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Con P de Putin

Sergio Otálora Montenegro

19 de marzo de 2022 - 12:00 a. m.

Petro, por sus triunfos electorales, y ahora como candidato oficial del Pacto Histórico, se ha convertido en el blanco perfecto de todos sus detractores (las barras bravas -deprimidas- del uribismo) y de sus competidores a la presidencia.

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En urgente reunión del Centro Democrático, presidida por su querido líder, el gran timonel, el sin-ti-no-soy-nada, sacaron a colación, primero, que hay una coordinación entre Petro, el Eln y las disidencias, y que, en el ámbito internacional, Petro es aliado de Putin, porque es amigo de Maduro, Ortega y el señor de La Habana (¿Alguien se acuerda del nombre del “títere de los Castro”?). También mencionaron a Gabriel Boric, a pesar de que el recién posesionado mandatario de Chile repudió la invasión rusa, tomó respetuosa distancia de Washington, y a su ceremonia de juramentación no asistieron ni Duque ni Maduro.

No importa: para la extrema derecha, caben en el mismo costal sus fantasmas, prejuicios y odios ideológicos.

Los uribistas están preparando sus baterías y, por supuesto, nada mejor que actualizar el cuento del castrochavismo, ahora que los tanques del Kremlin destruyen Ucrania, y se ensañan contra su población civil.

El ex M-19 Everth Bustamante – convertido en el filósofo de bolsillo del expresidente, exsenador y expresidiario – fue el que puso el grito en el cielo: Petro es un amo de la guerra, de la lucha/odio de clases, expropiará todo lo que se le atraviese en su camino, es un peligro porque, además, es parte de un bien orquestado plan internacional. Bustamante confirma, una vez más, que algo peor que un excomunista vergonzante, es un exguerrillero vergonzante, erigido en oráculo del fascismo.

A pesar de las evidencias de lo que ha significado la tragedia de la frontera entre Colombia y Venezuela, en Cúcuta, por ejemplo, en el primer debate presidencial organizado por El Tiempo y Semana, Federico Gutiérrez insistió en mantener congeladas las relaciones con el Palacio de Miraflores y su inquilino, es decir, seguir en ese juego estancado. Ingrid Betancourt condicionó cualquier restablecimiento diplomático con el hermano país a que Maduro entregue “las cabecillas” de las disidencias, el Eln y los narcos. Petro vio el asunto de una manera más pragmática: reestablecer relaciones diplomáticas con Venezuela es salvar la frontera, “quitársela a la mafia, y Cúcuta se vuelve boyante”.

Pero, en el tema de Estados Unidos, los tres candidatos que aceptaron participar en el debate (el gran ausente, Fajardo), están desactualizados con respecto a la discusión en Washington D.C. sobre la relación con Colombia.

Los senadores demócratas Bob Menéndez y Tim Kaine son autores de un proyecto de ley que busca, primero que todo, designar a Colombia como “aliado estratégico” no-perteneciente a la OTAN (el Tratado del Atlántico Norte) de Estados Unidos. Eso significa muchas cosas, desde formalizar el apoyo al Acuerdo de paz de 2016, luchar contra la corrupción y por la protección de los defensores de derechos humanos, hasta profundizar en la cooperación bilateral en el tema de seguridad. Al respecto, el senador reelecto por el Polo Democrático – y dirigente clave del Pacto Histórico – Iván Cepeda elevó un derecho de petición contra el presidente Duque, para que éste diga si existe la posibilidad de que, bajo esa ley (que aún ni siquiera ha sido llevada a la discusión en la Cámara Alta), Colombia podría almacenar armas biológicas y nucleares de propiedad de Estados Unidos.

Si se aprueba esa norma legal, después de intensos debates y negociaciones, marcará sin duda las relaciones de Colombia con esta única potencia global. Si el próximo inquilino de la Casa de Nariño decide implementar de verdad el documento firmado entre el Estado colombiano y la extinta guerrilla de las Farc hace seis años, habrá un cambio sustancial en el tema de los cultivos ilícitos y el trafico de drogas; en la tenencia y explotación de la tierra.

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Y lo que pasó en las elecciones del pasado domingo, con un cambio en la correlación de fuerzas en el Congreso, podría añadirle mayor peso a la reforma política que está planteada en los acuerdos.

Pero que haya suspicacias sobre la propuesta de los senadore Menéndez y Kaine, se debe a las mismas declaraciones del presidente Duque: (la ley) “da(ría) potestad para que Colombia pueda almacenar elementos militares de EE. UU que son parte de su reserva de guerra”. Al respecto, Cepeda se preguntó: “(…) qué medidas tiene previstas el Gobierno colombiano para garantizar que la implantación de equipos estadounidenses en nuestro territorio no se convierta en una amenaza para Colombia y para la soberanía nacional (…)”.

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Y también habrá preguntas que surjan de una afirmación que hizo Menéndez en un artículo de opinión que escribió para The Miami Herald: “Con el mundo enfrentando a una China emergente y agresiva, y a una Rusia revanchista y beligerante, Estados Unidos necesita fortalecer sus alianzas en el hemisferio occidental para contrarrestar unas campañas muy persuasivas que tienen sus raíces en inversiones manipuladoras”.

Petro argumentó que en los temas de la agenda bilateral no existen el cambio climático ni la constitución de un fondo internacional para salvar la selva amazónica colombiana, ni la posibilidad de ver de otra manera la política de drogas. Se refirió, además, a la renegociación del tratado de libre comercio con Estados Unidos.

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Betancourt también habló de la despenalización del consumo de drogas, y de la creación de una nueva alianza para el progreso. Gutiérrez no renegociaría el TLC, dijo que Colombia debía mantener una relación bipartidista con Estados Unidos, y fortalecer sus relaciones comerciales, sobre todo con el sector agrícola.

A los candidatos presidenciales les tocará, en lo que respecta a la potencial del Norte, hacer la tarea: leerse un proyecto de ley que aún está en sus etapas preliminares, pero ahí se encuentra la nuez del futuro de las relaciones con el Tío Sam. Y si se convierte en ley (no sabemos qué cambios habrá después de pasar por el cedazo de los republicanos, y sobre todo de los más conectados con América Latina, es decir, los congresistas del sur de la Florida) tendrá efectos inmediatos.

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Lo que sí podría resultar una lectura muy simplista por parte de los políticos estadounidenses, es asumir la retorica uribista sobre Petro, y concluir que, si el candidato del Pacto Histórico llega a la presidencia, Putin y, de contera, los chinos tendrían un nuevo aliado en América Latina.

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