Publicidad

Volver al mismo llano

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Sergio Otálora Montenegro
17 de enero de 2026 - 05:05 a. m.
"En suma, como resultado de más de dos décadas de jugar al todo o nada, a la deslegitimación del contrario, Delcy y María Corina terminaron en el mismo llano: tratando de ver cómo no alterar la bilis de un líder transaccional e inseguro que ha decidido embarcar a la única potencia global en un trasnochado imperialismo del siglo XIX" - Sergio Otálora
"En suma, como resultado de más de dos décadas de jugar al todo o nada, a la deslegitimación del contrario, Delcy y María Corina terminaron en el mismo llano: tratando de ver cómo no alterar la bilis de un líder transaccional e inseguro que ha decidido embarcar a la única potencia global en un trasnochado imperialismo del siglo XIX" - Sergio Otálora
Foto: EFE - White House / Daniel Torok / EFE
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

MIAMI.- El chavismo y la oposición a veces se parecen más de la cuenta. Por ejemplo, en 1992 el teniente coronel Hugo Chávez intentó darle un golpe militar a Carlos Andrés Pérez. En 2002, tras un largo paro petrolero, los líderes de la oposición buscaron tumbar a Chávez, presidente legítimo de Venezuela —como lo era Pérez— y lograron detenerlo durante 48 horas.

Y en 2026, tras el derrocamiento de Maduro por una acción militar de Estados Unidos, Delcy Rodríguez es la presidenta provisional juramentada por el presidente de la Asamblea y apoyada por la Casa Blanca, que ha encargado al secretario de Estado, Marco Rubio, como una especie de virrey, de dirigir a control remoto las acciones del interinato. Y como bien lo dijo el alto funcionario de origen cubano, más que las palabras beligerantes de la antigua vicepresidenta, lo que le importa son sus acciones. Los hechos son tozudos: Rodríguez está haciendo bien la tarea, según lo ha certificado el propio Trump, en medio de un discurso de soberanía, independencia y continuidad del proyecto de gobierno que el presidente secuestrado, y en una prisión en Nueva York, dejó por escrito como hoja de ruta del nuevo año.

Y por la puerta de atrás, pasando por el detector de metales, entró María Corina Machado a la Casa Blanca. A su manera, ella también resultó rindiéndole pleitesía al rey loco, con un obsequio tan inusitado como extravagante: enmarcó su medalla del Nobel de la Paz y se la regaló a este narciso irredimible, quien está muy acostumbrado a falsear la realidad con tal de satisfacer su ego. A Machado no le importó que el Comité Organizador del Premio Nobel advirtiera que ese galardón era intransferible. Para ella, lo fundamental era alimentar la vanidad del gobernante enquistado en la Oficina Oval, por encima de los protocolos de los noruegos. Y con ese gesto, tratar de poner a su favor todo este turbio proceso que han dado en llamar “transición”. Ilusa, como lo ha sido la oposición que, desde los inicios del chavismo, ha jugado muy mal sus cartas. No ayuda, por supuesto, la persecución o el encarcelamiento de sus líderes.

En suma, como resultado de más de dos décadas de jugar al todo o nada, a la deslegitimación del contrario, Delcy y María Corina terminaron en el mismo llano: tratando de ver cómo no alterar la bilis de un líder transaccional e inseguro que ha decidido embarcar a la única potencia global en un trasnochado imperialismo del siglo XIX. El jueves pasado, de manera casi simultánea, Trump recibía en su despacho a la suplicante líder opositora de Venezuela, y Delcy Rodríguez, la aconductada presidenta por encargo, saludaba en Miraflores, cara a cara, al jefe de la CIA, John Ratcliffe. De acuerdo con fuentes de The New York Times, “la visita del señor Ratcliffe significa el apoyo a la estabilidad que (la presidenta) Rodríguez ofrece, y un signo de colaboración entre los dos gobiernos”

Si la presidenta interina sigue “cooperando” bajo las órdenes del virrey Rubio y el petróleo queda, en efecto, en manos gringas, sería un momento de posible crisis política e ideológica para el chavismo, y el peor de los escenarios para los representantes Carlos Giménez, María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart, quienes podrían presenciar, en tiempo real, el final de sus carreras políticas al permitir que su querido líder no sólo deportara en masa a los venezolanos (y también cubanos, haitianos, nicaragüenses, colombianos, salvadoreños, mexicanos) residentes en Estados Unidos, sino además se acomodara al modus operandi de la dirigencia chavista. Pero si Rodríguez decide enfrentarse al imperio con todas sus consecuencias, el proyecto de estabilidad se va al piso, y Trump cumpliría su amenaza de un segundo ataque con efectos impredecibles. A propósito: el Senado se encargó esta semana de rechazar una medida que le impediría al presidente emprender una acción militar sin el permiso del Congreso. Por lo tanto, el energúmeno tiene las manos libres.

Por ahora, Delcy Rodríguez llama a la unidad nacional, a la participación política democrática, y pareciera que el poder chavista está unido y dispuesto a sobrevivir, así sea mediante grandes concesiones a la Casa Blanca. Por su parte, los congresistas cubano-estadounidenses, elegidos gracias a los votos de la comunidad inmigrante de la Florida, están muy nerviosos. Esperan con incertidumbre y preocupación el desarrollo de todo este enredo. Saben que la maroma de Trump es un imposible equilibrio que, tarde o temprano, les estallará en las manos. Y Machado, desconcertada, patética, fantasiosa, insiste en atacar a Rodríguez con la esperanza de que, por fin, haya humo blanco y el nuevo premio Nobel de Paz de mentiras, decida instalar en el poder a Edmundo, otra marioneta pero de fácil manejo.

La tercera salida sería que, en un tiempo prudencial, el interinato convocara de nuevo a elecciones, bajo la tutela del imperio. Para entonces regresar al mismo llano.

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.