El sueño puede ser un trabajo comprometido. En ese espacio inacabado el inconsciente llega a recrear imágenes y sonidos que en las noches de vigilia reclaman su forma material. Compay Segundo decía que Chan Chan fue la evocación de un sueño. Una melodía: “Cuatro noticas sensibles” que se le aparecieron en plena duermevela, el recuerdo de un cuento de la infancia que le devolvió a los entrañables Juanica y Chan Chan.
El trabajo del sueño es también trabajo de la intuición. La intuición toma el relevo cuando los párpados se abren. Así, la ruta por el este cubano —de Alto Cedro a Marcané, pasando por Cueto y llegando finalmente a Mayarí— nos lleva hasta el contoneo sensual de Juanica sacudiendo el jibe, incitando las ensoñaciones eróticas de Chan Chan.
¿Jibe no será una palabra taína? Suena como “casabe” o “bohío”. En cualquier caso, tanto en Cuba como en República Dominicana, “jibe” significa lo mismo: una malla colocada sobre un cuadro de madera, a modo de bastidor, pero no con fines decorativos, sino como herramienta para cernir la arena o el café.
Las apariciones de Compay Segundo han dejado de sorprenderme. Lo he visto en un muro de la calle Arzobispo Meriño, en el escaparate de una tienda de guayaberas y sombreros, medio escondido, detrás de un maniquí. También lo vi en la valla publicitaria de un club de puros y, desde que tengo memoria, en la carátula del disco que está en lo más alto de la colección de papi. Digo que son apariciones y no encuentros. Las apariciones son más propias de un pícaro que tiene siempre una sonrisa jalándole las comisuras de los labios.
La otra noche volvió en una de sus espontáneas apariciones. Aún tengo dudas sobre la naturaleza de dicho fenómeno. Creo que las palabras que pronunciaba en el sueño las había escuchado alguna vez. Dichas por él mismo. Hace tanto tiempo que me extraña no haberlas olvidado. Compay Segundo me advertía sobre el cuidado que hay que tener con las mariposas. “Las mariposas que vuelan por ahí –decía, entre calada y calada de habano–, podrían ser poetas. No les hagas daño”. Y yo me pregunto, ¿de dónde habrá sacado un músico prodigioso, experimentado torcedor de tabaco, que los poetas reencarnan en cuerpos de lepidópteros? ¡Ah! Qué pregunta la mía. Como si no supiera que esas son cosas de la gnosis, el conocimiento que atesoran los seres intuitivos, es decir, cosas del saber que no se aprende en la escuela ni acertando con las combinaciones de la tabla periódica.
Los sueños tienen algo de colección de imágenes. Al despertar, el soñante las depositará en sus bolsillos con inusitado placer. Seguirá por el camino de la mañana, deleitándose en la alegría del hallazgo y esperando el momento de repasar el botín. Si es un soñador de vasta experiencia, no hará juicios sobre la afinidad entre las piezas soñadas. En eso consiste el trabajo. Los sueños son ensamblajes de naturaleza híbrida, un terreno en el que es posible sembrar cuatro noticas sensibles con aquellos recuerdos de infancia. Y esperar, esperar pacientemente a que brote la música.
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