El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

“Algún día tendremos que llorar juntos”

Sergio Otálora Montenegro

25 de junio de 2021 - 10:00 p. m.

En un escenario teatral, las dos partes de un drama de verdad, cruel y devastador, se encontraron cara a cara: las víctimas del secuestro y sus verdugos, los excomandantes de las Farc.

PUBLICIDAD

Cada uno de los invitados contó su historia, en medio de lágrimas, de sentimientos encontrados, tal vez de imágenes y sensaciones que regresan del pasado, intensas, y en medio de todo, siempre apareció la palabra perdón, y también la certeza de que jamás habrá olvido. Hubo preguntas y reclamos, por qué asesinar a Gilberto Echeverry, por ejemplo, si él amaba la paz. Diana, después de 31 años de haber vivido en carne propia la zozobra del secuestro de su esposo, dijo en medio del llanto: “yo estoy aquí, buscando perdonar a las personas que ocasionaron este sufrimiento, este hecho que dejó tantas secuelas en nosotros”.

Mientras que en el Teatro Libre, donde se realizó esta reunión en la que hubo gran sinceridad, cierta dureza de espíritu por parte de los exguerrilleros, y un intento cierto de reconciliación, se habló de la guerra en pasado, la que en un momento dado, durante cincuenta años, protagonizaron las antiguas Farc, en otra esquina de Colombia, en el polo opuesto, continúa esa misma tragedia. Siguen los secuestros, las desapariciones, los asesinatos, los grupos armados que justifican su empecinamiento de sangre y plomo con consignas ideológicas y, sobre todo, con oscuros intereses de dominio territorial y, en algunos casos, económico.

Al tiempo que Íngrid Betancourt decía, con gran entereza y con profundo conocimiento de causa, “volver a ser humanos es llorar juntos (víctimas y victimarios), algún día tendremos que llorar juntos, por el sufrimientos de ustedes, de su vida, por el sufrimiento que nos causaron, a nosotros, a nuestros hijos, a nuestras familias, y por el sufrimiento de Colombia”, al tiempo que ella interpelaba a los excomandantes de las Farc de manera tan contundente, en una entrevista radial María Fernanda Cabal, que ahora resulta que quiere ser presidenta de Colombia, era un botafuego de intolerancia, autoritarismo y falsedades.

Read more!

Ella representa una extrema derecha, línea Miami: ama a Trump, todo lo que se mueva y no piense como ella es comunista –“mamerto” dice con desprecio – considera la autodefensa, el paramilitarismo, una legitima reacción ante la amenaza de los vándalos. Las protestas callejeras de abril y mayo, según la senadora del Centro Democrático, no fueron más que una calculada acción de terroristas financiados por Venezuela, Cuba y, por supuesto, George Soros.

Cuando un sector que hizo la guerra y las personas damnificadas por la acción de los grupos armados, buscan sanar, recomponer sus vidas y aportarle al país un ejemplo de humanidad, hay otra parte del país que aceita la maquinaria de exterminio con su nueva generación de víctimas. Dos países que van por dos caminos opuestos que aún no se cruzan, no hay ni siquiera un puente entre los dos. Ni siquiera es un diálogo de sordos.

Santos dio su testimonio sobre los falsos positivos en la Comisión de la Verdad, pidió perdón e invitó a las Fuerzas Armadas a que hicieran lo propio. Uribe no aceptó la invitación del padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión, para dar su versión sobre esa matazón de inocentes disfrazados de guerrilleros para inflar la cifra de “bajas”, o la génesis de los escuadrones de la muerte. Y con él hay políticos que se niegan a reconocer sus culpas en esta barbarie que no termina, por una razón muy sencilla: buscan continuarla, con otros protagonistas. Quieren sacar dividendos de una posible derechización del país, como en 2002, después del estruendoso fracaso del proceso de paz del gobierno de Andrés Pastrana con las huestes de Marulanda.

Por esas vueltas raras de la historia, en realidad Pastrana le hizo un favor al exsenador, expresidente y expresidiario (por ahora): creó las condiciones para que llegara a la Casa de Nariño un mandatario con la promesa de exterminar a una guerrilla que, según él, había traicionado los anhelos de paz del país. Ahora, quieren repetir la fórmula pero ya no tienen al coco de las Farc, sino de los vándalos, terroristas y saqueadores, que armaron barricadas y bloquearon calles para crear el caos, y generar la quiebra de empresas. Un atentado contra la propiedad privada, en suma. Una puerta abierta hacia el socialismo de Petro, según la versión uribista.

La encuesta Pulso País, de Datexco, contratada por la W Radio, muestra a un país descreído, que desconfía hasta de su sombra: ni los magistrados, ni los jueces, ni los altos tribunales, ni la Procuraduría, Fiscalía, Defensoría del Pueblo se salvan; tampoco los aliados del gobierno y los movimientos de oposición, y la Iglesia Católica, y los medios de comunicación. Muchos menos el presidente Duque y su padrino, Álvaro Uribe. Y al otro lado del río, Gustavo Petro y los sindicatos, no merecen el respaldo de la ciudadanía. En esa encuesta se salvan los líderes sociales, las Fuerzas Armadas (a excepción de la Policía) y dirigentes como Ángela María Robledo, Juan Manuel Galán, Humberto de la Calle, y los alcaldes de Medellín, Barranquilla y Bogotá.

Ese escepticismo extremo puede leerse como la posibilidad de gestar un país distinto, que al fin se encuentre con aquellos que en el Teatro Libre pusieron su corazón al desnudo, o como el riesgo para que un taumaturgo, vendedor de falsa estabilidad, quiera continuar y profundizar el incendio sin ninguna solución real. La esperanza es que sean más los que buscan el final de esta guerra perpetua.

No ad for you

Todas las víctimas de las Farc que de manera libre dieron su testimonio y los excomandantes de esa guerrilla estuvieron de acuerdo en que el fracaso de las armas es estruendoso, que la deshumanización de la confrontación llevó a extremos increíbles de crueldad y sevicia. ¿Cómo se traducirá todo eso en el ámbito electoral? Nunca una elección presidencial como la de 2022 había estado tan marcada por la incertidumbre, por múltiples amenazas y por un país dividido a fondo, que habla dos idiomas totalmente distintos.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.