Publicidad

Tres certezas a un mes del paro

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Sergio Ocampo Madrid
31 de mayo de 2021 - 03:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

El paro cumplió un mes el viernes, y dentro de tantas incertidumbres, ya empiezan a vislumbrarse unas primeras claridades, incipientes, pero también rotundas y auspiciosas. Con el recurso de tres imágenes, este es mi corte de cuentas:

La primera es la de la transformación de ese monolítico e impersonal monumento a Los Héroes en un impresionante mural, con la palabra “Enemigo público número 1”, y un rostro que funde una calavera con la cara de Álvaro Uribe. En el centro, la estatua ecuestre de Bolívar con su espada en alto en una mano y un gran lápiz bajo el otro brazo. Toda una nueva estética, hermosa, vibrante, no convencional, prolífica en simbolismos que llevaron a un lugar árido y consuetudinario, ajeno, a convertirse en un espacio apropiado por miles casi todos los días para plantar resistencia.

Es una pequeña mutación urbana pero una gran metamorfosis social que empieza a construir sus espacios sagrados, esos que nunca hemos tenido y que tienen todos los países donde la gente fue protagonista de los profundos procesos de cambio social: la Concordia, en París, como sede de tantas comunas; la plaza de Loreto donde los italianos acabaron con el fascismo; la calle frente a la Casa Blanca, de Moscú, donde Yeltsin sobre un tanque logró aglutinar una muchedumbre en contra del golpe de Estado que quería devolver al país hacia el comunismo; Lafayette Square, Washington, donde miles de jóvenes frenaron la guerra en Vietnam.

El viernes hubo concierto en Los héroes, monumento cerrado, autoritario en su verticalidad, sin concesiones para el transeúnte, pensado por Laureano Gómez para Bogotá, con todo un bulevar de otras esculturas que nunca llegó a edificarse. Ahora, lleno de color, habitado muchas horas por manifestantes y por sus ecos cuando no están, sugiere que esto que empezó la imbecilidad de un presidente, y la estirpe sangrienta y torcida de su grupo, ya no tiene reversa. No la tiene y va a cristalizar por primera vez, quizás, en el inicio de un nuevo tiempo político.

La segunda imagen es muy dolorosa, como siempre lo es la violencia. Es la de aquellos policías que el 4 de mayo iban a ser quemados en un CAI de Soacha. Qué doloroso verlos escondidos allí, qué lamentable observar cómo alguien abrió un hueco en un vidrio para derramar gasolina; qué denigrante ver a esos muchachos, tan jóvenes como sus agresores, salir huyendo para salvar la vida. Qué monstruoso y enfermo todo eso. No me quiero detener en esa polémica, válida pero inacabable, de justificar algo atroz por las decenas, cientos, de otras imágenes de brutalidad policíaca, de patrulleros abusando de su autoridad, abriendo fuego indiscriminado; de aquello tan turbio de que en un camión policial vayan agentes de civil con quién sabe qué oscuros propósitos, además de hacer inteligencia. En el informe entregado por la alcaldesa Claudia López al Defensor del Pueblo, se documentaron 741 heridos en este primer mes en Bogotá, entre ellos 380 policías y 361 civiles.

Tampoco creo que valga la pena detenerse en la actitud que descalifica las protestas porque haya agresión, vandalismo y saqueos. En la historia, casi ningún proceso social cuyo protagonista fuera el colectivo se ha hecho sin esa horrible partera de la historia que es la violencia. Además, hay demasiada ira objetiva y justa por tantos años de desdén, de burla, de visión excluyente y desinterés de las dirigencias, y de ese saqueo continuado y cínico que es la política. Lo que verdaderamente me dicen esas imágenes de multitudes incendiando los CAI, maltratando a los agentes del orden es que esa institución llegó a un punto máximo de degradación hasta romper para siempre el pacto básico de una sociedad sobre quién la debe proteger y quién debe tener el monopolio del uso de la fuerza. Los CAI nacieron hace más de tres décadas para acercar a las comunidades con su autoridad, para que se sintieran defendidas y respaldadas; algo muy malo debió pasar en todo este tiempo adentro de esa entidad para que la costumbre haya llevado a verla como una enemiga.

Más allá de reformas tributarias, a la salud, a la justicia, quizá la más urgente de todas las reformas es la de la Policía. La corrupción adentro es aterradora y eso lo percibimos todos, desde el microtráfico de drogas en los barrios, hasta el control de los establecimientos nocturnos, pasando por los comparendos de tránsito. El miércoles, una avioneta cargada con coca, del esposo de Alejandra Azcárate, despegó de Guaymaral, donde está la Policía Antinarcóticos. En lo personal, no creo en ese cuento chimbo de las manzanas podridas; el que dice Duque, el de Miguel Uribe, sino en que la podredumbre es estructural. Urge reformar a la Policía, inclusive por su propia seguridad, por su bienestar, y porque es imposible pensar en un nuevo pacto social con su terrible lastre y con lo que simboliza.

La última imagen es la del ministro de Defensa, Diego Molano, en el debate de moción de censura del martes pasado. Creo que ninguna institución ha pasado de agache tanto como el Congreso en la crisis actual. Mudos, invisibles, desconectados de todo. Si la Policía tocó fondo hace rato, el Congreso está más abajo desde hace mucho más tiempo, y ya no pasa de ser una empresa del crimen, del cohecho y la impunidad. Así como hundieron la absurda reforma tributaria, al menos podrían haber mostrado una mayor hondura en el debate para tumbar al ministro y bajarle presión a esta crisis con su salida. Los ministros son básicamente fusibles que se pueden cambiar para evitar males mayores a todo el sistema.

Creo que hay demasiada ilusión en unos cambios que vienen, sobre todo por el posible ascenso al poder de un personaje no solo sin ninguna ligazón con el establecimiento de siempre sino un crítico y opositor con una legitimidad ganada. Sin embargo, en lo personal creo que la verdadera transformación profunda se consigue, antes que nada, en el Congreso, no con una reforma para recortar curules y sueldos sino constituyendo unas nuevas mayorías que nos representen a todos los que estamos marchando en la calle.

Conoce más

Temas recomendados:

 

juan(9371)31 de mayo de 2021 - 08:35 p. m.
Que Duque pare a sus asesinos uniformados y de civil, además empleados oficiales, hoy hubo otra masacre más con nueve muertos y el bobo ahí, disfrazado de tombo.
Pedro(18355)31 de mayo de 2021 - 04:16 p. m.
Mientras un policía, además de educación en derechos humanos, no reciba también un salario digno, no tendremos una policía digna. Porque en una sociedad en donde el consumo de lujo es una aspiración alimentada en todas las pantallas por vulgares cultos al consumo y a la fama, y en donde cualquiera tiene una pantalla, que los que guardan el orden tengan que vivir miserablemente, no tiene sentido.
simon(tz6ov)31 de mayo de 2021 - 02:28 p. m.
Cada día mueren 500 colombianos por Covid, es decir 15,000 personas desde que comenzó el paro; la mayoría personas mayores de 50 años que labraron su propio destino trabajando duro. Desde el comienzo del paro han muerto menos de 150 terroristas que han vandalizado, secuestrado y bloqueado al país, lo cual apunta a que la respuesta del gobierno a las acciones terroristas ha sido timorata y cobarde
  • simon(tz6ov)31 de mayo de 2021 - 05:22 p. m.
    Los terroristas vándalos jamás aportaran algo constructivo al país, pues solo saben destruir. Son personas que nunca tuvieron un padre, nacieron de madres solteras, son cognitivamente limitadas debido a su pobre alimentación en su infancia, lo que las convirtió en analfabetas funcionales y por ende incapaces de progresar. Son y siempre serán criminales en potencia que no merecen vivir
  • usucapion1000(15667)31 de mayo de 2021 - 04:45 p. m.
    EL MAYOR TERRORISMO QUE HEMOS OBSERVADO, simoncito, ES TERRORISMO DE ESTADO. Vea videos, hijito, a ver su sale de la burbujita en que lo guarda su apá.
Atenas(06773)31 de mayo de 2021 - 01:36 p. m.
En campo yermo y estéril campea Ocampo con sus fútiles opinionadas. Así son los simples docentes, cuenteros e indecentes. Y se llena d embustes pa no admitir q' lo ocurrido fue pa nos una carambola a 3 bandas: de USA vino la canciller con soberano apoyo; las FFAA, con sutil enojo, no le quitarán a esto el ojo y q' en el ambiente se siente el malestar creciente con la izquierda y van a la mierda.
  • Gustavo(54504)31 de mayo de 2021 - 09:02 p. m.
    La representante del virreinato fue a rendir cuentas a los amos y de paso pedir limosna .Cuando tendremos la dignidad de resolver nuestros problemas acá y no pedir autorizaciones a nadie foráneo. Pero esto le encanta a la gente de bien , como Apenas.
  • Hernan(7821)31 de mayo de 2021 - 05:25 p. m.
    A la mierda van tu adorado matarife y todos sus secuaces, de manera apenitas como defensor y cómplice de estas bestias, estas involucrado.
  • usucapion1000(15667)31 de mayo de 2021 - 04:46 p. m.
    A PENAS, YA NI PENA PROVOCAS. Poveraccio.
Berta(2263)31 de mayo de 2021 - 12:37 p. m.
¡Excelente columna!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.