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Gustavo Petro tuvo una salida en falso y, al insistir, no parece reconocer el error. Abrió, sin buscarlo, una discusión sobre la libertad de expresión y la manera como un candidato, que podría llegar a la presidencia de Colombia, debe enfrentar los ataques y, sobre todo, los más corrocivos y devastadores.
Al ver la historia de los trinos de David Ghitis sobre Petro, el Pacto Histórico y, en general la izquierda, o lo que él considera de esa corriente ideológica, no hay duda de que estos son clasistas, racistas, de mal gusto, provocadores, e incluso peligrosos. Es una colección que proviene de un militante uribista purasangre, de extrema derecha, quien no tuvo empacho, en un trino de diciembre de 2013, de calificar a Petro como el Hitler de Bogotá, hacer un meme de él con el bigotico del genocida alemán, con una leyenda que decía: “el asesino de Bogotá. No existen los Ex-asesinos [sic]”. También puso la cabeza de Petro en el centro de una cruz gamada, símbolo de los nazis. En otro trino, días después, decía que el que llamaba Hitler de Bogotá “discrimina por motivos religiosos”, y se refería a la fuerte polémica del en ese momento alcalde con el procurador Alejandro Ordoñez, quien al final destituyó de su cargo al burgomaestre de la Colombia Humana.
Entre paréntesis, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por esa destitución, que fue considerada por el alto tribunal como violatoria de los derechos políticos del hoy candidato presidencial por el Pacto Histórico. Al respecto Ghitis no dijo nada, por lo menos en su cuenta en Twitter.
Y para hablar del presente, el troll no descansa. Tiene dos numerales: #PetroDiolaOrden y #PetroNoDispare. Más decenas de trinos burlándose de la existencia y las amenazas de muerte de las Aguilas Negras. Le parece que son un invento. El señor Ghitis debiera darse una pasada por las estadísticas de líderes populares asesinados, masacres y desmovilizados de las Farc asesinados desde 2016, si es que le interesan ese tipo de crímenes. Al parecer borró un tuit en el que hacía un típico chiste clasista y racista, diciendo que en la reunión de la bancada parlamentaria del Pacto Histórico desaparecieron no sé cuantas billeteras, carteras y celulares.
Vine a conocer la existencia de este columnista y troll hace apenas unos días por las reacciones que ha despertado Petro al calificarlo de ser un neonazi al que RCN le ha abierto sus puertas. El asunto es que al candidato se le “saltó el bloque” en el momento menos indicado, y además puso en su desafortunado trino un artículo de Ghitis en el que critica su propuesta sobre las pensiones. Tal vez es la nota más amable – aunque mentirosa – en comparación con todos los virulentos ataques que ha hecho este señor contra el exalcalde a lo largo de casi diez años.
Es evidente que Ghitis se ha victimizado por su condición de judío, y ha convertido el error de Petro en un instrumento de propaganda política: lo tacha de antisemita y de irrespetar la memoria de quienes murieron en el Holocausto, entre ellos familiares del columnista ofendido. Es bueno señalar aquí que ser judío no lo vacuna, de manera automática, contra el extremismo. Hay negros simpatizantes del Ku-Klux-Klan, y un movimiento de supremacistas blancos llamado Proud Boys es liderado por un cubano de Florida, mulato, llamado Enrique Tarrio, quien en la actualidad está en la cárcel, no por sus ideas fascistoides, sino por instigar el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021, y tener un plan terrorista para actuar en caso del fracaso de la insurrección.
Con todo, tampoco la FLIP ayudó mucho con su comunicado, exigiéndole al supuesto agresor que pidiera disculpas por tratar a alguien que discrepa de él de neonazi y, además, poner en peligro la integridad de un medio de comunicación como RCN. Si la muy respetable organización de defensa de la libertad de expresión y de prensa hubiera mirado a fondo, se habría dado cuenta de que la reacción irresponsable de Petro no se dio en el vacío. No fue de la noche a la mañana. Y habría tenido que rechazar, también, los mensajes altamente ofensivos y violentos de Ghitis.
A pesar de que, en teoría, como ciudadano, Petro tiene el derecho a defenderse de ataques sistemáticos de individuos o medios de comunicación, su calidad de figura pública, de líder político nacional y de Senador, le imponen ciertos límites por el impacto que puedan tener sus palabras, como ya se vio. De no ser por las redes sociales, y por el ecosistema de “influencers” y líderes del uribismo que salieron en su defensa, Ghitis no pasaría de ser un necio con ganas de figuración. Un anticomunista de caricatura.
Ahora, otra cosa sería Petro como presidente. Si corona, no podrá ser de mecha corta, al estilo de lo que fueron Rafael Correa, Hugo Chavez, Donald Trump o Alvaro Uribe. Todos ellos convirtieron a los medios de comunicación en “enemigos del pueblo”, utilizaron el poder para intimidar o censurar. En el caso del expresidente gringo, ordenó que le retiraran las credenciales al periodista de CNN que era corresponsal en la Casa Blanca. El canal demandó, ganó, y el gobierno tuvo que retractarse. En cuanto al exmandatario colombiano, aún están muy frescas las chuzadas, los perfilamientos de reporteros o columnistas, las acusaciones temerarias de que tal o cual periodista era amigo, cómplice o propagandista de las Farc.
Petro tendrá que cambiar por completo esa concepción cerrada que tiene de tolerancia con respecto a los medios. Es de una inmensa torpeza política responderle a RCN que “ustedes no pueden usar la libertad de expresión para encubrir la calumnia y la xenofobia. Al colocar como columnista a xenófobos de la extrema derecha (Ghitis) declarados y hacerlos pasar como periodistas, no nos dan ninguna garantía de transparencia en el debate presidencial”.
Sí, RCN tiene el derecho a contratar a quien se le dé la gana, y Ghitis tiene también el derecho de lanzar ofensas, ser profundamente irrespetuoso, y hacer memes infantiles pero incendiarios. Eso, en sí mismo, no pone en entredicho la “transparencia” del debate presidencial. Dice Petro, en respuesta a un editorial de El Espectador sobre libertad de expresión, que “la conclusión es que no se puede confundir libertad de expresión con tolerancia al crimen político”, y aquí hace referencia a la discusión que hubo en Europa sobre permitir o no el pensamiento nazi o fascista. Eso es equivocado: en Colombia, en la ley, no existe el delito de opinión, así alguien defienda las ideas de Hitler o de Pinochet. Otra cosa muy distinta es cuando se pasa a la amenaza directa y a la acción violenta. O cuando se es cómplice de grupos paramilitares.
O cuando se calumnia e injuria. Al respecto hay antecedentes de tutelas y demandas exitosas.
A propósito: Ghitis trinó que “las Farc con Petro, Eln con Francia Márquez. Pues los demócratas con Fico”. Así, sin más, en un clima de violencia como el que vive Colombia, y ante las múltiples amenazas que han recibido los dos dirigentes del Pacto Histórico, sin duda que ese trino es echarle gasolina al fuego, es manipulador y mentiroso, e intensifica el clima de hostilidad.
Por consiguiente, los argumentos que ha esgrimido el supuesto agredido y ofendido, su denuncia de que, por cuenta de Petro, ha quedado en la mira de los violentos, quedan sin ninguna autoridad moral.
