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Bogotá antiinmigrante

Sergio Otálora Montenegro

21 de agosto de 2021 - 12:00 a. m.

Impacta la arrogancia de la alcaldesa Claudia López cuando califica de error la decisión del gobierno de Duque de no permitir que Migración Colombia y la Policía del Distrito Capital hagan patrullajes conjuntos para atrapar, judicializar e identificar extranjeros, léase venezolanos.

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Su argumento es que los “ilegales”, como ella los llamó, (típico término utilizado por la extrema derecha gringa para calificar, y estigmatizar, a los indocumentados), no van a la oficina de migración a registrarse, sino que aprovechan su condición para delinquir en el anonimato. Entonces, la propuesta de la alcaldesa es, en plata blanca, aprovechar la persecución a la delincuencia para identificar a los que no nacieron en Colombia. Mata dos pájaros de un solo tiro: tratar de desarticular a las bandas de atracadores y asesinos, y de paso, señalar a los que no son del país, supuestamente para ficharlos por malandros. Porque si atrapan a un extranjero, las autoridades tienen apenas 36 horas para identificarlo. Si no lo hacen en ese tiempo, deben dejarlo en libertad, según López.

La primera autoridad de la capital no quiere ver - o se hace la desentendida - la carga de xenofobia que tiene su propuesta. ¿Busca la burgomaestre congraciarse con los sectores más reaccionarios, antivenezolanos, antiinmigrantes, del espectro político colombiano? Si la respuesta a lo anterior es sí, grave. Pero lo sería más que ella no le vea ningún problema a semejante actitud, porque inauguraría, sin bombos ni platillos, pero sí con gran vergüenza, una nueva era en Bogotá: su gobierno hostil al inmigrante.

Colombia no se ha destacado por ser un país de puertas abiertas al foráneo, pero un sector de su clase dirigente, arribista y acomplejado, se ha sentido, en diferentes épocas, francés, inglés y seguidor fiel de las modas de la “Unión Americana”. De todas maneras, a Bogotá llegaron los sirio-libaneses (los “turcos”, como los llamaban de manera equivocada) los alemanes, los polacos, y españoles que huían de la guerra civil. Pero nunca la migración fue tan amplia y profunda como en Venezuela o Argentina.

Dirán que nunca hubo una ola migratoria en nuestro país como la del “bravo pueblo” que se cuenta por millones. Y muchos menos que algunos miembros de esa comunidad migrante terminaran en los ejércitos del hampa. Pero al crimen no se le puede poner nacionalidad, porque eso se convierte, sin mucho esfuerzo, en llamados a la persecución y la violencia contra los venezolanos, en el caso de Bogotá, o contra los latinos, como sucede en Estados Unidos.

En Colombia hay casi dos millones de venezolanos registrados. ¿Cuántos de ellos delinquen? Según la alcaldesa López, no lo sabemos. Pero de manera prejuiciosa, quiere hacerle un censo a la supuesta delincuencia venezolana, como si ésta fuera la culpable, en gran medida, de la inseguridad que vive la capital.

Ha olvidado la alta funcionaria distrital que la comunidad LGTBI -de la cual ella hace parte- ha sido objeto de persecución porque en muchos casos hay sectores sociales intolerantes que la han relacionado con la droga, el robo y la prostitución. Por lo tanto, piden “limpiar el vecindario de rateros y depravados”. Y ya sabemos con claridad en qué terminan esos llamados a la “limpieza social”, en la que han caído, además, habitantes de la calle.

López llegó al Palacio Liévano precedida de un prestigio político innegable. Investigó y enfrentó con valor el fenómeno paramilitar. Su condición de ser la primera mujer en llegar a la Alcaldía de Bogotá por un movimiento de centroizquierda, despertó simpatías y expectativas. Hoy, sus actitudes xenófobas, expresadas en diferentes oportunidades, han decepcionado. También sus comentarios contra Petro y el Pacto Histórico -dignos de uribistas pura sangre- han sorprendido por su virulencia.

Por supuesto que el exalcalde y líder en las encuestas sobre presidenciables se ha enfrentado de manera radical, y a veces agria, a la alcaldesa. Con seguridad esa fiscalización la ha sacado de casillas, y sus reacciones terminan en palabras de odio y venganza. Es decir, sacarse el clavo y aprovechar su posición para desprestigiar una candidatura hasta el momento imbatible.

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¿Pedirá disculpas a la comunidad venezolana por su ligereza? No creo. ¿Jugarán más sus resentimientos políticos en el momento de la verdad, es decir cuando los alternativos deban apoyar a un candidato de unidad? Es probable. La alcaldesa López ha pasado a formar parte de las grandes ligas de la derecha nacional.

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