MIAMI.- Además de su talento innegable de estafador, Trump se ha dedicado, en este primer mes vertiginoso de su gobierno, a traicionar a diestra y siniestra, de la mano de sus aliados, a todos aquellos que confiaron en su palabra. Es algo digno de estudio: cómo ha hecho este vendedor de humo, con un historial de estafas, quiebras y abusos, para tramar a millones.
Ha dejado a varios desilusionados tendidos en el camino en su marcha loca hacia la destrucción del gobierno federal, y la imposición -a través de la extorsión, el chantaje, el músculo militar y financiero- de un nuevo orden mundial, bajo el lema hueco de “America First”, es decir, no hay alianzas ni cooperación, sólo negocios y préstamos. En estas cuatro primeras semanas, la nueva administración que despacha en la Casa Blanca ha resucitado el imperialismo más crudo.
La lista es larga. Empecemos por lo más a la mano: los venezolanos. Aquí cerca del setenta por ciento de ellos -los que ya son ciudadanos y pueden votar- apoyaron a Trump con la ilusión de que el tipo, ya en el poder, le haría morder el polvo a Maduro y además les extendería los beneficios migratorios a los venezolanos indocumentados. Carreta: más de 300.000 se quedaron en el aire, ilegales, con la perspectiva inmediata de la deportación sin remedio alguno. Y quienes esperaban una acción agresiva contra el régimen de Caracas se encontraron con un canje de seis prisioneros estadounidenses, la promesa de recibir a los deportados del hermano país, y todo a cambio de no tocar el contrato de producción y exportación de petroleo a Estados Unidos entre el gobierno chavista y Chevron.
Por supuesto, el conejo no termina aquí. Gracias tal vez a las presiones de los congresistas cubano estadounidenses, desconcertados con las negociaciones de Trump con Maduro y abrumados por la rabia de sus votantes venezolanos, convencieron al presidente para que acabara con el negocio de exportación de petroleo venezolano a Estados Unidos. Esos congresistas ya respiran más tranquilos, pero ahí no termina el engaño. Ellos no dicen nada sobre las deportaciones masivas, el trato de “peligrosos criminales” que el actual gobierno le da a cualquier indocumentado por el simple hecho de serlo, su traslado inhumano e indiginante a Guantanamo, Panamá, Honduras o Costa Rica, y la cancelación de prerrogativas migratorias también para haitianos, nicaraguenses y, quién lo creyera, cubanos. Estos supuestos voceros de la comunidad latina en Washington están alineados con un gobierno racista, al que le repugna los inmigrantes, y los quiere ver a todos de regreso a sus países de origen, o en campos de concentración, lo más rápido posible y sin contemplaciones.
Por estos días, Trump ha insistido en que no tocará el “Medicaid”, el plan de salud para las personas y familias de bajos recursos, pero esa promesa no la cumplirá. Hay recortes de dos billones de dolares para ese programa ya aprobados por la Cámara, con el fin de poder financiar las exenciones de impuestos para los multimillonarios, que suman cuatro billones de dólares.
Además, la fiebre de los aranceles a China, México, Canadá y Europa ha generado incertidumbre, y ninguna de las promesas para la clase media y trabajadora que votó por el embaucador las ha cumplido: no hay ni una sola orden ejecutiva o decisión de gobierno tendiente a bajar los precios de los artículos de primera necesidad, a reducir la inflación o el costo de vida. Esa es, sin duda, una traición al votante que llevó a la Casa Blanca a un personaje que tiene su cabeza ocupada, como ya es evidente, en vengarse y en darle amplio espacio de maniobra al sector más reaccionario, fascista, de la política norteamericana.
La tercera gran traición fue a Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania, quien en cuestión de horas, por la alquimia de mentiras de Trump, pasó de héroe a dictador de dudosa reputación, culpable además de la invasión rusa a su país, destruido por tres años de una guerra sin tregua llevada a cabo por los ejércitos de Putin. El dictador ruso dejó de serlo, y las grandes concesiones, a los ojos de la nueva diplomacia gringa, tenían que venir de Kiev, no de Moscú. En la emboscada de de ayer en la oficina oval, el gran ganador fue Putin, quien tiene en Trump y el vicepresidente J.D Vance a sus mejores voceros.
La traición a Ucrania es también a Europa, que invirtió miles de millones de euros para contener la expansion rusa, en alianza con Estados Unidos. Trump decidió pasar por encima de esos acuerdos, y votó en contra de una resolución de Naciones Unidas condenando la invasión rusa a Ucrania.
Son demasiados frente abiertos al mismo tiempo. James Carville, el estratega político más brillante de su generación (el que acuñó la famosa frase “es la economía, estúpido”, para la campaña de Bill Clinton, en 1992), dijo que el desplome de este gobierno será estruendoso y en poco tiempo, por el peso de tantos errores estratégicos y la profunda incompetencia de sus líderes. Pero el daño institucional puede ser también inconmensurable, en el ámbito nacional e internacional. Un botón de muestra: una parte importante de los acuerdos de paz de La Habana, firmados con las Farc en 2016, quedó totalmente desfinanciada por la liquidación de la USAID, la agencia gringa de cooperación internacional.