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Entrevista a Petro sin ilusión de respuestas

Sergio Ocampo Madrid

25 de febrero de 2024 - 09:00 p. m.

En periodismo existe un ejercicio inusual pero válido y es el de publicar una entrevista sin respuestas. Es una opción extrema para dejar con espacios en blanco la constancia de que las preguntas están ahí y la intención de hacerlas, pero el personaje a quien van dirigidas no quiere responder. No pregunto entonces como periodista sino como ciudadano, uno que votó por Gustavo Petro varias veces, firmó cartas de apoyo y escribió columnas a su favor. Varias de mis preguntas ya fueron respondidas, pero a medias, o apelando a la fórmula del argumento ad hominem, de contestar con un ataque a quien interroga, o a la estrategia de reducir todo a que lo quieren tumbar del Gobierno. Aquí van:

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“A Benedetti cómo se le puede creer cuando él mismo dice ‘yo soy un drogadicto’; ¿a ustedes les parece que puede ser una buena fuente? Por eso pusimos el acelerador a fondo y en tres horas se cambió, aún más, la renuncia de él era a partir del 23 y yo me puse a pensar, ‘Virgen santísima’, quedan varios días, lo mejor es aceptarla inmediatamente”. Lo dijo su canciller, presidente, hace ocho meses, y hace dos semanas, nombró a Armando Benedetti como embajador ante la FAO, en Roma. Y, por cierto, reabrió esa embajada que estaba cerrada hacía 25 años, que era un costoso comodín político pues incluso se la ofrecieron a Santiago Medina, en el 94, antes de explotar el 8.000, y él la rechazó arguyendo que era un decorador, no un agricultor, para luego atestiguar que Samper sí sabía de los dineros calientes en su campaña. ¿Qué habría dicho usted si eso lo hace alguno de los otros gobiernos?, ¿sabe Benedetti cosas suyas como las que sabía Medina sobre Samper?, o ¿es que el propio canciller quiere tumbarlo a usted de su puesto?

En el mismo tema, ¿recuerda estas palabras?: “Proponemos que nuestro equipo diplomático en consulados y embajadas sea mucho más profesional. Que quienes hayan acumulado saberes alrededor de las relaciones internacionales puedan acceder a los cargos y no simplemente, como ocurre hoy, que llegan los hijos de los presidentes, los amigos de la clase política, algunos incursos en corrupción”. Lo dijo usted en 2022, en una publicación de la Universidad del Rosario. Hace menos de un mes, el sindicato de trabajadores de la Cancillería denunció que desde el 7 de agosto de 2022 iban 55 nombramientos a dedo, incluidos algunos muy polémicos como el del embajador en Nicaragua, México, Chile y el de Benedetti. ¿Lo quiere tumbar del poder el sindicato de Cancillería o la Universidad del Rosario?

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“Maduro es un incapaz y creo que está llevando a Venezuela a unas formas cada vez más profundas de dictadura que no van a salir bien”. Lo dijo usted de viva voz en 2018, cuando el dictador del país vecino acababa de ser reelegido en unas elecciones espurias. ¿Sigue pensando lo mismo de Maduro seis años después? ¿Qué posición tomará su gobierno frente a la inhabilitación como candidata de María Corina Machado por el Tribunal Supremo de ese país? ¿Por qué este terco silencio sobre el tema? Y en esta vía, otra pregunta conexa: ¿qué opina de las palabras de Maduro hace dos semanas de que ganarán las elecciones por las buenas o por las malas? ¿Si lo hubieran dicho Milei o Bukele estaría tan callado su Gobierno?

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“¿Qué hace Duque metido en Ucrania y Rusia, cuando debe resolver la guerra en Arauca?” ¿Lo recuerda, presidente?, lo dijo usted en 2022. ¿Qué respondería ahora si alguien le pregunta: ¿qué hace Petro metido en Israel y Palestina cuando debe resolver la guerra en Arauca, y también en Nariño, Cauca y en las calles de Bogotá y Barranquilla, asoladas por bandas criminales?

Cambiando el tema, presidente, en esta entrevista virtual, sin expectativas de respuestas, es imposible no volver a preguntar por el asunto del séquito de la primera dama, del cuerpo de asesores de imagen de la señora Alcocer, que cuesta $1.000 millones, sobre el que su oficina de prensa expidió un comunicado de tres páginas en enero pasado para justificar todas las contrataciones como un asunto de servicios para el Gobierno, entre las atribuciones del Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE). Quedan muchas preguntas flotando en el aire, luego de la rigurosa denuncia de La Silla Vacía: ¿por qué una funcionaria de Procolombia, María Antonia Pardo, lleva la agenda de la primera dama, y actúa en representación de ella en citas oficiales?, ¿por qué la jefa de protocolo, Carolina Plata, es la mejor amiga de Verónica Alcocer, no tiene títulos ni experiencia en ese campo, y por qué en sus funciones se añadió el servir a “la familia presidencial”, cuando el contrato de los anteriores jefes protocolares no incluía eso? ¿Qué diría, doctor Petro, si esto lo hubiera hecho el gobierno Duque o cualquier otro? ¿Está usted haciendo o permitiendo lo mismo que tanto cuestionó en el pasado?

Se me quedan muchas otras dudas en el tintero, sobre por qué criticar en el pasado el turismo presidencial al exterior, cuando completando los 10 primeros meses en el poder usted llevaba 19 viajes, uno más que Santos y tres más que Duque en idéntico tiempo; preguntarle si hubo algún personalismo, un revanchismo, en la pérdida de los Panamericanos para Barranquilla, de por qué hasta diciembre de 2023, según Infobae, llegó tarde, canceló o no acudió a 103 actos oficiales, la gran mayoría excusados luego con el argumento de “agenda privada”.

Una última pregunta, presidente, ¿cómo va la adicción al café?

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