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Un mundo raro

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Sergio Otálora Montenegro
31 de julio de 2021 - 05:00 a. m.
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El discurso del nuevo presidente de Perú, Pedro Castillo, duró una hora y siete minutos. Durante ese lapso, expresó un minucioso plan de gobierno, tal vez demasiado detallado para lo que suele ser la primera alocución de un mandatario el día de su posesión. Sin la oratoria de los políticos profesionales, sin los silencios dramáticos de los experimentados caudillos, sin alardes retóricos, y con un tono fuerte y sobrio, abordó los problemas más apremiantes de su país y prometió destinar miles de millones de soles a la lucha contra la Covid19, a la salud como derecho fundamental, a la profundización de la educación gratuita, a un plan de emergencia para la creación de empleo, al fortalecimiento de las economías campesinas, y a la creación del ministerio de ciencia y tecnología. “Internet no es un servicio es un derecho”, afirmó Castillo.

Hubo una frase que debió de dejar con la boca abierta a la izquierda más cerril y a los reaccionarios de todos los colores: “no pretendemos ni remotamente estatizar ninguna economía ni hacer una política de control de cambios”. Al respecto, se refirió a la campaña de miedo instigada por las huestes de Keiko Fujimori, en la que se decía que en un gobierno de Castillo habría expropiación de ahorros, viviendas, carros y empresas. En las últimas semanas más de 3 mil millones de dólares han llegado a los bancos de Miami, procedentes de Perú, en una lamentable fuga de capitales que será el primer dolor de cabeza que deberá enfrentar el nuevo presidente.

Dejó en claro, eso sí, que la inversión extranjera que quiera explotar las riquezas del Perú tendrán que ceñirse a las condiciones del gobierno bajo el concepto de “rentabilidad social”, es decir, que haya un verdadero impacto económico en las comunidades y que el estado tenga las riendas de los contratos, en igualdad de condiciones con la inversión foránea.

Castillo enfatizó en su respeto a la constitución al hablar de la polémica propuesta de la creación de una asamblea constituyente que escriba y apruebe una nueva constitución para el Perú. En ese país, según lo explicó quien fuera durante 25 años un maestro de escuela rural, no existe ninguna norma que permita una consulta popular directa. Por lo tanto, tendrá que apelar a una reforma constitucional, y después a un referendo.

Todo su ambicioso plan de gobierno deberá pasar por el inevitable cedazo de un congreso dominado por la oposición. Y un país dividido, en el que por primera vez un movimiento nacido en la entraña campesina, y un presidente sin una gran carrera política y de total arraigo agrario, llegan al poder.

El discurso de Castillo fue reformista; no se refirió a ningún centro de poder específico, no habló del imperialismo, ni tuvo palabras de elogio o de rechazo hacia ningún país en especial. Las palabras capitalismo o socialismo, incluso neoliberalismo, brillaron por su ausencia. En ese sentido, su intervención fue más bien árida en términos ideológicos, no prometió ninguna revolución en particular, ni resucitó a ningún héroe de la patria.

Pero al inicio de su discurso, recordó que antes de la llegada de los “hombres de Castilla”, había una cultura milenaria, que la independencia no trajo más justicia y libertad para el sojuzgado pueblo indígena y campesino. “Quiero que sepan que el orgullo y el dolor del Perú profundo corren por mis venas”, enfatizó.

Mientras tanto, hay quienes tratan de ver el triunfo de Castillo como una nueva agresión del comunismo internacional, dirigido desde Cuba. Como si ese país, que vive una inédita crisis política, tuviera ganas y recursos para dirigir y manipular complejos procesos sociales. Algunos ven al nuevo gobierno de Perú con las distorsionadas antiparras de esa nueva guerra fría que recorre a América Latina, y entonces no queda más alternativa: el castrochavismo cobra un nuevo triunfo. Al final, todo será a imagen y semejanza de “los Castro”. Los comunistas son lo mismo en todas partes.

Es un mundo muy raro. Forjado de prejuicios, mentiras y paranoia, de espaldas a las evidencias. El gobierno que empieza en Perú no tiene nada qué ver con la experiencia de Venezuela, y mucho menos con la isla, gobernada por un partido único, que en estos momentos se enfrenta a un profundo descontento popular. Lo de Castillo es algo sencillo y también monumental: que los beneficios de la producción – más de una década de sostenido crecimiento económico, interrumpido de manera abrupta por la pandemia – lleguen por fin al pueblo.

La corrupción en Perú tiene a dos expresidentes en la cárcel y a otro en proceso de extradición. El sistema judicial ha salvado al país de la debacle, y lo demostró al tramitar las decenas de demandas que interpuso la hija de Fujimori con argumentos de fraude electoral que no pudo demostrar. Pero la inestabilidad política de esa sociedad pluricultural y su extrema polarización, pueden hacer traumático cualquier proceso de cambio.

América Latina fluctúa hoy entre el autoritarismo de izquierda y de derecha, la violencia del narcotráfico, de las pandillas, de las disidencias guerrilleras, de los escuadrones de la muerte, las revueltas populares y las expectativas de que cada país pueda construir su propia salida al desarrollo y el bienestar. Perú es, sin embargo, un enorme interrogante y Colombia, en 2022, volverá a encontrarse con sus viejas heridas. Un mundo muy raro, que asombra y asusta.

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Alberto(3788)01 de agosto de 2021 - 12:13 a. m.
Al fin un análisis equilibrado y serio, gracias, Sergio Otálora Montenegro.
Héctor(23651)31 de julio de 2021 - 09:17 p. m.
La apuesta que corre en Peru es : cuantas semanas y/o meses durará el gobierno de Castillo? Averígüelo Vargas !
Daniel(rvd59)31 de julio de 2021 - 03:36 p. m.
No creo que los derechistas lo dejen gobernar. Sus banderas anticorrupción y políticas sociales los hiere de muerte, les quitan lo que los ha nutrido en décadas. Como aves de mal agüero hacen sus vaticinios para exaltarse en su codicia.
  • Aquileo(2715)31 de julio de 2021 - 04:55 p. m.
    Castillo corre el riesgo de que la derecha le ponga palos a la rueda, como sucedió con Allende en Chile.
Julio(2346)31 de julio de 2021 - 12:55 p. m.
Magistral columna de Sergio Otálora que contradice al sesgado editorial de hoy de EL ESPECTADOR, editorial sorprendente en éste periódico caracterizado siempre por su imparcialidad política e ideológica. !FELICITACIONES, SERGIO!
  • Aquileo(2715)31 de julio de 2021 - 04:57 p. m.
    Como de costumbre, el ecuménico del Apenas con sus verborréicas boludeces.
  • Atenas(06773)31 de julio de 2021 - 01:22 p. m.
    Y cómo se 'esforza' este Julio sin h en escribir guevo.... nada es lo q' anota. Y comprensible es, pues si no sabe conjugar verbos irregulares mucho menos tendrá cacumen pa urdir coherentes ideas. Lo suyo es ideitas o ideotas.
ERWIN(18151)31 de julio de 2021 - 11:40 a. m.
ojala le vaya bien a los amigos peruanos ..la decencia,vencera a la corrupcion ..asi debe ser
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