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La comparsa en Washington

Sergio Otálora Montenegro

04 de junio de 2021 - 10:00 p. m.

Pachito Santos dijo que de acuerdo, que metieron la pata a fondo al poner la política internacional de Colombia a girar en torno del triunfo de Trump. Para los uribistas, toda la tierra del Tío Sam se comportaba como Florida. Y apostaron en la ruleta la ficha del castrochavismo. Perdieron. Ahora, el circo del señor resucitado de El Ubérrimo está en la capital gringa, y a Cabal y compañía se les ocurrió, como gran idea, hablar con el más desprestigiado de todos: el senador republicano Ted Cruz.

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Estos cruzados del uribismo no saben dónde están parados. Tal vez creen en la patraña de que el presidente, en realidad, es el hombre del copete naranja, y que Biden es apenas una figura transitoria y decorativa. El expresidente y empresario –que le sigue hablando a su base pero cada vez su audiencia es menor– ya dijo que en este mes de agosto, en pleno verano, será restablecido en el poder, tal vez por un fantasioso golpe de estado a manos de los militares. El circo de la señora Cabal y sus copartidarios despistados, aún no les llega el memo en el que les informen que los demócratas son mayoría en Senado y Cámara, que la política de los republicanos hacia Cuba y Venezuela fue un rotundo fracaso, y que así quisieran ayudar, ellos no controlan ningún comité y lo único que pueden hacer es… ruido.

¿A qué van, al final, a Washington? A tratar de dar una versión “alternativa” o, según ellos, a contar la “verdad” de lo que sucede en Colombia. No hay duda de que tocarán varias puertas, y algunas se abrirán como la de la CIDH, y las de congresistas republicanos e incluso demócratas. Son políticos y les conviene oír la retahíla de los uribistas. Ya el republicano Marco Rubio dijo que lo que pasa en Colombia obedece a una acción montada desde La Habana y Caracas, con el condimento de las guerrillas disidentes y los narcos, para agredir al gobierno legítimo de Duque. Así es Rubio: para cualquier problema utiliza la misma fórmula, es decir, la conspiración comunista. No se requiere tener dotes de estadista, ni potente cerebro, para llegar siempre a la misma conclusión. “Marquito” –como lo llaman sus copartidarios y seguidores en Miami– le habló al oído a Trump con el tema de Venezuela, y fue un rotundo fracaso. ¿Por qué? Por varias razones: por sus mitos ideológicos que no le permiten ver las realidades concretas, por comprar teorías de conspiración sacadas de la manga de la oposición venezolana (que siempre ha pensado con el deseo) y por diseñar una “estrategia” basada en mentiras.

Una mala noticia para la comparsa uribista en Washington: los republicanos no están en el poder. Por lo tanto, los esfuerzos del Centro Democrático son estériles. Están desesperados. Se les salió el país de las manos y buscan recuperar terreno con la gastada fórmula de acudir a los buenos oficios del imperio.

Pero se les olvida que alrededor de los congresistas de Washington, hay influyentes medios de comunicación y poderosas organizaciones no gubernamentales que informan de manera permanente a senadores y representantes, y a la Casa Blanca, sobre lo que está pasando en Colombia. Las evidencias son incontrastables. Muy fuertes. El abuso de autoridad es inocultable.

Tal vez buscarán inquietar al establecimiento gringo con la posibilidad de que el sempiterno aliado de Washington deje de serlo por un brusco cambio de gobierno y de rumbo, es decir, un presidente elegido por fuera de la tradicional clase dominante, y hostil a Washington. También tratarán de pintar un panorama de caos y desolación, de quiebra de empresas pequeñas y medianas, y al final la amenaza de un derrumbe de la economía de mercado, y el desplome de la hegemonía que ha conducido al país durante dos siglos. Mejor dicho: como en Venezuela.

Tendrá razón la comparsa uribista en advertir que nunca había sido tan clara la amenaza, y dirán, con el credo en la boca, que la chusma salvaje ha encontrado en el bloqueo y el vandalismo, más supuestas protestas pacíficas, la fórmula perfecta para poner al estado contra las cuerdas. Fuera de la babosería diplomática, qué les habrán dicho al final a nuestra burócrata bifronte (vicepresidenta y canciller), a nuestro subpresidente tan bilingüe como profundamente incompetente, y a la comparsa que saldrá de Washington con el rabo entre las piernas. ¿Cuál es la apuesta de Washington para las elecciones presidenciales de 2022? ¿Qué veremos en los meses por venir?

Estados Unidos tiene sus propios problemas. Y muy serios. Su democracia está en cuidados intensivos. Hay en todo el país una ola de leyes para restringir el derecho a votar que impacta, sobre todo, a las minorías que simpatizan con el partido demócrata. La teoría es muy perversa: los republicanos, en lugar de hacerle ajustes a su plataforma para atraer votantes, están legislando en los congresos estatales en los que son mayoría para limitar la participación y ponerle numerosas trabas al derecho al voto. Y con eso evitar el triunfo de sus adversarios.

En el 2022, año de las elecciones presidenciales en Colombia, serán los comicios de mitad de término en Estados Unidos, en los que se verá si se mantiene la mayoría demócrata en las dos cámaras o los republicanos logran conquistar una de ellas o ambas. Si la crisis se profundiza y el gobierno de Duque sigue “quemando tiempo”, el gobierno de Biden tendrá que hacer malabares entre la presión de la izquierda de su partido, y la extrema derecha republicana que defenderá la mano dura y el apoyo absoluto al aliado incondicional en la región, vecino de Venezuela y quien siempre ha votado en los foros multilaterales de la mano del “gran vecino del Norte”.

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Por ahora, el circo uribista regresará a Colombia, y la situación será más o menos la misma. El paro sigue, la diferencia es que ahora parece que, otra vez, Duque está dispuesto a hacer conejo, como siempre. No escarmientan.

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