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La vida secreta de las muchachas

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Sorayda Peguero Isaac
14 de febrero de 2026 - 05:05 a. m.
“Recuerdo que mi sobrina tenía nueve años y que acabé hablándole del diario de Ana Frank”: Sorayda Peguero Isaac
“Recuerdo que mi sobrina tenía nueve años y que acabé hablándole del diario de Ana Frank”: Sorayda Peguero Isaac
Foto: Archivo Particular
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Un cuaderno adornado con lepidópteros y flores de fantasía; con una cerradura minúscula y hojas de papel de seda. Al más mínimo descuido, su hermano podía burlar el cierre con una horquilla y usar sus confesiones como elemento de chantaje. La precaución es esencial, y no siempre se corresponde con hechos de gran relevancia, sino con la consciencia de un “yo” que inaugura su sed de intimidad.

Le dije algo sobre los requisitos esenciales: un cuaderno, un lugar propicio, una fuente de luz. Recuerdo que mi sobrina tenía nueve años y que acabé hablándole del diario de Ana Frank. Doce meses más tarde nos encontramos otra vez. Las dos acompañamos a su mamá durante una jornada de compras. Por un momento la perdimos de vista, al cabo de un rato, la niña apareció anunciando un descubrimiento “impresionante”.

La asociación de ideas es una de las bases fundamentales para la elaboración del pensamiento y la creatividad. El hallazgo era una evidencia de que nuestra conversación permanecía en su memoria, y eso me llenaba de un gozo profundo, pero sobre todo me gustó que empleara el más fascinante de todos los mecanismos humanos. Mientras curioseaba en una mesa repleta de libros dispuestos sin un claro orden de género, había trazado una línea entre dos constelaciones afines. Identificó el diario de Rutka Laskier.

Corrió hacía mí como si tuviera en sus manos la esfinge de un faraón. “¡Se parece a la historia que me contaste, tía! Es como la de Ana Frank”. Rutka Laskier le dio instrucciones a su amiga Stanislawa Sapinska para que pudiera encontrarlo cuando llegara el momento. El diario estaba escondido en el doble suelo de la escalera de su casa. Su realidad era parcialmente distinta a la de Ana Frank. Rutka no estaba encerrada cuando escribía su diario, pero intuía, con un temple sobrecogedor, el destino que le aguardaba a ella y a su familia en un campo de exterminio.

El martes 19 de enero de 1943 escribió la primera de sus anotaciones: “Aún no me hago a la idea de que ya estamos en 1943 y de que han pasado cuatro años desde que comenzó este infierno. Los días transcurren deprisa; cada uno parece idéntico al anterior. Cada jornada lleva consigo el mismo tedio glacial y asfixiante”. Ese infierno estaba enmarcado en la Segunda Guerra Mundial. Antes de terminar sus anotaciones de ese día, Rutka, una joven judía y polaca de 14 años, cuyo país estaba ocupado por los nazis, dejó constancia de que su desesperación podía coexistir con un luminoso deseo: “Quiero sumergirme por completo en los libros, en libros buenos, filosóficos. Uno de los que me puso el corazón en un puño fue El golem, de Gustav Meyrink”.

Rutka llegó a pensar que la exposición al horror la estaba volviendo indiferente. Las noticias dejaron de afectarle y apenas podía llorar. Se planteaba preguntas serias: “¿Qué clase de Dios permite que las cabezas de niños pequeños sean aplastadas a golpe de culata?”. Al mismo tiempo, se emocionaba ante la posibilidad de su primer beso. Luchaba contra sus insidiosos demonios: “Si solo pudiese decir «se acabó», se muere una vez…, pero no puedo porque, a pesar de todas esas atrocidades, quiero vivir”.

Varias jóvenes escribieron sobre sus vidas durante los terribles años del Holocausto. Helga Weiss, Carry Ulreich, Renia Spiegel, Mary Berg. La simultaneidad entre la escritura de sus diarios y el contexto político de la época convierte sus cuadernos en documentos de importancia histórica, pero esta no es su única cualidad. Sus relatos carecen de una memoria artificialmente estructurada. No son narraciones posteriores al desenlace de los hechos. En sus páginas se mezclan los sucesos cotidianos con las emociones más puras. Aunque pudieron arrebatarles muchas cosas, incluso la vida, las muchachas convirtieron la escritura en un instrumento para preservar su voz, en un acto de sutil resistencia.

sorayda.peguero@gmail.com

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Atenas (06773)Hace 37 minutos
Exquisita columna, Sorayda. Y hoy sobre el horror q’ causó el nazismo con su execrable plan de exterminio u holocausto so pretexto de ser la raza más pura pa pregonar su supremacía.En mis años mozos en exceso leí- de ellas también- sobre las 2 guerras mundiales, su encadenamiento, la locura q’ encerró y sinsabor respecto de qué mala levadura está hecha cierta parte de la especie humana.Y es de imaginar el terror q’ hubo según los registros de tan valerosas muchachas. Atenas
  • Gines de Pasamonte(86371)Hace 7 minutos
    ¡Ay, atenitas! Me imagino los ingentes esfuerzos para plasmar los mismos lugares comunes de siempre. ¡Plop! ¿Careces de autocrítica, abuela desalmada? ¿Tus años mozos..., casi una centuria? Tus lecturas no pasan de condorito y el ¡Plop!, de René Ríos Boettiger, más conocido en Chile como “Pepo” te delatan pilluelo(a), jeje. Mejor toca la campana del geriátrico bogotano donde vegetas, ya sabes.
Gines de Pasamonte(86371)Hace 43 minutos
“El diario de Ana Frank” llevada al cine inicialmente por George Steven, 1959. Aunque el “Diario de Ana Frank” se ha convertido en un ícono literario que devela el sufrimiento de esta adolescente entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944, encontramos también, libros de hondo calado en “Nunca jamás” de Dunia Wasserstrom, así como el de Patrick Modiano, Nóbel 2014, en “Dora Bruder”, una de sus mejores novelas; nos muestran el horror, la peripecia vital y sufrimiento de toda una época.
DONALDO MENDOZA M.(67774)Hace 59 minutos
Qué buen texto, Sorayda. Y pensar que algunos usan la oportunidad de este foro para escribir necedades y glorificar la estupidez.
JFRes85(5380)Hace 3 horas
Pensamos estos diarios de jóvenes en medio de ocupaciones bárbaras eran cosa del pasado. Son igual de dolorosas a las historias que nos llegan cada día de Gaza. ¿Hasta cuando?
ELIZABETH MORALES(23598)Hace 3 horas
¡Enorme Sorayda! Gracias por recordarnos esos capítulos que la historia no quiere recordar, Sobre todo si se trata de la historia de las mujeres.
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