El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

2022: derrotados los malos augurios

Sergio Otálora Montenegro

26 de diciembre de 2022 - 12:01 a. m.

Que un movimiento de izquierda pudiera gobernar a Colombia, era una de esas grandes expectativas con las que arrancaba el 2022. Los malos augurios aparecían en cada esquina, con el asesinato de dirigentes populares o desmovilizados de las antiguas Farc. Las manifestaciones de Petro se habían convertido en una imagen clara de una democracia sitiada: el candidato arengando a las multitudes, rodeado de guardaespaldas y protegido por un gigante escudo antibalas.

PUBLICIDAD

Las amenazas de muerte no daban tregua.

El Pacto Histórico – una coalición diversa y contradictoria - sacó una votación histórica en Cámara y Senado, sepultó al uribismo y llevó al poder a Gustavo Petro, un sobreviviente del exterminio, y muestra clara de un profundo sentimiento de cambio. A cuatro meses de su posesión, todos los matices de la derecha lo critican como si esta miseria, esta corrupción sin límite, este baño de sangre que no termina, se lo hubieran inventado ayer los que ahora ocupan la Casa de Nariño.

La llamada oposición y sus intelectuales y opinadores de bolsillo, pretenden dar clases de cómo gobernar con sensatez y moderación. Tuvieron doscientos años para resolver los graves problemas que crearon, y lo que hicieron, en resumen, fue profundizarlos, volverlos casi insolubles. Pero por la izquierda tampoco escampa. Hay “influenciadores” y feministas que disparan desde Twitter, a diestra y siniestra, su profunda insatisfacción con el Pacto Histórico, al que consideran antifeminista, entregado a la corrupción y a las prebendas de siempre. Es decir, es más de lo mismo. Petro es una decepción absoluta.

El exhibicionismo intelectual, el ego insaciable de estas celebridades virtuales, el irrefrenable impulso de criticarlo todo desde la comodidad de una plataforma digital, de pasarle cuentas de cobro a un gobierno que apenas está despegando, es la otra parte del juego de no entender los retos que hay por delante y cómo es de veras prematuro lanzar juicios concluyentes ante una administración que llega a enfrentar el lastre de décadas de hegemonía bipartidista y después lo que quedó de ese animal bifronte: el uribismo y todos sus brazos burocráticos, las babas enormes del pastranismo, y en el medio, el remanente de conflicto armado descompuesto, tocado por las guerras territoriales con el narcotráfico, las llamadas bandas criminales, las disidencias y ahora la presencia del Eln en Venezuela.

Por lo pronto, Petro tiene claro que las negociaciones con el Eln, no pueden ser una reproducción al calco de las que se hicieron con las Farc en otro contexto histórico. Las comunidades afectadas por la confrontación entre esta guerrilla nacida del influjo de la revolución cubana y la teología de la liberación, las bandas armadas del narcotráfico, y las disidencias, son las que están en primer plano en esta negociación. Por lo tanto, hay un componente territorial de grandes dimensiones, y la paz, como bien lo dijo Otty Patiño -delegado del gobierno en la mesa de negociación- sería en este caso que las huestes de Pablo Beltrán pudieran, sin armas, gobernar en los territorios “donde tienen una base social sólida”, dentro del gran acuerdo nacional planteado por Petro.

Y está la audacia de la llamada paz total, que pasa por la desactivación del negocio del narcotráfico y la modernización del sector rural. Van quedando también, en el camino, algunas cosas que parecen cocinadas de afán: los llamados gestores de paz, la manera cómo se está tratando el complicado tema de la primera línea, esa enorme fila de jóvenes que le pusieron el pecho a la violencia policial, en defensa de sus comunidades y de la legítima protesta callejera, y en ese proceso también hubo desmanes, destrucción, vandalismo. ¿Cómo evitar que se criminalice la inconformidad social y, al mismo tiempo, se respeten los procesos judiciales en curso, en contra de quienes enfrentaron, en la primera línea de defensa, los abusos de autoridad de la fuerza pública?

En estos cuatro meses vertiginosos de gobierno, en los que a diario Petro pone la agenda noticiosa, han quedado establecidos los grandes temas: la reforma tributaria (ya sancionada por el presidente) la reforma política (en pleno debate, con fuertes reacciones negativas dentro de la misma coalición de gobierno), la reforma agraria establecida en los acuerdos de La Habana, la transición energética, el plan nacional de desarrollo participativo, que busca armarse a través de la voz de las regiones, de las comunidades, la política internacional centrada en los efectos del cambio climático.

También hay detalles que preocupan: la tendencia de Petro a convertir su cuenta de Twitter en instrumento de gobierno, pasando por encima de su gabinete, sus asesores y voceros. El ejemplo más cercano que hay es Trump, su megalomanía e incompetencia convirtieron esa red social en arma de retaliación política, en altoparlante de decisiones de alto gobierno, y en plataforma de desinformación e incluso de incitación a la violencia. No es el caso de Petro, pero la manera como gestionó la crisis de Perú, con sus trinos escritos casi en tiempo real, en caliente, sin hablar con el Canciller y la delegación colombiana en ese país, y sin procesar más lo que llevó al expresidente Pedro Castillo a imitar a Fujimori, es un ejemplo de gobernar a través de redes sociales. Eso es caudillismo puro, y se puede convertir en un irrespeto sistemático a las vías establecidas para tramitar conflictos o acciones de gobierno. Ojalá nunca pase que Petro -como lo hizo Trump- destituya altos funcionarios vía Twitter.

Y a propósito de Trump, nadie pensó a mediados de este año, y después de las primarias en Estados Unidos, que el expresidente sería el gran derrotado de las elecciones de mitad de termino del pasado 8 de noviembre, que su apoyo se convertiría en el “beso de la muerte” para los republicanos, y que su influencia disminuiría con el paso de los días dentro del grueso del partido que hace apenas cuatro meses aún le tenía pánico al poder del trumpismo, asentado en la residencia del supuesto magnate en Florida.

No ad for you

Está en muy serios problemas legales, y ahora lo interesante será ver si esta potencia, que tantas veces se ha mostrado al mundo como modelo de democracia, es capaz de acusar penalmente y llamar a juicio a uno de los dirigentes más corruptos y desestabilizadores que ha tenido Estados Unidos en toda su historia.

No hay duda de que 2022 fue muy bueno para la democracia en Colombia y de la región, y todo parece indicar – no hay que cantar victoria antes de tiempo- que esa podrida luz naranja que se prendió en 2016 con la victoria de Trump -mezcla de populismo, xenofobia y fascismo- está a punto de apagarse.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.