Publicidad

El “Colombian tiger” y la fauna caudillista

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Sergio Otálora Montenegro
18 de julio de 2026 - 05:05 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

El vicepresidente electo del Colombian Tiger y otros funcionarios del gobierno que arranca el próximo 7 de agosto se reunieron en Washington con la bancada cubano-estadounidense republicana del Congreso gringo. Todos parecían felices.

No es para menos: a los llamados “luchadores por la libertad” de Miami, esos senadores y representantes que se eligen y reeligen gracias a la manera inescrupulosa como han explotado el dolor, el resentimiento y los prejuicios ideológicos del exilio cubano, los seduce el autoritarismo y la corrupción a nombre de su lucha denodada contra el comunismo y por la democracia. En esa insomne batalla por las libertades, no les ha temblado el pulso ni la conciencia para apoyar a Pinochet, Videla, Uribe, Bolsonaro, Bukele, y admirar a Franco y a otros dictadores de extrema derecha.

Por eso, los tiene obnubilados Abelardo de la Espriella, el modelo perfecto de dirigente latinoamericano en los tiempos de Trump. Es como si se les hubiera aparecido la Virgen disfrazada de tiger, después de cuatro años de delirios izquierdistas en la llamada “democracia más antigua del continente”. Y, como si fuera poco, está mejor equipado que Nayib Armando Bukele, el sátrapa de El Salvador: es ciudadano, por adopción, de la patria de Lincoln. Y, además, resultó un imitador consuetudinario del rey loco de la Casa Blanca: se copia de sus tácticas de autopromoción, de sus trucos publicitarios (el uso y el abuso de la inteligencia artificial), de su retorica desmesurada, de su ideología elemental pero peligrosa, de sus modales groseros, de su sistemática operación de falsedades.

Es un caudillo de extrema derecha, lo que, por lo tanto, le abre de inmediato todas las puertas de los sectores más reaccionarios estadounidenses: desde los republicanos de Florida hasta aquellos que siguen la ideología conspirativa de la secta QAnon. Me explico: el canciller nombrado por el tiger es clon de, digamos, ese movimiento que proclama, por ejemplo, que toda la dirigencia del partido demócrata es pedófila, que Trump ganó las elecciones de 2020, y que Biden y sus secuaces dejaron entrar a millones y millones de “ilegales” para acabar con la mayoría blanca y, de paso, dejarlos votar sin ser ciudadanos y, de esa manera, destruir la cultura anglosajona. Es la base del nacionalismo evangélico que el señor Omar Bula Escobar profesa sin ningún asomo de pudor.

El estruendoso silencio ante el asesinato de un joven colombiano en Maine, a manos de los pistoleros de la policía migratoria llamada ICE (por sus siglas en inglés), es ya una muestra fehaciente de cómo será la actitud del nuevo gobierno del Colombian Tiger: cero solidaridad con los compatriotas en el exterior, si los persiguen o los asesinan… de malas. Quién les manda a estar de “ilegales” en la otra patria milagro.

Y la paz. Con agresividad y guerrerismo trumpista, el presidente electo pretende borrar de un plumazo más de diez años de unas negociaciones y acuerdos de Estado con la guerrilla de las extintas Farc. No sabe uno muy bien quién lo estará asesorando, pero como es caudillo iluminado, con seguridad pensará que, como su mentor en Washington, su poder es casi ilimitado y podrá gobernar por decreto, sin los enredos del Congreso ni las trabas estúpidas de la burocracia internacional. Abelardo y su manada no han medido todavía la dimensión del polvorín en el que están sentados, y son muy ilusos y vendepatrias si piensan que con las armas, la inteligencia y los solados gringos en suelo colombiano podrán ahora sí derrotar de una vez por todas al narcoterrorismo. Lo que sí podrán lograr es debilitar a sangre y fuego a las bases del Pacto Histórico en las regiones.

Es, pues, el ruido perturbador de la fauna caudillista. El presidente Petro termina su mandato al estilo Trump: negando su absoluta responsabilidad en el triunfo de De la Espriella y denunciando un fraude que solo existe en su ego desmesurado de mal perdedor. A la larga, este cierre de golpe tiene sentido, porque durante todos estos cuatro años el presidente despreció por completo el enorme peso histórico que significaba ser el primer presidente de izquierda, por fuera del partido Liberal. No sólo se trataba de proponer reformas sociales, sino además de ejercer de una manera distinta el poder. En eso falló de pies a cabeza y, por desgracia, el electorado más inmediatista pasó la cuenta de cobro.

El caudillo Petro se va dando un portazo y el Pacto Histórico se sube a la cuerda floja de considerar ilegítima la elección de Abelardo. Se avecinan tiempos demasiado convulsos. Por una parte, la destorcida de los sectores más guerreristas de la sociedad colombiana, que piden mano dura sin contemplaciones. Por otra, una izquierda democrática, civilista, que tendrá que enfrentar el asfalto crudo de la oposición, con un líder que ya está poniendo el tono y la sintaxis: “Le. indico a la bancada del. Pacto que va ser agredidos en su estabilidad juridica de nuevo, que tendré reunión con sus compromisos e impartiré instrucciones que espero sean catadas sobre los dias por venir”. Así le habló Petro a sus compañeros de partido a través de X. No son buenos augurios.

Por lo pronto, el Colombian Tiger en lo suyo: hacer ruido, llamar la atención, generar miedo con el cuento de posesionarse en una brigada militar porque no hay seguridad en el país. Informó The New York Times hace unos días que en Venezuela en realidad gobierna el virrey Marco Rubio. ¿En Colombia se impondrá el mismo esquema, con un figurín exótico pero obediente? Por lo menos en “el país de la belleza” (se transforma en “patria milagro”) hay oposición de verdad y un Congreso deliberante.

Conoce más

 

Rafael Morales Paris(12314)Hace 17 minutos
Bien.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.