Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Con m de mentiras

Tatiana Acevedo Guerrero

11 de marzo de 2023 - 09:05 p. m.

En Mallorca los clientes encuentran un conjunto cerrado con “entretenimiento y diversión… exclusivas zonas sociales... lobby de doble altura, piscina con diseño tipo playa, gimnasio, zonas BBQ y más”. Muy cerca de Mallorca está Mirador de la Ciénaga, un conjunto residencial con cinco torres de 18 pisos destinadas a vivienda, 313 parqueaderos, espacio de coworking, salón social, parque infantil, subestación eléctrica, piscina de adultos y niños. Al lado de Mirador de la Ciénaga se encuentra Manglar, conjunto cerrado con torres de 12 pisos con ascensor, piscinas, gimnasio, coworking y canchas deportivas. A pocas cuadras de Manglar se construye Lanai, conjunto cerrado con cinco torres de 17 pisos, con lobbies, gimnasio, piscinas, parque, zonas de mascotas y “ecoturismo en un tesoro ambiental con diversas especies de fauna y flora”. Después de Lanai se avista Aquanova, un conjunto cerrado de interés social, “próximo a grandes hitos urbanos como la Universidad del Norte, el Colegio Parrish y el Hotel Marriott”.

PUBLICIDAD

Mallorca, Mirador, Manglar, Lanai y Aquanova hacen parte de la llamada Ciudad Mallorquín. Esta es una “nueva” en que varias urbanizadoras prometen lo siguiente: “Un pulmón verde de conservación del entorno natural” con ciclovías y amplios andenes que promueven una movilidad sostenible. La nueva ciudad se enmarca, a su vez, dentro del gran sueño de sustentabilidad urbana nacional: el ecoparque de la Ciénaga de Mallorquín. Este último incluirá un mirador para el avistamiento de aves, una zona para deportes náuticos como kitesurf, restaurantes, zona comercial, manglario y acuario, biomuseo, plazas de descanso, un muelle y piscina natural, senderos y zonas de parqueadero. Todo en nombre del cuidado de los manglares, la construcción de una “divercity” apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo, la recuperación del mar y el río, y un supuesto futuro de ecoturismo y prosperidad.

Digo que el sueño es nacional y no caribeño ni barranquillero, porque entre tanto edificio aprovecharán los cachacos de siempre. El Grupo Argos, Amarilo, Constructora Bolívar, Colpatria, Conaco y Marval. Cada compañía se echa flores en cuanto publirreportaje posible, pues se precian de promover una nueva urbe verde y multiestrato. Ante tantas torres, hay más, pues aparte de estos desarrollos se venden otros, más lujosos y vienen detrás los centros comerciales como Muelle del Río, que tiene parqueaderos locales de varios tamaños y plazoleta de comidas. Todo se celebra con grandes inyecciones de publicidad que encabeza, quizás, El Heraldo, cuyas páginas nunca dirán nada malo de los gobiernos de la casa Char.

Read more!

Pero lo cierto es que pese a la belleza de las proyecciones, que dibujan un futuro de piscinas y pájaros, hay grandes contradicciones que vale la pena señalar y repetir hasta el cansancio. La primera tiene que ver con la expansión de la ciudad, que con tantos proyectos en construcción alrededor del parque se desborda y abraza al municipio vecino de Puerto Colombia. La expansión urbana es insostenible y sería más verde una ciudad más compacta, de mayores densidades, que privilegiara, por ejemplo, un sistema bueno de transporte público. Es un hecho que la mayoría de futuros habitantes tendrán que cruzar la ciudad diariamente para ir a trabajar. No pasan desapercibidas las cantidades de parqueaderos que se están construyendo en el mentado “pulmón verde”.

Read more!

La segunda se hace evidente al hablar con los habitantes tradicionales del sector de influencia de los nuevos desarrollos. Familias de pescadores, familias que han vivido entre las diásporas colombovenezolanas y poblaciones sin tenencia legal sobre los predios. Muchas están esperando a ver qué sucede, entre miedos, capacitaciones, promesas de trabajo y actividades de la Alcaldía. Después de décadas de desinversión y abandono, las constructoras compran tierras baratas y las transforman en conjuntos cerrados. Es más que probable que los residentes con más plata comiencen a mudarse. Los residentes de siempre serán desplazados, porque no podrán permitirse el lujo de quedarse. Tendrán que irse más lejos y atravesar la ciudad en bus, para trabajar en los hoteles del parque.

Es posible que la siembra de manglares y las técnicas sostenibles de las constructoras sean pioneras. Pero, al final de cuentas, los turistas a los que invita la inversión (se espera atraer y recibir a más de 100.000 turistas por año) llegarán en avión. La cantidad de cemento que se necesita para producir estos edificios no se compensa con ninguna siembra. Y nadie escuchó a las poblaciones que llevaban viviendo con mar y río, peces, chipi chipi y pájaros por décadas.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.