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Capitán Venganza

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Sergio Otálora Montenegro
26 de marzo de 2022 - 05:00 a. m.
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Ahora sí, como nunca, la rabia lo tiene consumido. Con un 70% de desaprobación, una bancada reducida a una esquina del Senado, y con la justicia respirándole en la nuca, no podía menos que escribir lo siguiente, después de la performance sucedida en el interior de la Catedral Primada de Bogotá: “Profanar la Catedral hace parte de la guerra urbana que amenazó Santos, del vandalismo que estimula Petro hoy resguardado en su lenguaje Vaticano, de la expresión resentida de la nueva Farc de Cepeda; han cruzado todas las líneas, despertemos y firmes”.

En las cuatro líneas de un trino, el que manejara los hilos del poder a su antojo (aún le quedan las pocas semanas del gobierno de Duque y sus alfiles) deja en claro, en realidad, a quiénes odia y, en una nueva cruzada, ya tiene sus cuchillos afilados para la última batalla, la decisiva.

Si fuera un bandolero de los años cincuenta, con seguridad se habría hecho llamar Capitán Venganza.

El Capitán Venganza está listo para, una vez más, tratar de incendiar al país. Lleva ya una semana en su cruzada de deslegitimar el proceso electoral, mediante la misma estratagema que utilizó en el referendo de la paz: provocar que la gente vote verraca, con la ira santa que sólo él es capaz de infundir, porque en su larga carrera ha dejado regados tantos indicios y evidencias de su conducta censurable, que no le ha quedado más que una colección de resentimientos profundos.

Detesta a Gustavo Petro, por supuesto, porque fue el primero en denunciar en la Cámara, en 2005, las estrechas relaciones entre paramilitares y políticos aliados a Álvaro Uribe. Desprecia a fondo a Iván Cepeda, porque gracias a su demanda por fraude procesal y soborno contra el expresidente, éste terminó detenido, con reseña de preso, y con un lío judicial que aún no termina. Vilipendia cada vez que puede a Santos, considerado por Venganza y sus aliados como el gran traidor, el hombre que se hizo elegir con las banderas del caudillo, para después arriarlas y coger su propio camino, el de la paz, anatema para un hombre que consideraba que su sucesor sería un dócil soldado de la causa de la guerra.

No fue así. Y desde hace 12 años, Uribe y sus conmilitones no han hecho nada distinto que obstruir y sabotear y al final destruir todos los esfuerzos de reconciliación. Duque, su obediente ahijado, deja un país vuelto trizas, pero hastiado de la violencia, de la miseria, de promesas incumplidas y discursos vacíos. De ahí, en parte, el éxito de Petro, y el gran cimbronazo de la votación del Pacto Histórico, tanto en su consulta interna como en Cámara y Senado. Y en el medio, un escándalo que se veía venir, por el mal entrenamiento de los jueces electorales y un deficiente diseño del formato E-14. Es verdad que Petro y otros sectores alternativos calificaron los errores cometidos de fraude, por el número de mesas (29.000) en los que el Pacto Histórico no obtuvo un solo voto. Esa acusación fue ligera e irresponsable, y ya con las aguas un poco mansas, Álvaro Echeverry -el gran gurú del sistema electoral en Colombia y hoy asesor del movimiento del que Petro es su candidato presidencial– consideró que fue más bien un error que se enmendó y que no se configura como una trampa institucional y sistemática.

Con pruebas que son más patadas de ahogado, con una actitud que irrespeta lo que queda de institucionalidad en el país y va en contravía de todos los partidos políticos que aceptaron los resultados de la elección del pasado 13 de marzo, este capitán de una legión de derrotados ha conseguido como último aliado a otro expresidente, que vive extraviado desde hace más de un mes en una supuesta denuncia de un software que ni él mismo entiende. Aún no ha podido procesar en su cerebro que las votaciones en Colombia son manuales, de papel y tinta y transmisión de datos casi como si estuviéramos en la época del marconigrama. Aquí, por lo tanto, la probabilidad de error humano es altísima –como quedó demostrado- y la tecnología sirve para procesar los datos ya al final de la operación.

Pero insisten, y eso es lo preocupante. Porque las mafias regionales siguen ahí, al igual que las castas y familias poderosas de los territorios. Los paramilitares siguen en lo suyo, con la precisión criminal que los caracteriza. Según el Comité Internacional de la Cruz Roja, “en 2021, la mayoría de los efectos derivados de los conflictos armados y la violencia alcanzaron el nivel más alto de los últimos cinco años”.

Es decir, la agresión continúa. Pero una dirigente popular del Cauca, de la comunidad negra, una mujer campesina defensora del medio ambiente, Francia Márquez, les ganó a esos curtidos dirigentes acostumbrados al funcionamiento preciso de su corrupta maquinaria. Y deben estar preparando la destorcida. La venganza.

Ojalá se estrellen con esa ola incontenible de la ciudadanía cuando decide darle un nuevo rumbo a su existencia. Porque lo que sí es claro es que en Colombia hay una izquierda mayoritaria que para siempre le dijo adiós a las armas. Es la que ahora está compitiendo, hombro a hombro, con la política tradicional para abrir un espacio dentro de lo que ha sido una mínima brizna de democracia, cerrada y excluyente.

Ha llegado la hora definitiva para el uribismo. Si de verdad está dispuesto a disputar el poder sin combinar corrupción y guerra sucia, habremos dado entre todos un gran salto de civilidad. Pero si busca aferrarse al poder al precio que sea, deslegitimando las votaciones, a los ganadores, y preparando el terreno para un vacío institucional, entonces no habremos avanzado nada, pero esta vez ya quedará muy claro quién no quiere resolver los viejos problemas de la sociedad colombiana por la vía pacífica.

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henry(8cg6s)29 de marzo de 2022 - 02:27 a. m.
Y los comunistas de la disidencias que? Tienen el país como está? Uribe no es paramilitar,el antes los extradito
guillermo(94993)27 de marzo de 2022 - 04:38 p. m.
Totalmente de acuerdo; un subpresidente asqueroso que se cree un emperador, al igual que su Jefe Uribe que le han hecho creer que es superior a Dios
Igor(19369)27 de marzo de 2022 - 01:25 a. m.
¿Performance en la iglesia? Hágase el LGTBI, que nadie se dio cuenta.
Fernando(70558)27 de marzo de 2022 - 12:03 a. m.
Parece increíble que después de esta pesadilla uribista haya gente del pueblo que no esté buscando cambiar la situación y vuelva a votar por el crimen organizado uribista que hoy representa alias Fico Gutierrez.
javier(96673)26 de marzo de 2022 - 11:53 p. m.
Uribe, los despojos de lo peor de la política en Colombia. Petro-Francia, fórmula ganadora. Pacto Histórico.
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