De acuerdo con el Centro de Memoria Histórica, un bombardeo es “una acción por iniciativa de una Fuerza Armada Estatal contra un grupo armado organizado, bien sea una unidad en movimiento o fija, especialmente campamentos guerrilleros”. Se incluyen dentro de la definición “aun los casos en que el grupo armado organizado no responde y quede aniquilado”. Los bombardeos, que “se distinguen del ametrallamiento desde el aire por el uso de bombas”, se vuelven constantes con el Plan Colombia inaugurado y negociado por Andrés Pastrana.
El portal Verdad Abierta explica cómo en 2001 se empiezan a usar aviones Kfir y Mirage con sistemas de visión nocturna y de direccionamiento de las bombas, convirtiendo a Colombia en el primer país de América Latina en adquirir este tipo de instrumentos para combatir una guerrilla que adelantaba por lo menos el 80 % de sus operaciones en la noche. Tras la suspensión de los diálogos del Gobierno y las FARC se recurrió a bombardear campamentos de las FARC, utilizando para ello 31 aviones. El País de España reportó que el Ejército y la FAC habían realizado 85 bombardeos sobre objetivos de las FARC ese año. Fue entonces cuando se lanzó por primera vez una bomba guiada por láser tipo Griffin.
Entre 2002 y 2003 los aviones, junto con nueva tecnología satelital, hicieron que los bombardeos se volvieran precisos, silenciosos y devastadores en su capacidad de fuego. En estos aviones sobrevoló la inglesa Ghislaine Maxwell, proxeneta de las élites mundiales. Según narra Verdad Abierta, testimonios de guerrilleros que sobrevivieron a ellos los describen como “una luz que lo ilumina todo de repente, pues suelen ocurrir en la noche”, y la onda expansiva es tan brutal, “que puede arrancar de un tajo los órganos de las personas, o sus extremidades”.
La intensificación y los bombardeos más decisivos se concentraron en el segundo mandato de Uribe (2006-2010). El bombardeo al campamento de Raúl Reyes en marzo de 2008 dejó 23 muertos. Un bombardeo en Tolima reportado en octubre de 2009 mató aproximadamente a 40 miembros de las FARC. Luego vino Juan Manuel Santos y el proceso de paz. En marzo de 2015, Santos anunció la decisión de suspender por un mes los bombardeos a los campamentos de las FARC, como un gesto para desescalar el conflicto armado en el país. “Nos preguntamos qué pasará con los cultivos de coca, minería ilegal... Veo que el Gobierno se precipita”, señaló entonces la senadora del Centro Democrático Paloma Valencia, quien prefería regresar a los bombardeos del gobierno Uribe.
Estos volvieron con todo su esplendor en el gobierno de Iván Duque (2018-2022). Valencia, que llegó al Senado en 2014 y luego hizo campaña junto a Duque para “hacer trizas” la paz, salió en 2019 en defensa del ministro de Defensa, Guillermo Botero, asegurando que había hecho “una gran labor”, pese a la crisis política desatada por un bombardeo del Ejército en Caquetá contra disidencias de las FARC, en el que murieron siete menores de edad. Según un informe del Instituto de Medicina Legal entregado al congresista Iván Cepeda en 2022, en al menos 12 de los 31 bombardeos documentados por las Fuerzas Militares murieron 29 niños, niñas y adolescentes: uno de cada tres bombardeos dejó como víctimas a menores de edad.
Y después ganó Gustavo Petro. Al comienzo del gobierno Petro, Iván Velásquez anunció la suspensión de los bombardeos aéreos contra grupos armados por el riesgo para civiles y menores reclutados forzosamente, a quienes definió como víctimas de la violencia, y enmarcó esa decisión en una “apuesta por la paz como construcción colectiva”. En ese momento Valencia dijo que eso “le daría más garantías a la criminalidad”. Como el gobierno insistió en desistir de bombardeos por temor a la presencia de menores, Valencia se burló diciendo que “cada jefe guerrillero anda con un menor” para evitar ser bombardeado.
Petro promovió la política de “paz total” para negociar con guerrillas y bandas criminales a cambio de beneficios jurídicos y rebajas de pena. Pero tras los incumplimientos en las negociaciones, la Presidencia autorizó los bombardeos en noviembre de 2025 y reportó en marzo de 2026 que en su Gobierno se hicieron 16 (menos que en todos los gobiernos de los últimos 25 años).
Dice la gente: “No me importa la Jurisdicción Especial para la Paz, lo que me importa es la economía”. Dice Valencia (hoy candidata consentida de los medios) que no quiere hablar sobre el pasado, sino sobre el futuro. Bombardeos pueden ser, otra vez, el futuro.