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Las tesis ‘chimbas’ de este Gobierno

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Sergio Ocampo Madrid
03 de marzo de 2025 - 05:06 a. m.
"El responsable de la educación en Colombia no tiene tiempo para estudiar, pero le apostó al pinochazo de ver cómo le iba en el examen" - Sergio Ocampo
"El responsable de la educación en Colombia no tiene tiempo para estudiar, pero le apostó al pinochazo de ver cómo le iba en el examen" - Sergio Ocampo
Foto: Ovidio Gonzalez S
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A lo largo de poco más de un siglo, el Ministerio de Educación ha sido ese tinglado donde se pone en escena desde lo sublime hasta lo mezquino de los gobiernos que lo comandan y los personajes que lo dirigen, en episodios que se mueven entre lo admirable, lo anecdótico, lo cruel, lo lastimoso, lo triste, y hasta lo divertido. Por allí pasaron, cuando aún se llamaba Ministerio de Instrucción Pública, dos expresidentes, Marco Fidel y Lleras Camargo, y varias cumbres de la intelectualidad colombiana como Germán Arciniegas, Fernando Hinestrosa, Agustín Nieto Caballero; también personajes de la talla de Jorge Eliecer Gaitán, quien soportó con valor las críticas virulentas del conservatismo, y en particular de Laureano Gómez, por arriesgarse a organizar una exposición de una joven artista antioqueña llamada Débora Arango, que pintaba desnudos y alegorías políticas.

En los años 50 del siglo XX, un dictador militar puso a Josefina Valencia para que oficiara en el cargo como primera ministra en toda la historia, y doña Josefina, que ostentaba el “de Hubach”, apellido de su esposo, tuvo muchos problemas con el magisterio, básicamente por ser mujer. En los 70, hubo un ministro casi adolescente, Luis Carlos Galán, de 26 años, y la gran paradoja fue que mientras él ejercía esa dignidad tan alta, su hijo mayor, Luis Alfonso, concebido con la empleada del servicio doméstico de su casa paterna, y mantenido oculto, estudiaba en una escuela rural de El Rosal (Cundinamarca) donde compartía salón con chicos que iban de primero a quinto de primaria. Poco después, a fines del 72 o 73, el entrañable Guillermo Alberto González Mosquera, entonces viceministro, y ministro encargado por unos días, se enfrentaba a la noticia doméstica de que tres de sus cuatro hijos habían perdido el año.

Culminando el siglo tuvimos a una ministra, Olga Duque, famosa organizadora de frijoladas para la clase alta bogotana, y recordada por aquella frase de antología, cuando empezaron a cuestionar su falta de conocimiento en el campo educativo: “qué más experiencia que haber criado seis hijos”. Poco después se llevó parte de su experiencia a su despacho y nombró secretaria a su hija Ximena.

Ya en este siglo, el presidente Santos nombró en esa cartera a Gina Parodi, una mujer de sexualidad diversa, y desde la ultraderecha, con su brazo armado en la Procuraduría, y las iglesias cristianas, le hicieron una guerra feroz hasta conseguir sacarla del puesto, apelando incluso a la distribución de unas cartillas falsas que, según ellos, pretendían volver homosexuales a todos los niños.

La semana pasada, al actual ministro, Daniel Rojas, un comité evaluador de la Universidad Nacional le devolvió la tesis de maestría, no con correcciones sino con el veredicto de tener que volver a hacerla. Un ministro literalmente reprobado por académicos y profesores de la universidad pública más importante del país, una institución cuyo consejo superior lo preside ese mismo ministro. Más allá del rechazo a la tesis, que le puede ocurrir a cualquiera, el episodio puntual, pero también sus desarrollos inmediatos, parecen escritos como una metáfora de lo que es este gobierno de Gustavo Petro y del momento histórico.

Según el concepto de los jurados, el trabajo de grado “en su estado actual presenta debilidades en términos teóricos y de rigor conceptual”. Difícil no hacer la analogía entre eso y las debilidades y falta de rigor de las teorías petristas sobre el país al que llegó a gobernar, el de “200 años de fascismo” de antes de él, y sobre el país posible, del vivir sabroso y la potencia de la vida, de cuando culmine. Más adelante, en ese mismo documento se afirma que “las preguntas de los jurados no fueron contestadas satisfactoriamente por el estudiante”. Suena conocido y hace pensar en que este gobierno es malo para responder cuando lo interrogan acerca de los Benedetti, las Sarabia, los Olmedos, los papás Pitufo, pero también sobre las bajas ejecuciones presupuestales, la improvisación, las prácticas políticas tan parecidas a las que criticaba, y los silencios frente a Venezuela y su dictador, o a Rusia y su otro dictador. En dos años y medio, muchas preguntas no han sido contestadas satisfactoriamente por “el estudiante”.

En comunicado posterior, la universidad aseguró que Rojas “tiene la opción de reescribir su documento para subsanar las falencias o de cambiar el tema de tesis”. Y le conceden doce meses de plazo. Al Gobierno le quedan esos mismos meses para subsanar sus falencias o unos dieciocho para cambiar el tema, que sería entregarle el poder a la ultraderecha. No creo que al estudiante Petro lo dejen repetir el año.

La defensa posterior del presidente ante la reprobación a su ministro también es de remarcar: “es mejor presentar las tesis hechas por uno mismo que copiar las hechas por otros”, un mensaje en esa lógica de él de ganar con cara y no perder con sello, y recalcar que, eso sí, su muchacho al menos no hizo plagio.

Y para completar vino la explicación de Rojas: “Pues sí. No tuve tiempo de preparar la defensa, cumplí la cita por respeto con los jurados, pero sabía que no iba a poder sustentarla porque no he tenido tiempo de prepararla”. Esto ya no es metáfora sino todo un oxímoron: el responsable de la educación en Colombia no tiene tiempo para estudiar, pero le apostó al pinochazo de ver cómo le iba en el examen, y ¿si no tuvo tiempo entonces para prepararse cómo hizo para escribir la tesis si eso es mucho más complejo y demandante, o fue por eso que le quedó tan débil teóricamente y con falta de rigor conceptual? ¿Le sacaba raticos a su cargo anterior en la Sociedad de Activos Especiales, SAE, de donde pasó al Ministerio?

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No tuvo tiempo porque estaba escribiendo trinos con hijueputazos que es la forma en que éste " educado" ministro trata a los que ya sabemos que Petro es un mediocre sin remedio
Diego Peláez Villegas(18i1n)04 de marzo de 2025 - 03:49 a. m.
Por lo visto hasta por aquí hacen presencia las bodegas del régimen o, simplemente, borregos . No se sabe cuál de los que opinan criticando al columnista es más obtuso.
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