El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El viaje del quimbombó

Sorayda Peguero Isaac

25 de abril de 2026 - 12:11 a. m.

¿Hay algo más intimidante que someterse al escrutinio de un grupo de adolescentes? Una profesora me invitó a visitar su clase. Dijo que los alumnos iban a hacerme preguntas. ¿Qué clase de preguntas? “Sobre lo que haces, el lugar donde creciste. Ese tipo de cosas”. Aunque han caído unos cuantos diluvios desde entonces, una vez fui una de ellos y, por lo que puedo recordar, la adolescencia es el terreno en el que florece lo impredecible. Sabrá Dios con qué me van a salir y cómo voy a librarme de las encrucijadas en las que me pueden meter. Le dije a la profesora que no es nada personal; hay adolescentes en mi familia, sé que puedo relacionarme con ellos sin que cunda el pánico, pero prefiero los grupos reducidos.

PUBLICIDAD

“Qué lástima que no quieras venir –dijo la profesora con tono de resignación–. En clase estuvimos hablando sobre la importancia de los referentes, y por la información que tengo, creo que podrías inspirar a más de uno”. Estaba tratando de agitar mis fibras sensibles. Lo sé. ¿Iba a negarme a ofrecer mi humilde grano de mostaza? ¿Seguiría adelante con mi vida después de tener un gesto tan mezquino?

Me estuve preguntando qué les interesa a los adolescentes de esta generación. Por cierto, ¿son los Z o los Alfa? ¿Cómo voy a conectar con ellos si ni siquiera sé a cuál generación pertenecen? Leo en internet que los adolescentes actuales pertenecen a la generación Alfa, y que “es la más dotada materialmente y la más alfabetizada tecnológicamente”. La cita es mañana a la diez. Que mis ancestros me amparen.

Las patas de la silla que pusieron delante de la pizarra parecen resistentes. Supongo que podrán sostenerme cuando ya no aguante la ofensiva del pelotón. Buenos días. Gracias por invitarme, por recibirme y, bueno, sin mayor demora, disparen.

Afortunadamente, siempre hay alguien que se lanza a romper la incomodidad del silencio que sigue a estas presentaciones. “Nos gustaría saber sobre tu cultura”, dijo una alumna que estaba sentada en la primera fila.

¿Alguno de ustedes conoce el molondrón? –No me pregunten cómo ni por qué se me ocurrió eso–. Hubiera podido traer uno en el bolso, pero no sabía que iba a hablar de una fruta y, siendo sincera, no sé hacia donde me va a llevar esta conversación. El molondrón es una fruta de origen africano. Mi mamá suele servir los molondrones cocidos en ensalada de vegetales o acompañando carnes guisadas. Su textura es gelatinosa y muy suave. Yo nací y crecí muy lejos de África, en un país del Caribe y, sin embargo, el sabor del molondrón forma parte de mi memoria sensorial. Nunca he estado en África, no hablo ninguna de las lenguas africanas. Mi lengua materna es el español, pero, si me fuera ahora mismo a un mercado de la costa este de Benín, y viera un cesto repleto de molondrones, no solo los reconocería; probablemente experimentaría un sentimiento de nostalgia, asociada a los sabores de la cocina de mi mamá.

El molondrón hizo un viaje larguísimo para llegar al Caribe. Llegó en los barcos que se dedicaban a comerciar con personas esclavizadas. Fíjense en la sonoridad de estas palabras; si quieren, repítanlas conmigo. En Cuba y Puerto Rico le dicen: quimbombó –que es mi variante favorita porque suena como a toque de tambora; en Nueva Orleans lo llaman: okra; en Brasil le dicen: quiabo. Son palabras que tienen una raíz común y que usamos para nombrar una misma cosa. Adalberto Álvarez, el sonero cubano, escribió una canción que se llama El quimbombó; pueden escucharla en YouTube. Préstenle atención a las palabras que usa en los primeros versos, palabras como yuca o ñame, que también forman parte de mi cultura. Mi cultura es una mezcla de lenguas, sabores, músicas, creencias y formas de hacer la vida. Mi cultura es todo un viaje.

Continuaremos en la próxima entrega.

sorayda.peguero@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.