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Todos perdemos este domingo

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Sergio Ocampo Madrid
25 de mayo de 2026 - 05:05 a. m.
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Gane el que gane este domingo, los perdedores seremos todos. Y lo seremos porque vistas las tres candidaturas con opción real de ganar, lo que se viene es un espantoso cuatrienio de radicalización de discursos y proyectos políticos, de más división y pugnacidad, de revanchismos en caso de que la ultraderecha llegue al poder y reinstale sus lógicas delfinescas y excluyentes, y la izquierda entre en oposición a punta de movilizaciones, exacerbación del malestar y estallidos sociales, o de que la izquierda continúe en él e inflame más su discurso, su estrategia de confrontación de clases, de redención de los pobres por decreto y subsidio, su refundación de un país en el que, salvo estos 4 años, todo ha estado mal, pero donde un negro no puede ser de derechas ni conservador, los Brayan están malogrados desde el nacimiento, y los maricas son buenos si están a la izquierda pero a la derecha son solo lentejuelas y plumas. Y vendrán bloqueos frontales en el legislativo, y choques de trenes con Cortes y órganos de control.

Es cierto que la izquierda creció en este tiempo de Petro, que aprendió lecciones, adquirió experiencia para gobernar, entre otras con las mismas mañas, los mismos hábitos y costumbres políticas que tanto combatió y cuestionó, pero también es cierto que el establecimiento de siempre aprendió a barajarle sus iniciativas, a frenarle sus ímpetus reformistas, y a hacerle humo sus intentos transformadores, algunos positivos incluso, algunos bienintencionados, pero generalmente mal formulados, y casi siempre muy mal gestionados. Sin duda hubo mezquindad en las derechas para torpedear avances sociales, pero en ese objetivo les ayudó mucho la evidente improvisación de Petro en la mayoría de temas, la tendencia a actuar de modo impulsivo, con excesiva fe en su propia intuición más que en estudios y planes, el permanente chantaje con la calle, la protesta y la constituyente, y en últimas esa actitud que siempre pareció más enfocada en anticipar fracasos por la culpa de otros, y en dejar constancias más que realizaciones.

El panorama es aterrador gane quien gane, y todos perdemos. Paloma Valencia significaría devolver el péndulo hacia el otro extremo, regresar al país del determinismo por los apellidos, el de la convicción aristocrática, no en el sentido en el que lo planteó Aristóteles del gobierno de los mejores, por virtudes y búsqueda del bien común, sino en el de su perversión, o sea el de las oligarquías, en la búsqueda de su propio beneficio. Sería reivindicar otra vez al vetusto expresidente Uribe, ya tan cercano a la cárcel y a la ignominia.

No imagino un mandato de Abelardo de la Espriella, y con él un gobierno enloquecido por romper la frontera de los extremismos, en una comedia diaria de vanidad y ridiculez, a lo Milei, con algo de alfamachismo perturbado, a lo Bolsonaro, apología permanente a la fuerza y condescendencia con la violencia estatal, a lo Trump, y un amedrentamiento legal constante, o escarnio público, a todo lo que piense y opine distinto, dígase prensa, dígase académicos, dígase inteligencia. Esto último, al estilo del clásico dictador latinoamericano, el de las novelas, el que terminaba siendo hasta divertido, por inverosímil caricatura, en la enajenación de su ego, y en la terrible oscuridad de su sordidez.

Con Cepeda me pasa algo diferente. Luego de admirarlo y alabarlo como senador, como un luchador de paz y verdugo justiciero del expresidente Uribe, no estuve de acuerdo el año pasado con que se lanzara a la presidencia, entre otras porque empañaba esa causa legítima y justa de dejar a Uribe en su dimensión real e histórica de hombre que llegó al poder como la culminación de un proyecto paramilitar, y así mandarlo a la cárcel; tampoco estuve de acuerdo con nombrar a Aida Quilcué como vicepresidenta por un doble mensaje que no comparto: radicalizar a la izquierda y hacia el revanchismo su propuesta política, y pretender que la deuda con los eternamente excluidos se paga solo con elevarlos a dignidades que nunca tuvieron, y que la condición de campesino, negro, vulnerable, es suficiente para ocupar esos cargos, sin exigencia de calidades y méritos. Hoy me asusta su actitud terca y conveniente de legitimar a Petro en todo, de matizar sus errores, eludir los debates, no asumir posturas frente a problemas acuciantes como la seguridad y la salud, propiciados por este gobierno. Por eso no votaré por él.

Cepeda llegó en el momento que no era, porque de lejos es mejor, más sólido intelectualmente, más estructurado, menos volátil, menos enfermo de poder y ego, espero que menos sinuoso y menos contemporizador con las corruptelas, menos vengativo, y menos hablador de mierda que Gustavo Petro. Hace cuatro años hubiera votado por él, con la convicción real y no con la forzada y resignada con la que voté por Petro. Entonces nos hubiera evitado estos cuatro terribles años, y la amenaza de un Abelardo con una clara opción de ser presidente.

El panorama por donde se mire es desolador, y más al pensar que ahora al expresidente Uribe, con su resistencia a no retirarse, se le sumará el expresidente Petro, viudo de poder, y ya sin los controles ni cortapisas que le imponía su investidura. Todo eso en un país sobreendeudado, con déficit fiscal galopante, con Ecopetrol perdiendo valor, la salud destrozada, y la guerrilla y las bandas tocando trompetas en las goteras, de Cali, Medellín, Bogotá.

Y Fajardo y Claudia, opciones que podrían romper estas perversas dinámicas y este panorama atroz, muertos y sepultados en la indiferencia.

Que Dios nos coja confesados este domingo.

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Gvbnllnh. Bvc. Nm. N jn(98086)Hace 7 minutos
Bro. El que no toma estancia por algo, se tropieza con todo. No han terminado las elecciones y ya eres un perdedor. No dejes que la frustración y la envidia te llenen de rencor y odio. Supérate y trabaja por los tuyos. No esperes que te regalen todo. Ánimo.
Juan felipe Vélez gomez(82042)Hace 10 minutos
Por Cepeda.
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