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17 Sep 2022 - 5:30 a. m.

El pensamiento imaginario

A esta hora la calle parece despertar de su letargo. Atraída por un griterío de niños que acompaña la tarde en su dorada despedida, me asomo a la ventana del estudio y pienso en algo que me contó la escritora y actriz Carmen Zeta. Estábamos desayunando en un restaurante de la Zona Colonial de Santo Domingo cuando empezó un aguacero de esos que rompen el cielo del Caribe. Entonces Carmen recordó una expresión que le escuchó decir a un niño en su natal Puerto Rico: “Mamá, ya escampó el sol, ¿puedo salir a jugar?”.

Ese recuerdo de Carmen y el reperpero de la chiquillería que hay al otro lado de mi ventana me devuelven a un enamoramiento instantáneo que me sorprendió mientras paseaba por un pueblo del Pirineo catalán. Sucedió en un garaje atestado de corotos polvorientos del que salí encadenando estornudos y con un imprudente cargamento de libros y revistas. El hombre que atendía el local era un anciano que leía sentado en un sillón de barbero con un cuadre de sabio. Uno de los libros que elegí —el del flechazo— es la joya indiscutible de mi biblioteca ambulante. Me gusta leerlo en voz alta cuando vienen amigos de visita y llevarlo conmigo cuando viajo lejos.

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