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Al mando de la locomotora

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Sergio Otálora Montenegro
25 de octubre de 2008 - 03:47 a. m.
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EL GUIÓN YA ESTÁ EN LA MESA CON todos sus ingredientes: agitación social en crescendo, izquierda legal visible y, por lo tanto, objeto de seguimientos y de tareas de inteligencia contra sus líderes y, por último, el fantasma de la guerrilla.

No sobra recordar, para los que llegaron tarde a la película, que ese era el contexto de 1988: paros cívicos en todo el país, triunfo electoral histórico de la Unión Patriótica, accionar de la subversión que, para ese entonces, ya no estaba en tregua (decretada cuatro años atrás en el gobierno de Belisario Betancur), y se la acusaba de estar detrás de las huelgas, los paros y los bloqueos de carreteras. Por ese entonces, durante la administración de Virgilio Barco, aparecieron listas negras, amenazas, sentencias de muerte que, en efecto, se cumplieron. Masacres en las zonas, precisamente, donde el movimiento cívico era fuerte y en los bastiones electorales de la UP.

La historia es la misma, pero con una gran diferencia: ahora, los que sobrevivieron al exterminio están en la gran disyuntiva de hacer alianzas o dejarse cooptar por los mismos de siempre, es decir, los supuestos “progresistas” del glorioso Partido Liberal.

Ahí está el desafío del Polo, movimiento al que le ha tocado vivir, bajo el régimen uribista, lo bueno, lo malo y lo feo de convertirse en una fuerza electoral importante, con una influencia real dentro del escenario político colombiano. Eso, por supuesto, ha despertado grandes ambiciones y agudas contradicciones, en parte azuzadas por la presencia, a veces oportunista, de algunos notables periodistas y medios de comunicación que buscan pescar en río revuelto.

¿Qué lugar del tren quieren ocupar personajes como Gustavo Petro o Lucho Garzón? ¿Quieren estar al frente de la locomotora, o ser apenas pasajeros de tercera en el vagón de carga de Ernesto Samper? ¿Buscan, de manera ilusa, ganarse la bendición del Partido Liberal para pelechar, o mantenerse dentro de las decisiones que tome el electorado del Polo?

El filósofo francés Bernard-Henri Lévy, en un libro que se llama La izquierda en tiempos sombríos, explica, entre otras muchas cosas, por qué no aceptó la invitación del hoy presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, a que hiciera parte de su movimiento político. Lévy habla de la fidelidad, en primer lugar, a las imágenes, muy suyas, pero que también hacen parte de una historia: la guerra civil española, la Francia ocupada por los nazis, el Chile de Allende…

No sé qué imágenes tengan Petro y Lucho en su cabeza, pero lo que sí sé es que deben de ser muy fuertes por su propia trayectoria: el día en el que se decretó la tregua con las Farc, y hubo una amnistía sin entrega de armas; el delirio mesiánico que generó la toma del Palacio de Justicia, y su sangrienta contratoma, con desaparecidos y asesinatos a mansalva; la demostración multitudinaria durante el entierro de Jaime Pardo Leal; Carlos Pizarro, ya en la legalidad, tratando de que la paz “no fuera asesinada en primavera”. El archivo es casi infinito.

Lévy dice: “Por cada nueva aventura política, son esas imágenes, sólidas como nuestra propia carne, específicas incluso cuando se mezclan con otras, las que nos hacen ser lo que somos, las que permanecen con nosotros, las que nos siguen”. Esa memoria histórica es la que no puede hacerse a un lado, ante la urgencia de los egos y las agendas individuales. Es claro, entonces, que son necesarias las alianzas, pero con las riendas en la mano: la izquierda democrática dejó de ser marginal, para convertirse en alternativa seria de poder.

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