Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Navarro y Mockus dicen que lo de ellos es el centro, su conquista, y que lo del Pacto Histórico (PH) es izquierda. Por lo tanto, es difícil buscar la unidad entre el agua y el aceite.
Interesante: los alternativos, o quienes dicen serlo, van a la primera vuelta divididos, convencidos de que, al final, su propia tendencia ganará. Un sector de los verdes no está convencido de esa doctrina, y hace un esfuerzo sobrehumano para que haya acuerdos con el PH. Pero tipos como Sergio Fajardo, Jorge Enrique Robledo y Juan Manuel Galán quieren ir hasta el final, eso significa lograr que sus propias ambiciones coronen con el premio mayor, es decir, la presidencia de la República, y llegar ahí al lomo del incoloro e insípido centro.
Hasta el momento, es claro que Gustavo Petro es el de mayor poder de convocatoria. Tiene aliados poderosos, como María José Pizarro, Iván Cepeda o Gustavo Bolívar, que parece una rueda suelta, con sus propios conflictos y peleas. Ahora, con la Colombia Humana con personería jurídica, es claro que bajo ese alero puede haber importantes avales políticos.
En los últimos días la inconformidad se ha intensificado por los personajes que se han acercado al PH y a Petro. Uno de ellos es Alfredo Saade, un pastor cristiano que ha dejado una larga huella, en las redes sociales, de sus posiciones homofóbicas y contra el aborto. Ya el exalcalde de Bogotá había producido escozor dentro de las filas del Pacto, al aceptar con los brazos abiertos a Armando Benedetti y a Roy Barreras, dos reconocidos militantes del uribismo, que se abrieron del movimiento frente al tema de la paz y de la guerra. Y apoyaron el Acuerdo firmado en La Habana con las extintas Farc durante el gobierno de Juan Manuel Santos.
Esa extraña alianza de Petro recordó de inmediato su voto, cuando era senador del Polo Democrático, en 2008, a favor de Alejandro Ordóñez, un fanático religioso que se convirtió en procurador gracias al sí mayoritario de la bancada oficialista y de siete senadores del Polo Democrático, entre ellos Petro. “Sellaremos los acuerdos que se necesiten, con todos los partidos y miembros de la sociedad que se comprometan, para consolidar nuestro sueño de hacer prevalecer la democracia, derrotar las mafias que se tomaron al Estado y sacar a Colombia de la guerra”, escribió el líder de la Colombia Humana para justificar su voto por un tipo de extrema derecha.
¿Es posible tener dentro de las mismas filas a movimientos que apoyan a la comunidad LGTBQ, que luchan por la legalización del aborto, y a sectores cristianos que en algunos puntos pueden ser progresistas, pero en esos temas sensibles son ultraconservadores?
El experimento Ordóñez terminó muy mal: un procurador que, en 2013, destituyó al alcalde Petro; que politizó la procuraduría en contra de las negociaciones de paz del gobierno de Santos, y que recogió toda la ideología de extrema derecha y la instrumentalizó en la poderosa institución que dirigía, se convirtió en la antítesis de los senadores del Polo que votaron a favor de ese personaje con la esperanza de poder “suavizar” sus posiciones fundamentalistas.
Esa idea del “sancocho nacional” viene desde los tiempos de Jaime Bateman, cuando el entonces líder máximo de la guerrilla del M-19, y en pleno proceso de diálogo con el gobierno de Belisario Betancur, planteó un gran acuerdo nacional para la paz. Años después, en 1990, la Alianza Democrática M-19, ya en la vida civil como movimiento político, acogió a personajes tan polémicos como Mario Laserna (fundador de la Universidad de los Andes, e ideólogo conservador), Pedro Bonnet, en ese entonces mano derecha de Julio Mario Santodomingo; Samuel e Iván Moreno Rojas y Carlos Albornoz, estos tres últimos condenados a varios años de cárcel por corrupción.
Esa alianza, o imposible sancocho, tuvo su momento estelar en las elecciones para la Asamblea Constituyente, en las que la AD-M19 obtuvo 19 escaños, o el 27% de la votación, por encima del Movimiento de Salvación Nacional, liderado por Álvaro Gómez Hurtado. Fue la segunda fuerza política del país y por eso Antonio Navarro fue uno de los tres presidentes de la Asamblea.
Pero ese éxito se desvaneció, y lo que parecía una fuerza política prometedora se deshizo entre incongruencias y conflictos. ¿Pasará lo mismo con Petro y el Pacto Histórico?
Una de las fortalezas de Petro, en comparación con sus adversarios a izquierda y derecha, es que tiene un programa, unas ideas y un norte. Debatibles o no, ese es otro paseo. Y su plataforma política la viene promocionando desde hace varios años, sobre todo desde su candidatura presidencial en 2018.
La violencia, el proceso de exterminio que continúa, ha marcado la manera como los sectores alternativos ven al país. Los valores de izquierda son muy distintos a los de hace 40 años. Con un proceso de paz exitoso, con el grueso de las Farc desmovilizado, y con unos acuerdos que no se han cumplido a cabalidad, hay muchas tareas pendientes. Lo interesante es que nadie, dentro de los sectores alternativos, plantea una “toma del poder” para construir el socialismo. Tampoco hay referencias internacionales, como en otros tiempos: Cuba es un modelo anclado en el pasado, y Venezuela es la gran lección de lo que no se debe hacer cuando se es mayoría absoluta.
Me atrevo a afirmar, sin poner mis manos al fuego por nadie, que de ganar los alternativos habría un proceso reformista hasta donde lo permita aquello que llaman “la correlación de fuerzas”, y por supuesto se pisarán callos y habrá reacciones de los sectores más recalcitrantes, es decir, el uribismo fascista: una redundancia.
Eso implicaría además ganar mayorías en el Congreso. Ahí el asunto es más difícil, porque las maquinarias regionales y su expresión más acabada, el asesinato de líderes sociales, harán y están haciendo hasta lo imposible para frenar el ascenso incontenible de sectores populares excluidos desde siempre. Sin contar por supuesto con los trucos para alterar la voluntad popular a través de la manipulación del voto antes, durante y después de la asistencia a las urnas.
Tienen razón Mockus y Navarro en su comunicado conjunto a nombre del Partido Alianza Verde: el 2022 podría ser esa oportunidad única en 200 años de “elegir a un sector alternativo para responder a la urgencia de cambiar a Colombia”. Ellos le apuestan a estar en la segunda vuelta, con un centro consolidado, con la mayoría de los votos dentro de los sectores alternativos, en una coalición que incluya al PH.
¿Y si es al revés, habría posibilidades de unidad con Petro como líder del campo de centroizquierda? Esa es la pregunta del millón. A seis meses de las elecciones de marzo, es muy probable que se ahonden las diferencias y las heridas. ¿Habrá tiempo de restañarlas?
