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Tierra mojada

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Tatiana Acevedo Guerrero
15 de febrero de 2026 - 05:05 a. m.
“Cabe dar el micrófono a las propuestas de los habitantes de la cuenca baja del río Sinú”: Tatiana Acevedo Guerrero.
“Cabe dar el micrófono a las propuestas de los habitantes de la cuenca baja del río Sinú”: Tatiana Acevedo Guerrero.
Foto: Juan José López
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La crisis en Córdoba, uno de los departamentos más afectados por las lluvias en el país, se desencadenó tras el desbordamiento de los ríos Sinú y San Jorge, y el desborde del embalse de la Central Hidroeléctrica Urrá I. La Gobernación reportó al cierre de esta semana 170.013 personas damnificadas, 1.838 viviendas destruidas y daños en 143 colegios y 28 centros de salud.

Funcionarios, académicos expertos en hidrología y sustentabilidad nos explican las distintas causas de lo ocurrido. El gobierno departamental explica que se vieron ante un evento sin precedentes en términos hidrometeorológicos para la región: en los primeros siete días del mes cayó la lluvia esperada para todo febrero. Estas precipitaciones extraordinarias, asociadas a frentes fríos que llegaron al sur del Caribe, provocaron el desbordamiento del embalse de Urrá I e incrementaron drásticamente el caudal del río Sinú, generando inundaciones en cientos de kilómetros aguas abajo de la represa.

Voces expertas consultadas por El Espectador coinciden en que este evento invita a reconocer que, en un escenario de cambio climático de eventos extremos cada vez más frecuentes, es necesario revisar qué tanta seguridad ofrecen los embalses y admitir que, posiblemente, sea hora de ordenar algunos territorios, cediendo espacio a los ríos. Hay quienes señalan las deficiencias en la regulación estatal del flujo mínimo de agua que las hidroeléctricas deben garantizar en los ríos para preservar los ecosistemas. Quienes advierten la falta de coordinación entre el Gobierno Nacional, las autoridades locales y el sector privado cordobés.

Por su parte, la Cámara de Comercio de Montería alertó sobre la paralización total de la actividad económica, con el colapso de las cadenas de abastecimiento, logística y producción (las pérdidas estimadas superan los COP 7,7 billones entre activos e ingresos empresariales proyectados para el primer semestre de 2026). Y están quienes nos recuerdan cómo la mentada represa se hizo posible en medio de la consolidación del Pacto de Ralito: cómo la arremetida paramilitar dejó un legado de 22 masacres y centenares de homicidios, entre ellos nueve líderes indígenas embera-katíos opositores al proyecto Urrá. Al problema histórico de concentración de tierras se agregó entonces el despojo violento y las ventas coaccionadas de tierras que beneficiaron a paramilitares y sus redes. Paralelamente, como nos ha contado el geógrafo Alejandro Camargo, en el Medio y Bajo Sinú, la construcción de terraplenes impulsada por el Estado y privados ha desconectado humedales y ríos para expandir la agricultura y la ganadería en zonas antes inundadas.

Causas históricas, soluciones a futuro basadas en proyecciones climáticas más complejas, intervenciones en la gobernanza del agua. Ante la abundancia de voces emitiendo diagnósticos, cabe dar el micrófono a las propuestas de los habitantes de la cuenca baja del río Sinú, que en 1993 conformaron la Asociación de Campesinos, Pescadores e Indígenas de la Ciénaga Grande del Sinú (Asprocig). Articulando organizaciones campesinas, pesqueras e indígenas, su estrategia se ha basado en una lección aprendida de luchas previas: la mejor forma de proteger la tierra era haciéndola productiva.

En su libro Voces campesinas, Tatiana Roa nos cuenta cómo en 2003, tras la inauguración de Urrá I, Asprocig convocó en Lorica una ceremonia para despedir y “enterrar” al bocachico en el cementerio central. “Fue un momento muy triste, como cuando te despides de un amigo”, explicó uno de los pescadores asistentes, “como desprenderse de algo que ha coexistido contigo, que te ha ayudado a crecer”.

Asprocig, narra Roa, trabaja desde hace 30 años en nueve municipios del Bajo Sinú y agrupa 96 organizaciones comunitarias. Su apuesta por lo local se expresa en más de 1.350 Agroecosistemas Biodiversos Familiares (Abif) y en Sistemas Socioecológicos Colectivos, que recuperan patio, parcela y saberes agrícolas zenúes. En un territorio con histórica concentración de la tierra, muchas familias tienen predios mínimos o patios, pero gestionan una “inmensidad de agua”. Frente a inundaciones y estiajes, reconstruyen diques abiertos y redes hidráulicas ancestrales, recuperando unas hectáreas, para sostener vidas.

Persisten amenazas: Urrá, la desecación de humedales y obras civiles por cuenta de terratenientes, violencias varias, la desconfianza de los gobiernos nacionales y locales de siempre, el desorden del Gobierno Nacional actual. Pero Asprocig persiste también.

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Helga66(40077)16 de febrero de 2026 - 04:14 p. m.
Corrige al final de su escrito pero comete un error: la hidroeléctrica se inauguró en 2000 y el Pacto de Ralito en 2003, por lo que afirmar que el tal Pacto consideraba la construcción del proyecto es impreciso. Por otro lado, los ríos tienen memoria po lo que "responsabilizar" al cambio climático carece de evidencia científica. Lo lógico es no construir ni hacer desarrollos en las riberas o hacerlo pero haciendo las inversiones en ingeniería que son cuantiosas. O como se viene haciendo, arri
Carlos Cortes(12335)15 de febrero de 2026 - 09:06 p. m.
Una de los impacto de la represa, fue el desecamiento de varios humedales que hacían la labor de absorber los mayores caudales y después normalizar el caudal del rio, dejando una riqueza ictiológica sustento de los campesinos. Pero humedal que se secaba, tierra que se invadía para cultivos y ganadería. La represa altero el ecosistema hidrico -social y eso es lo que la naturaleza esta cobrando por ventanilla.
humberto jaramillo(12832)15 de febrero de 2026 - 07:46 p. m.
y en Sucre, en la mojana, ¿no será que el trabajo que se hizo hace 75 años al ampliar el cauce del Cauca de pasarlo de un caril a dos o tres a punta de jarillones se quedó sin terminar? ¿debió haber llegado hasta el mar? por decir algo... Se respetan los humedales pero se controla el curso de las aguas...
humberto jaramillo(12832)15 de febrero de 2026 - 07:34 p. m.
¿que cuesta mucho un remedo de la misión Lilienthal en Córdoba? ¿Llegará mucho más alla de las cuentas que se hacen de las pérdidas actuales y las que vendrán después consecuencialmente? arranquen de una vez que la plata irá apareciendo así como se está perdiendo.
humberto jaramillo(12832)15 de febrero de 2026 - 07:29 p. m.
"la mejor forma de proteger la tierra era haciéndola productiva". Pero más adelante hay expresiones nostálgicas de "ambientalista": "la desecación de humedales y obras civiles por cuenta de terratenientes". No estaría de más, doña Tatiana un repaso a la Misión Lilienthal de mediados del siglo pasado en el Valle del Cauca: hay jarillones desde el sur del Departamento hasta más allá de la Paila. El ser humano y su bienestar también forma parte esencial del ambiente...
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