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Ganar es perder un poco

Sergio Otálora Montenegro

06 de diciembre de 2021 - 12:00 a. m.

Poner al revés la frase de Maturana puede ser muy útil para entender las últimas piruetas de Gustavo Petro.

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Al final parece que el exgobernador y expacificador Luís Pérez no entra al Pacto Histórico. Y busca que el Partido Liberal se mida con el líder de la Colombia Humana. Petro dejó ver su pragmatismo y su profundo talante caudillista en la intentona de abrirle las puertas a semejante cuestionable y cuestionado personaje de la política tradicional y corrupta de Antioquia.

La decisión la tomó el gran timonel, para sorpresa de dirigentes como Iván Cepeda Castro, quien no ocultó su desacuerdo, aunque no se fue lanza en ristre contra su compañero en el Senado y aliado político. Otros dirigentes más locuaces, como Sara Tufano y Camilo Romero, criticaron sin tapujos las maniobras de Petro. Y de nuevo las opiniones están bien divididas con respecto de las posibles candidaturas al Senado de Miguel Angel del Río y el actor Agmeth Escaf.

El primero anunció que el Pacto Histórico del Atlántico lo había acogido por mayoría, mientras que el segundo cuestionó esa decisión porque, según él, es el colegio electoral el que decide la conformación de las listas, bajo la tutela y última palabra de Petro.

Desde el momento en que la izquierda dejó de ser meramente un factor de oposición y se convirtió en movimiento con vocación de poder, las discusiones ideológicas y de concepciones de poder y de Estado han desaparecido para darles paso a las peloteras de mecánica electoral. Para nadie es un misterio: Petro quiere ganar, y para eso está dispuesto a hacer alianzas polémicas y atrevidas con el fin de sumar votos en regiones clave como Atlántico y Antioquia. El muñequeo lo adorna con extrapolaciones imposibles como la de comparar el frustrado ingreso de Pérez con la Constituyente multipardista de 1991, o la posibilidad de tender puentes con antiguos enemigos, como si el Pacto Histórico fuera gobierno y estuviera inmerso en un proceso de paz con los paramilitares.

¿Cuánto afectan estas escaramuzas a los dirigentes y organizaciones populares que acompañan a Petro y sus aliados? ¿Cuánto voto de opinión se puede alejar de la opción que él representa, y plegarse a la recién nacida Coalición Centro Esperanza? ¿Qué tanto daño pueden causarle al PH los dardos que vienen desde adentro y desde afuera, en su aspiración de ganar la Presidencia de la República?

La expresión “esta vaina se volvió un sancocho”, no es propiamente sinónimo de coherencia. Por eso, algo va del “sancocho nacional” que proclamaba Jaime Bateman Cayón, a este mazacote político que quiere armar Petro para cubrir sus debilidades electorales. El argumento de que no aceptar al uribismo dentro del PH es dejar por fuera a medio país es engañoso: una cosa es el pueblo uribista que pueda apoyar a Petro, y otra muy distinta pactar con quienes han gobernado a nombre del uribismo con puño de hierro, en alianza con paramilitares, y con prácticas corruptas.

Bajo la premisa de Petro, el PH es un potrero sin broche, al que llega el que quiera, incluso María Fernanda Cabal. Sólo basta que diga el santo y seña: “soy progresista, toda la vida lo he sido. Y ahora acompaño a Petro para cambiar a Colombia”. Por lo menos Barreras y Benedetti apoyaron el proceso de paz de Santos con las Farc.

Tal vez Petro haya llegado a la conclusión de que las alianzas electorales son más importantes que la coherencia ideológica o la autoridad moral. Que para ganar toca despojarse de algunos valores o, por lo menos, tratar de que se no se note con la pirotecnia verbal de la diversidad y la aceptación del contrario. Al final, ¿dónde está la diferencia? A Petro y al PH les quedan tres meses para insistir y convencer al electorado escéptico de que ellos son de verdad una alternativa muy distinta al resto de sus adversarios. Por ahora, ya varios no están dispuestos a tragarse severos sapos con tal de llegar a la Casa de Nariño.

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