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La resistible ascensión de Donald T

Sergio Otálora Montenegro

18 de enero de 2025 - 12:05 a. m.
“En el gobierno de extremandamente ricos (...) se van a montar en el éxito económico que deja Biden”: Sergio Otálora Montenegro
Foto: EFE - YURI GRIPAS / POOL

MIAMI.- Parece increíble que este 20 de enero tome posesión de su cargo Donald J. Trump como el cuadragésimo séptimo presidente de Estados Unidos. ¿Su ascención es la muestra más clara de la decadencia del “imperio”, o apenas la evidencia contundente de que, en esencia, la democracia gringa no estaba preparada, ni en la letra de su Constitución ni en su espíritu, para tratar con un delincuente de semejante calibre?

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De no haber ganado la elección, Trump habría ido a parar a la cárcel.

Eran contundentes las pruebas que había en su contra por el intento fallido de robarse las elecciones de 2020 y tratar de perpetuarse en el poder. Así lo dejó consignado, en negro sobre blanco, el fiscal especial Jack Smith, quien con un experimentado equipo de abogados del Departamento de Justicia, produjo un documento de 170 páginas en el que describe, con enorme minuciosidad, pruebas y conceptos legales, cómo, en 2020, Trump cometió toda clase de ilegalidades para tratar de robarle las elecciones a Joe Biden. Lo más impresionante de esta historia es que el grueso de la militancia del Partido Republicano y su dirigencia nacional y local siguieron al pie de la letra el intento golpista de su líder iluminado.

Tanto que cuatro años después, la nominada a ser la fiscal general –Pam Bondi, quien fuera procuradora general de Florida durante ocho años– no respondió a la pregunta de si Trump había perdido las elecciones de 2020. Ella misma reprodujo todas las teorías de conspiración nacidas del talante corrupto de Trump, y ahora será la encargada, si el Senado confirma su nombramiento (lo que es seguro), de abrir las compuertas a la operación de venganza, con un tinte legal, de su jefe.

En Estados Unidos ningún presidente electo o en ejercicio puede ser acusado penalmente o llevado a juicio. Eso que, antes de Trump, era una disposición constitucional que nunca se había aplicado en la historia de este país, ahora significó su tabla de salvación, lo que indica que las instituciones gringas permiten consagrar en la más alta posición del país a un criminal convicto, y con otras cuatro acusaciones penales que, por ser presidente, fueron metidas tal vez para siempre en el congelador. Es la impunidad total, garantizada por la misma estructura legal de una supuesta democracia modelo.

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A pesar de todo lo que digan los arúspices del país de la libertad, el presidente-monarca, en la práctica, está por encima de la ley. Lo estipula la Constitución, y también lo declaró la Corte Suprema en el verano de 2024: la inmunidad presidencial es casi total.

En otras circunstancias, y sin el oportunismo y la sed de poder de la dirigencia republicana, por lo menos cuatro de los altos funcionarios postulados por Trump habrían sucumbido al escrutinio del Senado. Pero estamos en la era del magnate constructor, en el mundo al revés en el que poco importan la preparación de los funcionarios, su compromiso con el país, o su experiencia profesional.

La gran mayoría de quienes votaron por el supuesto multimillonario que se posesiona este lunes lo hizo por una razón poderosa: tener billete para sostener a la familia, que bajaran los precios de artículos de primera necesidad, los arriendos, la gasolina, y tener acceso a eso que llaman, de manera reiterada y muchas veces mentirosa, el “sueño americano”. En el gobierno de extremandamente ricos que llega a mandar en Washington, las preocupaciones van a ser muy otras. Se van a montar en el éxito económico que deja Biden (bajas cifras de desempleo y crecimiento sostenido), y se apropiarán de los efectos positivos de las leyes aprobadas durante su cuatrienio.

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¿Qué le va a pasar a un país manejado por la incompetencia y la ignorancia, como nunca antes en su historia? Esa es la pregunta del millón, que empezaremos a responder a partir del próximo 20 de enero, día de Martin Luther King, gran paradoja: un racista, supremacista blanco, que jurará respetar la Constitución que ha mancillado cuantas veces ha querido, de manera impune, en una fecha clave para la comunidad negra.

PD: Bertolt Brecht escribió la pieza teatral La resistible ascensión de Arturo Ui, en 1941, una alegoría de la llegada de Hitler al poder. Como se ha demostrado, Trump tiene especial debilidad por autoritarios y dictadores, y él mismo quiere ser el hombre fuerte que salve a su país de la decadencia. Se verá hasta dónde le permitirán degradar y pervertir la democracia de la que se ha valido para salirse con la suya.

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