, el generalísimo español, que era antes que nada franquista, veo al ingeniero básicamente rodolfista.

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La otra ligereza grande que escucho es la de sumar automáticamente los cinco millones de votos de Gutiérrez el domingo a los seis de Rodolfo. Creo que la mayoría va a parar allá, pero también creo que le va a costar retener una buena parte de esos seis que obtuvo porque en alguna medida son votos antiuribe. El ingeniero va a tener que maniobrar bastante en el TikTok para explicar que ahora tantos de esos que él consideraba torcidos y “responsables de la ruina de Colombia”, están anunciando su respaldo. La mayoría de ellos, además, en clara oposición a varios postulados de su campaña como el sí al aborto, a la marihuana y al matrimonio y la adopción igualitarios. El ejemplo digno y claro lo dio esta semana el youtuber JotaPe Hernández, tercer senador más votado en el país, cuando renunció públicamente a acompañarlo para no estar en el mismo bando donde estén los uribistas.

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Sigo creyendo que Petro tiene la primera opción, pero sí creo que este escenario no se lo veía venir y no estaba preparado para ello. También creo que en los últimos meses acumuló muchos errores que le impidieron ganar de una vez ese domingo. El primero, admitido por él, fue aceptar a Piedad Córdoba entre sus filas, una política con señalamientos gravísimos y la posibilidad de terminar extraditada a USA. Lo segundo fue (y aquí déjenme explicar antes de dispararme) haber puesto a Francia Márquez como fórmula vicepresidencial, luego de unos resultados de consulta que llevaban su veneno pues la alta votación de ella tenía un porcentaje de infiltrados para frenar ingenuamente a Petro (ya lo hicimos hace 12 años cuando votamos por Noemí en la consulta de los godos para cerrarle el paso a Uribito). Admirando tanto a Francia, designarla fue más de lo mismo, en un gesto que complació a unos votantes ya cautivos, y fervientes, cuando lo que se requería era atraer al centro e inclusive a la derecha (la decente, que la hay) en un mensaje de apertura y de moderación. Lo tercero, horrible y garrafal, fue la extraña reunión de su hermano en las cárceles y la explicación de un perdón social sin lógica. Y lo último fue permitir que César Gaviria le pegara un portazo en la cara. Así sus contradictores pudieron afirmar que, por conseguir la Presidencia, Petro está dispuesto a todo, pero antes que nada, eso permitió que Hernández le pudiera arrebatar el discurso anticorruptos, el suyo original, por el que tantos hemos terminado adhiriendo al Pacto Histórico.

Rodolfo me parece un acertijo peligroso, y creo necesario contener y plantar resistencia a la aventura que enmascara. Por eso veo errado cuestionarlo por aquello de Hitler, de las mujeres en la casa (entre otras, ninguna de estas dos críticas es exacta), o las hipotecas. A este señor hay que exigirle aclarar lo de las basuras en Bucaramanga, tema en el que la Fiscalía encontró indicios de corrupción para acusarlo de celebración indebida de contratos y otros delitos. Asusta la posibilidad de un eventual presidente que podría quedar subjúdice muy pronto, con lo cual todo su discurso anticorrupción no solo sería fanfarria sino una burla miserable. Pero, además, hay que desnudar su excesivo localismo, esa parroquialidad con que parece concebirlo todo; no se le ve ni de lejos en un diálogo con el mundo y sus corrientes, ni se le nota ninguna claridad en los temas económicos o en la política exterior. Un gran peligro de improvisación y folclorismo. Los medios están llamados a hacer eso por su negativa a los debates.

Termino reiterando que, a pesar de los riesgos e incógnitas que supone el ingeniero, fue bueno lo que ocurrió el domingo 29, como mensaje poderoso a la política de siempre, como mensaje al mismo Petro sobre su estrategia y sus apuestas de todos estos años, incluido el libreto pugnaz contra los verdes. Siempre he sostenido que la fuerza política más grande del país es el antiuribismo; el domingo 19 de este mes sabremos si es así o si la fuerza mayoritaria es el antipetrismo.

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