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¿Mi libertad de contagiar a los demás?

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Sergio Otálora Montenegro
07 de agosto de 2021 - 05:00 a. m.
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MIAMI. - El senador republicano Marco Rubio escribió en su cuenta en Twitter que el tapabocas se ha convertido en un “fetiche”, “ninguna orden de usar mascarilla va a resolver el incremento en las hospitalizaciones (por COVID-19)”. Tal afirmación contradice lo que han dicho sin descanso los expertos epidemiólogos. Y un pastor de la extrema derecha delirante, líder de la iglesia de la visión bíblica global (cualquier cosa que eso signifique), les gritó como poseso a los miembros de su congregación que no se vacunaran, les prohibió que usaran tapabocas dentro del “templo”, y de ñapa afirmó que los que “creían en que Biden era el presidente legítimo eran fumadores de crack y estaban poseídos por el demonio”.

Tanto el senador por la Florida como Greg Locke -el histriónico y peligroso falso profeta- están protegidos por la Primera Enmienda, una de las garantías constitucionales que permite que en Estados Unidos exista la libertad de decir, por ejemplo, que en las pasadas elecciones hubo un fraude electoral a gran escala (se ha demostrado hasta la saciedad que no es cierto), que la COVID19 es un invento del Dr. Anthony Fauci (director del Instituto Nacional de Enfermedades Alérgicas y Contagiosas, y asesor en el tema de vacunas y pandemias de la Casa Blanca), que las vacunas son una patraña, que las medidas de bioseguridad son un atentado contra las libertades públicas y un intento por imponer una dictadura, y que el certificado de vacunación se asemeja a las marcas que los nazis les ponían a sus víctimas en los campos de concentración. Hay por supuesto un largo etcétera.

La Primera Enmienda convierte a Estados Unidos en un paraíso para la comedia, la parodia y la burla al poder (no hay límite), al igual que para el ejercicio del periodismo, a pesar de las restricciones que puedan establecer, en su interior, los conglomerados de comunicaciones. Fox News, Newsmax y OAN -los tres canales por cable que representan desde la extrema derecha hasta su franja más lunática- han intoxicado a este país con enormes mentiras, sobre todo desde que irrumpió Trump en la política, se tomó al Partido Republicano, ganó la presidencia, y alteró – no es claro si para siempre – los rituales y las reglas del juego de la lucha por el poder.

Esa garantía constitucional, que forma parte de la Carta de Derechos, hace también de este país un edén para la multiplicidad de iglesias y sectas, que pululan en ciudades y pueblos, regentadas por energúmenos con buen olfato para los negocios y la explotación de las debilidades humanas. Gracias a semejante cadena de alienación que se alimenta a diario sin ninguna cortapisa, y sus torcidos mensajes se diseminan como una plaga por las redes sociales, es que ahora tenemos un panorama desolador en el tema de la pandemia: 93 millones de estadounidenses que podrían vacunarse no se les da la gana hacerlo, porque creen que el ejercicio de sus derechos constitucionales les da licencia para ser transmisores en potencia de la enfermedad y en caldo de cultivo de nuevas variantes, cada vez más contagiosas y peligrosas. Otros creen que su pastor es la verdad revelada y, por lo tanto, deben seguir sus “sabios y ponderados” consejos sobre inoculaciones y tapabocas.

La gran mayoría de los que ahora se contagian con la variante delta de la COVID, no están vacunados. Hay condados y ciudades con apenas el 30 por ciento de personas que recibieron el pinchazo en el hombro, y esas zonas coinciden con un dominio del Partido Republicano, es decir, el trumpismo, es decir, de los evangélicos y otras sectas dominadas por teorías de conspiración.

Florida es de nuevo el epicentro de la pandemia en Estados Unidos. Su gobernador Ron DeSantis, republicano con locas aspiraciones presidenciales y un imitador de las peores mañas de Trump, le habla a su base más radical pero no a la enfermedad ni a los afectados. A través de órdenes ejecutivas les prohibió el año pasado a los alcaldes de condados y ciudades que hicieran obligatorio el uso de tapabocas o cerraran negocios para controlar el contagio. Ahora, se les atravesó a las autoridades sanitarias federales, que habían recomendado que todos los estudiantes, profesores y personal administrativo de los colegios usaran mascarillas en áreas interiores. Algunas juntas escolares locales siguieron las sugerencias de los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) y ordenaron el uso de mascarillas para estudiantes y personal en todo el sistema escolar público. Pero el candidato-gobernador DeSantis emitió una nueva orden ejecutiva en la que deja en poder de los padres, no de los “burócratas”, la decisión de si sus hijos van o no a clase con ese adminículo que se ha convertido en territorio de una intensa puja política.

A pesar de las medidas tomadas por Facebook, Twitter, Instagram y YouTube para purgar de desinformación y manipulación los contenidos que suben sus usuarios a esas redes en todo el mundo, aún hay demasiados charlatanes que parecen estar ganando la dura batalla contra los prejuicios, los intereses creados y la ideología. Estados Unidos vive la gran paradoja de una poderosa democracia que se ha mostrado al mundo como ejemplar: al amparo de su Constitución, con un sector de la clase política entregado a alimentar los peores impulsos de su electorado y a seguir a un expresidente venal e inescrupuloso, está debilitando sus propias instituciones y poniendo en peligro de muerte a una importante franja de población que se ha enceguecido por esa combinación perversa de antidemocracia, alienación y fanatismo religioso.

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Hernando(84817)07 de agosto de 2021 - 04:08 p. m.
Muy interesante el panorama que presenta en su articulo sobre la sociedad Norteamérica. Pero hay dos cosas en las cuales Colombia se identifica con ese pais: La violación flagrante de la Constitución y la plaga de las miles de sectas "religiosas" que inundan todos los rincones y llenan de amenazas y mentiras la mente débil de sus "ovejas".
Humberto(12832)07 de agosto de 2021 - 03:50 p. m.
En la época de Galileo los que estaban equivocados, lo sabemos ahora, eran los expertos. Recurriendo a la libertad de expresión me atrevo a preguntar ¿por qué llegan nuevas olas de contagio en sitios donde ya habían logrado inmunidad de rebaño?¿no será que los confiados vacunados, protegidos del virus, se pasean por todas partes y son los portadores?la mascarilla es lo único y esperemos que pase
Antonio(45414)07 de agosto de 2021 - 02:56 p. m.
Lo que se haga por salvar una vida nunca será suficiente. Han pasado durante 13.800 millones de años para que apareciera la vida, procesos complejos, equilibrios perfectos pero frágiles, coincidencias físicas y químicas en el instante perfecto y luego llega un cerdo y se toma la vida de alguien porque sí. Eso debería ser un pecado para los creyentes, pero no, ellos matan en nombre de su dios
Atenas(06773)07 de agosto de 2021 - 01:38 p. m.
Y éste q' desde aquí, USA, blasona, y lleva décadas, tildando de charlatanes a su way life y a quienes con él no comulga, cómo me recuerda a Protágoras de Abdéra, el mismo al q' el insigne Platón llamó charlatán y sofista de profesión. Y sin embargo, en esta democracia pa admirar según Einstein, se queda. Ni Rusia, China, Cuba.....son su destino. Así de pobre es su tino.
  • Atenas(06773)07 de agosto de 2021 - 01:39 p. m.
    ... corrección way of life...
Carlos(19865)07 de agosto de 2021 - 01:16 p. m.
La radiografía de EUA revela un país de ignorantes y fanáticos manipulados por líderes venales. Un país así no puede presentarse al mundo como la meca de la democracia...
  • Atenas(06773)07 de agosto de 2021 - 01:50 p. m.
    Y éste Carlos Mejía cómo come cuento d fácil, y uno q' supondría q' él no se fía según da lora sobre su vida.
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